La reforma de Medicare
POR Julia Bencomo Lobaco
La buena salud no fue uno de los frutos que
Catalina Broyles cosechó durante sus 25 años como campesina en Arizona
y California. A los 54 años ya sufría de una discapacidad causada
por los pesticidas. Ahora a los 67, está batallando contra diabetes,
glaucoma, colesterol alto y osteoporósis.
La batalla diaria se complica por los bajos
ingresos y la necesidad de atención médica para su esposo. "Tenemos que elegir entre comer
o comprar medicamentos", dice la residente de El Mirage, Arizona. "A
veces no tomo mis remedios porque no tenemos dinero para comprarlos".
A partir de junio 2004, Catalina y su marido
tendrán derecho a una
tarjeta de descuento que los ayudará a cubrir los más de 360 dólares
que gastan en medicamentos al mes. La tarjeta, que costará hasta 30
dólares por persona y ofrecerá un descuento promedio estimado de 15
por ciento, es el primer beneficio disponible para los beneficiarios
de Medicare bajo la ley que reforma este programa y que firmó el presidente
Bush en diciembre de 2003.
Los Broyles también se encontrarán entre aquéllos
de bajos ingresos que tendrán derecho a subsidios a partir del primero
de enero de 2006. "Espero
que ésto sea verdad y que suceda muy pronto. Nos ayudaría muchísimo",
dice Catalina, nacida en México.
La pareja depende del Seguro Social, recibiendo
aproximadamente 18 mil dólares al año—a pensión de Catalina es de 460 dólares al mes.
Debido a que los ingresos están por debajo del límite de 19,500 dólares
para una pareja estipulado por este nuevo beneficio voluntario de medicamentos
recetados, cada uno pagaría una prima mensual sobre la base de una
escala progresiva, además de un deducible de 50 dólares al año y el
15 por ciento del costo de sus medicamentos. Al inscribirse en el programa,
el costo de los remedios para ambos pasaría a ser menos de 150 dólares
al mes.
Si Catalina viviera sola, tendría derecho a beneficios aún más amplios.
La tarjeta de descuento sería gratis e incluiría un crédito de 600
dólares, tanto en 2004 como en 2005. En 2006, su inscripción en el
programa implicaría no pagar prima ni deducible, sino sólo un dólar
por medicamentos genéricos y tres dólares por medicamentos de marca.
Esta ley de 400 mil millones de dólares en 10 años, que generó furibundos
debates en el Congreso y contó con el apoyo de AARP, sigue incitando
tanto a defensores como a críticos, incluyendo a los hispanos.
"Pienso que la comunidad hispana recibirá más ayuda que cualquier
otro segmento de la población", afirma el representante Lincoln Díaz-Balart
Republicano de Florida, cuyo 21° distrito comprende parte del área
metropolitana de Miami y cuenta con más de 50 por ciento de habitantes
hispanos. "[Esta ley] ayudará de una manera extraordinaria y excepcional.
La mayor parte de los adultos mayores de mi distrito se beneficiará".
Sin embargo, su colega Ciro D. Rodríguez, representante Demócrata
de Texas, no está de acuerdo. "Esta ley de Medicare no es un primer
paso, es un paso en falso. No consigue disminuir el costo de los medicamentos
recetados y prohibe al gobierno la negociación de precios más bajos
para los mismos", sostiene el presidente del Congressional Hispanic
Caucus. "En la actualidad, uno de cada seis hispanos que recibe
beneficios de Medicare vive por debajo del límite federal de pobreza.
Esta ley no hace nada por aliviar los problemas de salud de los latinos,
sino que aumenta las dificultades que tienen que enfrentar".
Y existen otras preocupaciones. "El problema es cómo se define 'bajos
ingresos'", dice Eugenio Arene, director ejecutivo del Consejo de agencias
latinas (Council of Latino Agencies) de Washington, D.C. "Los
parámetros para determinar quiénes tienen bajos ingresos son muy bajos.
Se está dejando de lado a aquéllos que están justo en los límites,
que ganan de 19,500 a 25 mil dólares al año y que ya tienen dificultades".
Baruj Salinas, de 68 años y residente de Miami, tampoco se siente
favorablemente impresionado por los cambios. "Para mí, es como si no
se hubiera aprobado ninguna ley. Uno tiene que estar muy enfermo y
haber gastado la cantidad de dinero necesaria para aliviarse antes
de recibir algún beneficio". El profesor de arte y artista de origen
cubano gasta cerca de 250 dólares al año en medicamentos para la tiroides
y pagaría más si opta por inscribirse en el programa. "Mi preocupación
son aquéllos que no tienen seguro médico", dice. "Pienso que el Congreso
debe ocuparse de eso".
Sin embargo, los puertorriqueños se consideran ganadores, según Manuel
Mirabal, presidente de la Coalición nacional puertorriqueña (National
Puerto Rican Coalition Inc.), que representa a más de siete millones
de puertorriqueños, tanto en el continente como en la isla. "En Puerto
Rico, esta nueva ley es un paso importante; ofrece paridad en el financiamiento
federal para los servicios de atención de salud y las tasas de reembolso
a hospitales que atienden a los beneficiarios de Medicare", afirma. "Estos
asuntos críticos que afectan a nuestros adultos mayores no fueron atendidos
durante mucho tiempo".
En los próximos 10 años, Puerto Rico podría recibir hasta 4,400 millones
de dólares en fondos federales, de los cuales 3,100 millones se destinarían
para los 250 mil beneficiarios de Medicare de la isla que tienen bajos
ingresos y que tendrían derecho, bajo la nueva ley, a subsidios para
medicamentos recetados. Los 500 mil beneficiarios de Medicare de la
isla dispondrían de mayor acceso a servicios de atención médica en
hospitales, dice Mirabal.
John Rother, director de políticas públicas de AARP, reconoce los
defectos de la nueva ley, pero recuerda a los críticos que, "ésta reconoce
por primera vez dentro del marco de una ley un beneficio de medicamentos
recetados, lo cual permitirá que en el futuro la mejoremos y la desarrollemos.
Son 400 mil millones de dólares para ayudar a adultos mayores en los
próximos 10 años".
Para evitar que los cambios en Medicare
induzcan a los empleadores a eliminar los beneficios de medicamentos
de los jubilados, AARP promovió y
ayudó a lograr la aprobación de una iniciativa que ofrece incentivos
financieros a los empleadores a fin de que mantengan la cobertura.
La Asociación continuará manteniendo la presión para conseguir mejoras.
Rother dice, "Pienso que el mensaje es que la ley está incompleta.
Es un buen comienzo, pero hay temas importantes que deben ser tomados
en cuenta".
Entre ellos, un mayor control de costos
a fin de mantener los precios al alcance de todos, incluyendo reglas
más sencillas para permitir
la importación legal de medicamentos de bajo costo de Canadá; el asegurarse
de informar a la población para que aquéllos que cumplen con los requisitos
se inscriban en el programa; y el reducir o eliminar la brecha de cobertura
que implica mayores desembolsos para los beneficiarios.
Una de las cláusulas más controvertidas de la ley, y que los opositores
deseaban eliminar, propone un "programa de prueba" de seis años, durante
el cual las compañías privadas pueden competir directamente con Medicare
en seis áreas metropolitanas. En lo que se considera una victoria para
AARP, su lucha por la aprobación de un "proyecto piloto", en vez de
una medida permanente al nivel nacional, dio como resultado este experimento
que debe ponerse en marcha en 2010 y que no puede ser ampliado sin
una nueva ley.
No obstante, la idea atemoriza a Gabriela
Lemus. Como vicepresidente de legislación y políticas de la Liga
de ciudadanos latinoamericanos unidos (League of United Latin
American Citizens, LULAC),
que es el grupo de promoción de apoyos más antiguo del país, ha seguido
de cerca el paso del proyecto de ley y se opuso en todo momento al
experimento. Con respecto a éste dice, "No me convence". Lemus piensa
que el proyecto se convertirá en algo permanente. Al ser los hispanos
el grupo que menos acceso tiene a seguros médicos en Estados Unidos,
teme que la privatización llevará al desmantelamiento de Medicare y
aún quede más gente sin seguro médico.
Rother insiste que "eso no sucederá". Además, algunos analistas se
han preguntado si el proyecto piloto se pondrá en marcha y qué tan
exitoso será.
El Consejo nacional de la raza (National Council of
La Raza, NCLR), que es la organización hispana sobre derechos civiles
más grande del país, no tomó una posición definitiva sobre el proyecto
de ley. "No tuvimos el personal necesario ni el tiempo suficiente para
analizar el asunto en detalle", dice Raúl Yzaguirre, presidente de
NCLR. "Hay mucha información contradictoria y no queremos opinar sobre
algo que no hemos estudiado con profundidad".
En su función como miembro de la Junta de AARP Services Inc., ASI una
entidad con fines de lucro que administra productos y servicios que
otras compañías ofrecen a los miembros de AARP, incluyendo un seguro
suplementario con cobertura para medicamentos recetados--Yzaguirre sí toma
una posición. Rechaza las acusaciones en cuanto a que AARP tiene un
conflicto de intereses al apoyar la ley. Yzaguirre opina que la postura
adoptada por la Asociación no está influenciada 'para nada' por consideraciones
económicas. "Ratifico con verdadero orgullo la integridad de la Asociación
en esos términos", dice.
En su análisis final, afirma, "A favor o en contra de la ley, debemos
asegurarnos que la comunidad hispana aproveche al máximo todos los
beneficios que se ofrezcan".
Yzaguirre hace eco de la opinión de Rother sobre la importancia de
montar una campaña educativa de gran alcance. Insta a AARP y al Departamento
de salud y servicios humanos (HHS) a que inicien tal campaña tan pronto
como sea posible, distribuyendo todo el material en español e inglés.
NCLR participará en el esfuerzo, dice.
Yzaguirre está preparado para tomar acción: "Sin
duda, hay consenso dentro de AARP en cuanto a que la ley requiere
muchas mejoras. Entonces,
empecemos a trabajar de inmediato para arreglarla".
Entérese sobre lo que significará para
usted el nuevo beneficio de medicamentos y vea cuatro ejemplos sobre
los que ganan y los que pierden
con este nuevo plan.
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