Diversidad, bilingüismo y familia:
pájaros del mismo plumaje
POR Teresa Burney
En Plaza Sésamo, la copropietaria
de la “Tienda de Reparaciones”, Maria Rodríguez,
puede reparar cualquier cosa, desde ruedas de carretillas hasta tostadoras.
Además, hace sus reparaciones con tal talento natural, que tanto
los niños de preescolar como sus padres aprenden de ella lecciones
de español, de multiculturalismo y de feminismo al mismo tiempo.
Pero eso sucede en la televisión.
En la vida real, Sonia Manzano, la actriz de 52
años que hace el papel de Maria, sabe que algunas cosas en la
vida real no pueden repararse, sólo manejarse. Manzano es madre
de una adolescente de 15 años, que cada día es más
independiente. Es hija de una madre de 82 años, que cada vez
es más dependiente. Es esposa de Richard Reagan, presidente
de la Fundación de vida silvestre Norcross
(Norcross Wildlife Foundation), con quien
desearía pasar más tiempo a solas. Además de actriz
es escritora abriéndose paso para crear una nueva carrera, a
medida que sus apariciones en Plaza Sésamo se hacen menos
frecuentes luego de 32 años.
Manzano forma parte de la “generación
intermedia”, nacida durante el auge de nacimientos de mediados
del siglo pasado y hace malabares para ocuparse del cuidado de sus padres
y sus hijos en un momento de la vida en que esperaba tener más
tiempo y libertad para dedicarse a sus metas personales. Esta trabajadora,
esposa, madre e hija siente el peso de sus responsabilidades. “Estoy
en el medio del sándwich”, dice Manzano.
Hace un año, sin avisar, la madre de Manzano,
Isidra Rivera Manzano, llegó a vivir con ellos en el apartamento
de dos dormitorios. Su llegada desbarató un poco la vida familiar
de los tres que ya estaban allí.
Manzano había estado lidiando con la adolescencia
de su hija. Como toda adolescente, Gabriela Reagan luchaba por su identidad
propia, independiente de sus padres. Y como cualquier madre de adolescente,
a Manzano le resultaba difícil dejarla hacer su vida. “Ni
siquiera podía lograr que usara gorro en un día como hoy”
cuando el viento helado hace que la temperatura afuera se sienta por
debajo de los 20 grados, comenta Manzano, acercándose a la ventana
del departamento.
La creciente autosuficiencia de su hija dejó
a Manzano con más tiempo disponible, tiempo que hubiera deseado
pasar con su esposo, restableciendo el romanticismo y la intimidad que
compartían antes de ser padres.
| ‘Si hay algo que aprendí,
es que todos deberíamos pensar y planificar para lo que nos
va a suceder. No es suficiente decir: “Mi familia se ocupará
de mí”. Hay que planificar el cómo’ |
Entonces llegó la abuela.
Al principio, abuela y nieta compartían
el mismo dormitorio. Aunque Gabriela demostraba comprensión,
era difícil para esta adolescente de 14 años compartir
su espacio. La adaptación tampoco resultaba fácil para
Manzano y su marido.
A Isidra le gustaba que el departamento tuviera
una temperatura cálida, muy cálida. Solía irse
a dormir a las ocho y media de la noche y aún cuando ella era
agradable y complaciente, su mente claramente se deterioraba. No podía
recordar dónde estaba o cómo llegar a la casa de otra
de sus hijas. No podía contestar el teléfono ni marcar
un número. Tenía problemas con las cerraduras de las puertas.
Ella, que antes había sido experta en rompecabezas podía
pasar un día entero tratando de resolver uno para niños
sin colocar una sola pieza en su lugar.
Un día Manzano dio a su madre unas cortinas
para que les hiciera el dobladillo. Cuando la ex costurera terminó,
las costuras se cruzaban sin sentido por todo el género. “Era
una costurera maravillosa”, dice Manzano. “Podía
copiar cosas de Vogue. Me partió el alma”.
Manzano llevó a su madre donde varios médicos,
incluyendo un psicólogo geriátrico. Los médicos
diagnosticaron demencia senil. “Ha sido una carga”, explica
sencillamente Manzano.
La familia va encontrando maneras de manejar la
situación. Manzano hizo construir una pared en medio del comedor
para crear un dormitorio para Isidra. Una vez que resultó evidente
que su madre no podía quedarse sola, Manzano contrató
a una persona que se quedara con ella para poder ir a trabajar sin preocupación.
Cuando el arreglo no resultó como Manzano esperaba, encontró
en el vecindario un centro de cuidado de personas mayores durante el
día donde su madre pasa unas felices seis horas diarias.
Manzano no contempla la opción de llevar
a su madre a un hogar para personas mayores. Esto es algo que ya conversó
con sus hermanas y que prefieren no hacer.
“Creo que es una alternativa más difícil
para los hispanos”, dice. Uno de los familiares de su esposo,
que vive en un hogar de vida asistida, se pasa todo el día durmiendo.
Manzano sospecha que está sobremedicado. “Prefiero que
mi madre se pase el día intentando armar un rompecabezas antes
que eso”, comenta.
Aún así, le preocupa si las decisiones
que toma respecto a su madre son las que ella hubiera tomado por sí
misma. Cada vez que la encuentra mirando a través del vidrio
de la ventana, Manzano le pregunta en qué está pensando.
Isidra le da respuestas vagas, tales como “la luz se ve tan bella,
reflejándose a través de las nubes”. “Ella
vive el momento”, dice Manzano.
De modo que Manzano ya no tiene manera de saber
qué es lo que su madre quiere para su futuro. “Es terrible
no saber qué es lo que quiere, más allá de permanecer
en el seno de su familia. Me gustaría poder darle lo que desea”,
nos dice.
Años atrás, ella le preguntó
a su madre cuáles serían sus deseos para la última
etapa de su vida, pero nunca se lo dijo. Sus hermanas tampoco fueron
de mucha ayuda, como si conversar sobre esos temas significara que deseaban
lastimar a su madre.
“Si hay algo que aprendí, es que todos
deberíamos pensar y planificar para lo que nos va a suceder”,
dice Manzano. “No es suficiente decir: ‘Mi familia se ocupará
de mí’. Hay que planificar el cómo”.
Hacerse cargo de su madre también ha “limitado”
de algún modo los planes de carrera de Manzano. Plaza Sésamo
ahora se centra más en los títeres y sólo graba
26 episodios al año (comparado con los 130 de años anteriores),
dejando a Manzano con tiempo libre para hacer otras cosas. Pero el hecho
de ser quien cuida de su madre, limita sus opciones. “Si intento
dedicarme a otras cosas, como hacer teatro, por ejemplo, entonces me
preocupo por mi madre”, comenta. A Manzano le gustaría
actuar en el teatro de verano, pero tendría que hacer los arreglos
necesarios para su madre ya que tendría que mudarse cerca del
teatro durante la temporada.
A pesar de las limitaciones, Manzano mantiene una
carrera variada y completa. Viaja por todo el país dando conferencias
sobre diversidad. Apareció en una producción de Los
monólogos de la vagina y en otras piezas teatrales. Ocasionalmente
hace recitales de poesía. Inclusive, diseñó una
línea de ropa de cama dirigida a la audiencia hispana.
Manzano ha podido continuar con su papel en Plaza
Sésamo así como también con su otra pasión,
escribir.
Aún cuando es más conocida porque
se la propuso al premio Emmy por su papel de Maria en Plaza Sésamo,
Manzano también es escritora del espectáculo. Ha ganado
14 premios Emmy como parte del equipo de guionistas de Plaza Sésamo.
Últimamente, Manzano se ha abierto a diferentes
tipos de escritura. Escribió columnas de consejos para padres
para el sitio de Plaza
Sésamo en la Internet y un libro para niños,
que se publicará en la primavera. Actualmente está trabajando
en sus memorias. “Escribir lo que las personas sienten es un desafío
para mí”, dice. “Creo que es algo maravilloso, que
me satisface mucho y podría hacerlo hasta quedarme bizca”.
Manzano ha recorrido un largo camino desde sus
años de adolescente, cuando luchaba por escribir bien mientras
asistía a la prestigiosa Escuela superior de arte dramático
de Manhattan. Logró ingresar a esta escuela de la elite, cuando
una profesora vio el talento de esta joven de la zona sur del Bronx.
Pero su educación previa era de bajo nivel y no era una buena
base para poder competir académicamente. “Pasé de
ser una destacada estudiante a ser un fracaso total”, recuerda
Manzano.
También era culturalmente diferente a sus
compañeros. Había nacido en la ciudad de Nueva York, hija
de padres portorriqueños de clase trabajadora. El idioma que
se hablaba en su casa era el español. “Los demás
estudiantes conjugaban verbos en francés durante las comidas
y visitaban Europa en el verano. Fue una lucha permanente”, dice.
La falta de calificaciones superiores llevaron
a Manzano a postular a escuelas donde pudiera ser admitida mediante
una audición teatral. Terminó ganando una beca para la
Universidad Carnegie Mellon. Mientras estudiaba allí, consiguió
un papel en el elenco original de Godspell en Broadway. Manzano
aún estaba actuando en Godspell cuando fue seleccionada
para el papel de Maria en Plaza Sésamo.
Al principio, Manzano pensó en el papel
de Plaza Sésamo meramente como un trabajo. Sin embargo,
cuando descubrió lo difícil que era encontrar buenos papeles
para actores hispanos, “Vi Plaza Sésamo con otros
ojos, con potencial de futuro”, comenta.
Los primeros días en Plaza Sésamo
fueron estimulantes. Era un espectáculo original e innovador,
iniciado a fines de los años 60. El espectáculo había
sido diseñado originalmente para ayudar a educar a niños
del centro de las ciudades que no tenian recursos de educación
preescolar, pero pronto encontró audiencia entre niños
y padres en todos los Estados Unidos.
Además, los jóvenes espectadores
aprendían mucho más que el abecedario y los números.
Para muchos, era la primera vez que veían personas de diferentes
razas y orígenes étnicos viviendo, trabajando y jugando
juntos. “Tenía tanta fuerza social”, dice Manzano.
“Nunca quise participar en un espectáculo para niños,
pero siempre quise estar en Plaza Sésamo”.
En Plaza Sésamo, Manzano halló
la motivación para su actuación teatral. Comenzó
a escribir guiones, incorporando aspectos de la cultura hispana en líneas
de la trama. Es famosa por enseñar palabras en español
a la audiencia, pero su misión como actriz en este espectáculo
fue más allá de la educación bilingüe, la
mayor lección fue la diversidad.
“Lo que se aprendía era que existía
una comunidad de gente que hablaba diferentes idiomas y tenía
diferentes costumbres”, dice Manzano. Pero el espectáculo
también enfatizaba las cosas que los grupos tenían en
común.
“Estábamos abriéndole la mente
a la gente”, dice Manzano.
Manzano recuerda con entusiasmo como percibía
el mundo cuando era niña y cómo la televisión afectó
su vida a temprana edad. “La televisión era muy poderosa
para mí”, dice. “Recuerdo que solía pensar
que era como una ventana al mundo”.
Pero a través de esa ventana ella veía
un mundo compuesto casi totalmente por caras blancas. No había
nadie como ella en el mundo de la televisión de los años
50 o de principios de los 60. Y a menudo pensaba que era como si muchas
carreras estuvieran fuera de su alcance debido al color oscuro de su
piel.
Aunque ella nació en Manhattan y se crió
en el Bronx, sus padres trajeron muchas costumbres de Puerto Rico a
Nueva York. Se sentía constantemente dividida entre el mundo
hispano y el anglosajón.
“Al crecer, sentía que no pertenecía
ni a uno ni a otro”, dice.
Se enteró de la segregación del Sur
a través de la televisión. La idea de gente separada por
el color de la piel la asustaba. Tenía algunos familiares de
piel negra, algunos de piel blanca y otros con diferentes tonalidades
de color marrón. Solía preguntarse ¿qué
pasaría si su familia viajara al Sur? ¿Podrían
ir juntos a merendar en un día de campo?.
Manzano recuerda que le dijo a una amiga de su
infancia que le gustaría ser bailarina, “pero no hay ninguna
así”, una bailarina de piel oscura.
Gracias a su trabajo en Plaza Sésamo,
Manzano espera que menos niños piensen que las opciones en su
vida están limitadas debido a su raza, cultura u origen.
“En cada grupo de niños hay una esperanza
de que cualquier cosa es posible”, afirma.
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