Una sonrisa capaz de derretir el lente
de una cámara
POR Teresa Burney
Rita Moreno tiene un buen presentimiento sobre su última película, Casa
de los babys.
"Esta película va a ganar varios premios",
nos dice.
La versátil actriz no se anticipó a sentir lo mismo cuando ganó su
primer gran premio en 1961: El Oscar por su papel de Anita en West
Side Story. Tenía apenas 30 años, "Ah ¿qué sabía yo en aquél entonces?".
Nada que siquiera se parezca a lo que sabe
actualmente, luego de 66 años de actuación, baile y canto en el cine, la televisión
y el teatro. Desde ese primer Oscar, Moreno ha recibido los
cuatro más prestigiosos
premios de la industria del entretenimiento. Su estudio en Berkeley,
California, es uno de los pocos lugares en el mundo donde conviven
juntos un Oscar, un Grammy, un Tony y dos Emmys,
además de muchos otros premios.
Para Moreno, de 71 años, envejecer tiene sus ventajas.
De seguro trae arrugas, pero también viene con experiencia y sabiduría
que, sostiene ella, la hace esencialmente seductora. "La experiencia
de vida es siempre muy sexy", dice ella. "No hay nada como un
par de ojos inteligentes mirando a los tuyos".
Y los ojos de Rita Moreno aún pueden derretir el lente de una cámara.
Incluso en la serie Oz de HBO, que ha sido aclamada por la crítica,
hizo que su papel de monja resultara muy seductor. Esta serie áspera,
que rompe con todos los límites y que trata de la vida en una prisión
experimental, terminó hace poco, luego de seis temporadas.
| ‘La experiencia de vida
es siempre muy sexy. No hay nada como un par de ojos inteligentes
mirando a los tuyos’ |
En uno de los episodios, Rita, en el papel
de la monja Peter Marie Reimondo, psicóloga de la prisión, empieza a tener fantasías sexuales
con la imagen de uno de los presos, al que tiene la tarea de aconsejar. "Ésa
fue idea mía", cuenta Moreno, "nunca nadie ha investigado nada sobre
la vida sensual de una persona religiosa", le dijo a Tom Fontana, autor,
escritor y productor de la serie Oz.
Fontana, conocido por su criterio controvertido
al seleccionar los elencos, dio un paso adelante y escogió a un violador sexual, representado
por Chris Meloni, como objeto del deseo de la hermana Pete. "Ella se
siente muy atraída por él", dice Moreno. "Él es peligroso, casi siniestro;
saltaban chispas".
A Moreno le fascina su papel en la serie,
en parte porque es diferente a cualquier otro que ha desempeñado antes. Cuando Fontana se lo ofreció se
sobresaltó, "¿Yo voy a hacer el papel de monja?", preguntó incrédula.
"En el fondo me sentí muy halagada", suspira
Moreno, que en sus inicios hizo roles de mujeres peligrosamente atractivas
y pasó el
resto de su carrera tratando de luchar contra ese estereotipo. "No
se encasilló a
los actores y sus papeles" en Oz. Aún así, siente la duda. "Sabía
que la serie iba a ser filmada bajo contrastes de luz", dice Rita. "Recuerdo
que pensé...
'las arrugas... y bueno, estoy envejeciendo de todos modos y tal vez
es momento de enfrentarlo'".
El papel le ha dado a Moreno toda una nueva
generación de admiradores. "Es
muy agradable para mí", señala Moreno. "Ahora, gente que nunca en su
vida había escuchado hablar de West Side Story, me conoce por Oz".
Si se pregunta a cualquiera que tenga de
20 a 70 años de edad sobre
Rita Moreno, es probable que el nombre suene familiar, pero la recordarán
más si se menciona los varios papeles que ha desempeñado. Mientras
que los veinteañeros conocerán a la hermana de Oz, es probable
que los que están entre treinta y cuarenta años de edad la recuerden
por su participación en el programa educativo Electric Company,
que le significó un Grammy por el álbum del programa. Aquellos
de 40 a 55 años la recordarán por su actuación en West Side Story,
que le valió un Oscar por ser la mejor actriz de reparto. Por último,
sus admiradores mayores se acordarán de Rita por la chica de calendario
de los años cincuenta, cuando hizo películas para Metro-Goldwyn-Mayer
(MGM).
Moreno firmó un contrato con MGM a los 17, pero, según cuenta, ya
estaba en el negocio hacía doce años. "He estado en la farándula desde
que era una niña pequeña", dice Moreno.
Nacida como Rosa Dolores Alverio, Moreno
recuerda que bailaba para su abuelo cuando éste le ponía discos en Puerto Rico, su tierra natal.
Poco después de mudarse a Nueva York con su madre, empezó a recibir
lecciones de baile, a los cinco años. Cuando la pequeña Rosita cumplió trece
años, ya estaba actuando en Broadway.
A los 17, firmó un contrato con MGM y se cambió el nombre a Rita Moreno
por sugerencia de Louis B. Mayer, presidente del estudio. "Querían
llamarme Tina Marina", recuerda Moreno. "A pesar de ser tan tímida
y renuente a decir 'no' a esa edad, no soportaba tener ese nombre".
El nombre Rita Moreno fue un acuerdo negociado, uno de los muchos que
aceptó en aquellos tiempos, cuando los esterotipos en los papeles asignados
estaban firmemente establecidos.
A lo largo de los años cincuenta, a Moreno se la presentaba como una
hispana sensual y superficial y, en la película El rey y yo (The
King and I), hizo el papel de una mujer que fue incorporada, como
regalo, al harem del rey de Siam. Había un asomo de conciencia racial
en ese papel: su personaje, Tuptim, escenificó una reinterpretación de La
cabaña del tío Tom.
A comienzos de los años sesenta, el talento de Moreno para el baile,
canto y actuación le valieron un papel en West Side Story, exitoso
musical de Broadway hecho película. Por fin iba a desempeñar un papel
significativo, el de una obstinada inmigrante de Puerto Rico.
En la película se manuvieron muchos estereotipos. Los realizadores
de West Side Story insistieron en que todos los actores que
hicieran el papel de puertorriqueños debían oscurecerse la
piel. Moreno trató de explicar a los directores que los puertorriqueños tienen
diferentes colores de piel. A pesar de ello, a todos se les hizo oscurecer
la piel. "¡Eso me produjo indignación!", comenta Rita. George Chakiris,
que hizo el papel de su amor desventurado, Bernardo, fue especialmente
oscurecido. "En una escena, parecía que a George
lo habían sumergido en barro", recuerda.
Aún así, su rol como Anita en la película es su favorito. "Aparte
de que me dio fama mundial, un Oscar y un Golden Globe,
simplemente era una película asombrosa", dice Moreno.
Agrega que los esterotipos en la asignación de
papeles están vivos
y siguen vigentes en la actividad cinematográfica. "Sin duda afecta
a los latinos, pero los asiáticos ¡Dios mío! son
prácticamente invisibles en las películas", señala.
Puede pensarse que Moreno es la excepción. Con su larga lista de créditos
en películas, teatro y televisión, ¿no
están los productores tocando a su puerta todo el tiempo para ofrecerle
roles importantes?
La pregunta dibuja la clásica mirada de Moreno,
entre fría glacial
y de hierro caliente al mismo tiempo. "¿Qué cree usted?" pregunta
sin inmutarse. "No. No hay roles para mujeres de mi edad. Es muy difícil
encontrar papeles significativos".
De hecho, recibe ofertas, pero encuentra que muchas
de ellas no tienen ninguna trascendencia. "Me ofrecen protagonizar
camareras. El personaje entra en escena, sirve una taza de café y
dice, '¡Qué barbaridad!' o algo por el estilo...y se retira
de escena".
Sin embargo, Moreno se mantiene increíblemente ocupada. Recientemente
se ha dedicado a promover la película Casa de los babys, en
la cual hace el papel de dueña de un hotel en un país sudamericano,
donde mujeres estadounidenses se alojan mientras esperan los trámites
de adopción de bebés. La película fue escrita y dirigida por John Sayles,
uno de los más respetados realizadores independientes. "Es realmente
una buena, buena película", sostiene Moreno.
Además, presta su nombre a causas nobles, tales como la prevención
de osteoporosis y la creación de conciencia sobre la prevención de
diabetes. Los ataques cerebrales y al corazón, causados por la diabetes,
son 'epidémicos' entre los hispanos, nos dice.
Moreno tiene planes de interpretar, el próximo año, a la cantante
de ópera María Callas, en la obra Clase magistral (Master
Class), en el Teatro de repertorio de Berkeley (Berkeley Repertory
Theatre), papel que la mantendrá cerca de casa. Cada vez más, le
toca hacer el tira y afloja, entre su vida profesional y su
vida de familia en Berkeley.
Ha decidido tomarse un descanso en estos últimos meses del año. "Sólo
quiero ser una persona de mi familia, cosa que no he hecho lo suficiente",
observa Moreno. Tiene planes de pasar el tiempo deleitándose con el
placer de cocinar, ser madre y abuela y construir la casa de sus sueños,
colina arriba de donde vive actualmente.
Rita y Leonard Gordon, doctor en medicina
y su esposo durante 38 años,
se mudaron de Los Ángeles a Berkeley hace cinco años, para estar cerca
de su única y adorada hija, Fernanda. "Es la mejor mudanza que hemos
hecho nunca", comenta ella.
Fernanda vive calle abajo con su esposo y los dos nietos de Moreno,
Justin, 5, y Cameron, 3.
Los niños pasan dos noches a la semana con
sus abuelos, pero la casa de Rita parece que fuera la morada permanente
de sus nietos, con animales
de peluche y plastelina [Play-Doh®] en el comedor, una silla
alta y cajas con juguetes en el salón de estar, un tren de juguete
en la sala y un triciclo de plástico en el patio.
Moreno tenía 35 años cuando nació su hija. En aquel momento esa edad
era la de una madre bastante mayor. "Fernanda era nuestro sueño", relata
Moreno, "es el amor de mi vida".
Los nietos le han dado a Moreno una segunda
oleada de ese amor. "Es
todo un privilegio ser capaz de hacerlo nuevamente", dice ella. "¡Es
un gran placer! Y que suceda en este momento de nuestras vidas".
Hace poco, Moreno desechó su participación en dos obras de Broadway
que la hubieran mantenido en Nueva York por varios meses, para poder
pasar más tiempo con sus nietos. "No tolero estar lejos de los niños",
suspira y agrega, "Fíjese que no fue una decisión fácil. Lo pensé,
lo volví a pensar y lo medité". Al final, decidió que nunca iba a recuperar
el tiempo que no estaría con sus nietos, que crecen muy rápido. "No
quiero lamentarme en mi lecho de muerte. No quiero estar diciendo, 'Si
sólo hubiera.'".
Además de mimar a sus nietos, Moreno y su
esposo han estado ocupados, durante los dos últimos años, con su otro
"bebé".
Esto es, una nueva casa, la primera que han construido desde cero. "Esta
es nuestra casa de ensueño", dice.
Pero aún con todos los encantos de la vida familiar, Moreno no se
imagina a sí misma sin trabajar como actriz. Además, siempre está esperando
el rol perfecto, que la atraiga hasta obligarla a alejarse de su casa.
"Soy una de esas raras criaturas que no ha hecho nunca otra cosa en
el mundo que actuar. Nací para eso. no me imagino sin saber lo que
quiero hacer el resto de mi vida."
Ahora lea la sinopsis completa de la carrera artística
de Rita Moreno y los premios que ha recibido.
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