Ni siquiera la muerte ha podido detener su éxito. El mundo perdió a la reina de la salsa el 16 de julio de 2003; no obstante, el legado de Celia Cruz continúa vigente. Su funeral, digno de la realeza, fue testimonio de una carrera que incluyó más de 70 discos e innumerables galardones. Inspiró a millones de artistas y admiradores.
Su “alma” se hizo sentir en los Premios Billboard Latinos correspondientes al año 2004, donde se le otorgaron, a título póstumo, los Premios al Mejor Álbum de Artista Latina del Año, al Mejor Álbum Tropical Femenino del Año y al Mejor Álbum de Grandes Éxitos del Año.
La exhibición “¡Azúcar! Vida y Obra de Celia Cruz” se abrirá al público en mayo, en el Museo Nacional de Historia Americana del Institución Smithsonian. La muestra resaltará los mejores momentos de la vida y obra de la artista a través de fotografías, vestidos que la hicieron especialmente reconocida y otros artículos personales. Si el Smithsonian no está incluido en su itinerario, dos libros recientemente publicados le permitirán experimentar el fenómeno que fue Celia Cruz.
| ‘Es imposible percibir su edad cuando miras las fotos. Todo lo que se ve es su energía, su alegría, su sonrisa… es lo primero que se refleja’ |
En el libro Presenting Celia Cruz (Presentando a Celia Cruz) (disponible sólo en inglés, Clarkson Potter, 2004) uno de sus viejos amigos, el fotógrafo cubano-estadounidense Alexis Rodríguez-Duarte, en colaboración con Tico Torres, loa a la cantante a través de una armoniosa combinación de palabras e imágenes. Rodríguez-Duarte la conoció en 1988. Mientras él y Torres vivían en Londres, vio un afiche anunciando un concierto de Celia Cruz. Ansioso por conocerla, averiguó el número de habitación del hotel donde se hospedaba la artista y la llamó. Cruz lo invitó a tomar el té la tarde siguiente y, durante el encuentro, le ofreció pases VIP para asistir al concierto, detrás del escenario. Durante los siguientes 15 años, Rodríguez-Duarte compartiría memorables momentos con Celia Cruz y obtendría imágenes icónicas de la cantante.
El libro es un tributo a su relación. Un diseño limpio y un formato bilingüe complementan la maravillosa narrativa fotográfica. La decisión de editar el libro en inglés y en español fue promovida por la convicción de Rodríguez-Duarte de que la exuberancia de la música de Celia Cruz es algo que sienten tanto hispanohablantes como anglohablantes. También quiso dejar en claro que “el libro no es solamente cosa de latinos, porque Celia no pertenecía a los latinos únicamente”. Esto se hace evidente a través del libro, en el que la artista Annie Lennox (pocas veces asociada con la música latina) expresa su deseo de haber hablado español con soltura para haber podido cantar a dúo con la Cruz. Marc Anthony, Jennifer López, David Bryne, Cristina Saralegui y Andy García también le ofrecen tributo. Dice Rodríguez-Duarte que, mientras trabajaba en el libro, tomó conciencia de que había comenzado a fotografiar a la artista cuando ella ya tenía más de 60 años, “pero es imposible percibir su edad cuando miras las fotos. Todo lo que se ve es su energía, su alegría, su sonrisa… es lo primero que se refleja”, asegura.
En el prólogo del libro Celia: Mi vida. Una autobiografía (Rayo, 2004), la escritora Ana Cristina Reymundo recuerda: “En 1960, mi madre trabajaba en el guardarropa del club Los Globos y yo acostumbraba esconderme debajo de las perchas donde se colgaban las fabulosas pieles y chales de la élite. Envuelta en el aroma de perfume francés y tabaco cubano, dormitaba pacíficamente al ritmo de Celia y los tambores”. ¿Quién hubiera pensado que 42 años después entrevistaría a Celia Cruz y tendría el privilegio de participar en la edición de sus memorias? El libro es una biografía de la cantante, contada por ella misma —desde su nacimiento, su vida familiar en Cuba hasta su carrera musical y la afectuosa relación con Pedro Knight, su mejor amigo y esposo—. Cada capítulo comienza con una fotografía. El estilo abierto y sincero del libro hará que los lectores devoren una página tras otra.
Como dijera Rodríguez-Duarte: “Celia era universal y pertenecía a la gente”.