El Editor Asociado de AARP Segunda Juventud, Carlos Queirós, entrevistó a Javier Sierra el noviembre, 2005, sobre su última novela, pronta a hacer su lanzaniento en Estados Unidos, La cena secreta.
P: Javier, ¿cómo describiría La cena secreta a quienes no están familiarizados con su obra?
R: Yo describiría La cena secreta como una especie de Atlas o guía para aprender un nuevo lenguaje. No solamente es una novela, sino una herramienta que enseña al lector cómo interpretar las obras de arte del pasado. De hecho, creo que si La cena secreta tiene alguna virtud, es la de devolvernos la capacidad de leer en el arte; una capacidad que perdimos con el descubrimiento de la imprenta y con la alfabetización de nuestra cultura y de nuestra civilización. En el siglo XV, no todo el mundo podía leer. Muy pocos tenían acceso a los libros. Por lo tanto, la fórmula que usaban en el pasado para transmitir información era a través de las obras de arte; entonces, casi todo el mundo sabía leer en el arte, cosa que hoy no sucede.
P: Nuestro público pertenece al grupo etario de mayores de 50 años. ¿Ha notado alguna diferencia en cuanto a las respuestas del público según su edad?
R: Bueno, hay diferentes aproximaciones al libro según la edad de los lectores. Yo creo que todo buen libro tiene diferentes niveles de lectura. Para la gente joven es un thriller, un libro de acción, de intriga, de misterios. Es como una especie como de gigantesco rompecabezas que van armando poco a poco. La gente de mediana edad ha descubierto que el libro trata de acercarla a un aspecto significativo de la religión. En el fondo, todos los personajes de La cena secreta luchan por encontrar su fe, su verdadera fe. Y yo creo que es muy importante para las personas de una determinada edad, o de cualquier edad, encontrar su verdadera fe.
P: ¿Y tiene un lector ideal?
R:Creo que el lector ideal de mis libros es aquél que siente curiosidad y que no ha perdido la capacidad de sorprenderse. Es un poco el lector que, aunque sea adulto, tiene espíritu de niño; conserva la capacidad de asombrarse ante las cosas que no conoce. Es capaz de abrir los ojos muy grandes, para entender más de lo que se le ha enseñando. Ése es mi lector ideal: el lector curioso.
P: ¿Quién —o quiénes— de sus autores favoritos de alguna forma han influenciado su obra?
R: Me siento en deuda de gratitud con autores como Umberto Eco, el escritor y semiólogo italiano. Es una persona muy inteligente, que introduce en sus novelas muchas referencias culturales y misterios, pero que son realidades. Son hechos, son cosas reales. Y sus libros han permitido a millones de personas en todo el mundo acercarse a fragmentos de la cultura clásica que, de otra manera, hubieran permanecido inaccesibles para la gran mayoría del público. También admiro a los grandes creadores de thrillers, de intriga, de ficción…desde Ken Follet, con sus trabajo en Los pilares de la tierra (Pillars of the Earth), hasta otros maestros contemporáneos como Dan Brown. A Dan Brown lo descubrí cuando ya estaba terminando de escribir La cena secreta.
P: ¿Conoce a Dan Brown?
R: Sí. Nuestro encuentro coincidió con los momentos finales de mi trabajo en La cena secreta. Y fue muy curioso, porque yo pensaba que El código da Vinci (The Vinci Code) iba a entrar en competencia con La cena secreta, pero no fue así porque son completamente diferentes. El código da Vinci es un “thriller” contemporáneo donde Leonardo es una mera referencia histórica. La cena secreta es un “thriller” basado en el siglo XV, cuando Leonardo aún está vivo. Y yo creo que eso marca una diferencia muy notable entre ambos libros, aunque los dos son libros de acción. Son lo que las personas de habla inglesa llaman “page-turners” (libros ágiles).
P: Su libro se ha publicado, en más de 30 países. ¿Ha leído su libro en otro idioma?
R: Sí, yo hablo italiano y leí esa traducción. La verdad es que es una traducción muy satisfactoria porque, de alguna manera, el italiano era el idioma nativo real del libro. Es decir, la historia tiene lugar en Italia, los personajes inevitablemente debían hablar italiano [así lo creo], su lengua original. Tanto Leonardo como los monjes del convento de Santa Maria delle Grazie y los inquisidores, todo el mundo en mi novela debía hablar italiano. Sentía mucha curiosidad por esa traducción y la disfruté mucho. También he leído, y casi he estudiado, la traducción inglesa del libro. The Secret Supper fue traducida por Alberto Manguel, que es un escritor y un intelectual muy notable. Tuve que colaborar con él en muchas ocasiones para aclarar ciertos aspectos, para arreglar algunos detalles de la traducción, y estoy muy satisfecho con la traducción inglesa de La cena secreta.
P: ¿Y cuánto tiempo demoró Alberto Manguel en hacer esa traducción?
R: Más o menos unos seis meses de trabajo. Debo decir que Alberto Manguel es una persona muy meticulosa. Aunque traduce para Simon & Schuster, él vive en Francia y fue bastante afortunado de tener cerca elementos que yo menciono en mi novela para poder comprobarlos. Ha sido una colaboración muy interesante.
P: ¿A que se debe que libros como el suyo y otros libros de suspenso histórico, tengan tanto éxito en estos momentos? ¿Por qué generan tanto interés?
R: Creo que este tipo de libros tienen un impacto mundial en estos momentos por una razón muy sencilla, que van más allá de la propia ficción de la novela, y es la siguiente: creo que cada vez más, los ciudadanos de todo el mundo creen menos en las versiones oficiales de las cosas. Tuvimos un ejemplo reciente con la invasión de Irak y lo que ha sucedido con las armas de destrucción masiva, lo que nos han contado, ¿cierto? Entonces, eso es solamente uno de los últimos ejemplos. Es decir, la gente empieza a desconfiar de las versiones oficiales de las cosas, también de las versiones oficiales de la historia. Y este tipo de novelas, lo que hacen es dar a los lectores la capacidad de pensar por ellos mismos sobre lo que podría haber sucedido en el pasado. Y les dan otras alternativas. Creo que por eso son exitosas.
P: ¿Y sus padres han leído otras obras?
R: Sí. Mis padres han leído todos mis libros desde el principio.Publiqué mi primer libro en 1995 y se lo dediqué a ellos. Recuerdo muy bien la dedicatoria, porque decía: “A mis padres, por educarme en libertad”. Creo que eso fue muy lindo, muy interesante, porque es cierto que cuando les dije a mis padres que quería ser escritor, se agarraron la cabeza y dijeron: “¡Oh, esa es una profesión muy dura y difícil!”. Sin embargo, luego vieron que lentamente fui avanzando por este camino y que soy feliz escribiendo y haciendo lo que me gusta.
P: Tiene un best-seller también.
R: Seguro, ahora un best-seller. Eso ha sido, creo, muy gratificante para ellos.
P: ¿Qué opinan sus padres y abuelos de su obra?
R: A mis padres les gustó La cena secreta. Estoy especialmente agradecido a mi padre, que no es un lector habitual y ha leído todos mis libros. Es muy emocionante cuando alguien que no es un lector regular, como mi padre, de repente se muestra fascinado por el libro y no puede soltarlo, no puede dejarlo sobre la mesa de noche. Eso es muy emocionante. Mi madre es una ávida lectora. Yo he heredado su pasión por los libros. Mi madre devoró el libro prácticamente en 30 horas. Y le encantó. El libro le encantó y hablamos muy a menudo de los pequeños detalles y las pequeñas dudas que surgen a partir del libro. Mis abuelos, por desgracia, no han podido leer ninguno de mis libros. El último de ellos, mi abuela, falleció hace un mes, cuando tenía 104 años.
P ¿104 años?
R: Sí. 104 años. Fue una muerte muy dulce; simplemente se durmió y murió, rodeada de su familia y habiendo vivido más de un siglo. Estoy muy orgulloso de mi abuela. Aunque ella ya no tenía buena vista como para poder leer mis libros, sabía que yo escribía.
P: Usted ha viajado a más de veinte países. ¿Cómo fue su experiencia en Estados Unidos?
R: Fantástica. Siempre tengo un rincón en mi corazón para Estados Unidos. Mi primera novela, La dama azul, se desarrolla parcialmente en Estados Unidos, específicamente en el suroeste, en Nuevo México, Arizona y Texas.
P: Usted ha escrito 3 libros relacionados con enigmas de carácter científico e histórico, además de 4 exitosas novelas. Para aquellos que aún no están familiarizados con sus obras, ¿qué les recomendaría leer primero? Según su opinión, ¿cómo se diferencia la ficción de la no-ficción?
R: Yo creo que, si los lectores quieren aproximarse por primera vez a mi obra, la mejor introducción es La cena secreta. Sí, porque se van a familiarizar con mi método para aproximarme a los enigmas. Y mi forma de aproximarme a los enigmas en literatura es, primero, documentar el enigma con claridad y luego resolverlo con las herramientas de la literatura, algo que la historia o los historiadores no pueden hacer porque les faltan pruebas. Ahí es a donde puedo llegar con la literatura: resolver o proponer una solución para el enigma. Es como crear. Hoy lo llamaríamos crear un escenario virtual en el cual resolver un misterio. Lo he hecho con La cena secreta. Lo he hecho con mi novela anterior, El secreto egipcio de Napoleón (Napoleon´s Egyptian Secret), que se traducirá también pronto al inglés. Es la historia de cómo Napoleón conquistó Egipto de cómo, al final de su estadía en Egipto, en 1799, pasó una noche dentro de la Gran Pirámide. Cuando salió de la misma, y esto es un hecho, esto es histórico (Nota del E. [este es un antecedente debatible]), salió con la cara desencajada, como si hubiera pasado mucho miedo. Cuando sus hombres le preguntaron qué le había pasado, él respondió con una frase que fue…digamos, la luz que iluminó mi novela. Él respondió: “Aunque os lo contara, no me iríais a creer." Y esa actitud de Napoleón de no querer contar lo que vio o lo que sintió dentro de la Gran Pirámide, me llevó a construir una novela que tratara de explicar qué fue lo que pasó.
P: ¿El misterio?
R: Exacto. Si alguien quiere explorar en mis obras de no-ficción, creo que el mejor libro para empezar a hacerlo es En busca de la edad de oro (In Search of the Golden Age). En busca de la edad de oro es un libro sobre los enigmas de las civilizaciones antiguas. Me decidí por ese título porque todas las grandes culturas de la antigüedad, desde la Grecia clásica al Egipto de los faraones y la India, hablan de una Edad de Oro antigua, anterior a la nuestra en la que los hombres se desarrollaron mental, espiritual, física y tecnológicamente mucho más que nosotros. Todos hablan de ese vago recuerdo ancestral, casi anterior al Diluvio. Y la búsqueda de esa Edad de Oro es lo que me ha llevado a muchas partes del mundo para buscar esas pruebas. Este libro tiene capítulos breves dedicados a pequeños enigmas que a mí me han sobrecogido.
P: ¿Cuál es el próximo enigma que le gustaría investigar?
R: En estos momentos estoy trabajando en un proyecto, quizás el más complejo de todos mis proyectos. Tiene que ver con el origen de la Cábala, la Cábala judía. La Cábala nació en España, no en Israel, en el siglo XII, en plena época de construcción de las catedrales. El primer libro sobre Cábala se llama El Zohar, El libro del esplendor, y fue escrito en León, en el norte de España, mientras se estaba construyendo la catedral gótica de León. Hay muchas catedrales góticas de ese período en España que tienen influencias de la Cábala. Esto es extraordinario porque es la influencia de los judíos —que eran una minoría perseguida en la España de esa época— en los grandes templos de la Cristiandad. A mí eso me parece extraordinario, y estoy investigando este tema.
P: ¿Cuánto tiempo demoró para escribir La cena secreta?
R: Fueron tres años de trabajo. Sí, especialmente de viajes a Italia para documentar muchos aspectos de la vida de Leonardo. Mi investigación empezó en la cuna de Leonardo y finalizó con su muerte. Comencé en Vinci, que es un pequeño pueblo en la Toscana italiana, cerca de Florencia, donde nació Leonardo. Por eso Leonardo es Leonardo da Vinci, porque es de ese pueblo. Y llegué hasta Amboise, en Francia, donde está enterrado Leonardo. Hice todo su recorrido vital y recogí toda la información posible sobre esta figura. Aunque después me centré en sólo tres años de su vida, lo que hice fue investigarla en profundidad, por completo. Y, de alguna manera, mi investigación terminó cuando en el 2002 llegué a Amboise y dejé unas flores en la tumba de Leonardo, como pidiéndole permiso para hablar de él, ¿no?