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| Fotos Por Melanie Dunea |
Mujeres y jubilación
Seis mujeres comparten sus historias y filosofías en la planificación para la jubilación
Por Carole Fleck y Virginia Cueto
octubre/noviembre 2007
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Marlene Montesinos, 55 Marlene Montesinos no tiene planes para jubilarse próximamente. De hecho, esta abogada y mujer de negocios de Houston, Texas, está por realizar un cambio muy importante en su carrera: es candidata para integrar la Asamblea Constituyente en su Ecuador natal, donde espera poder promover lazos políticos y comerciales más estrechos entre ese país y Estados Unidos.
Su entusiasmo, sin embargo, dista mucho de ser impulsivo. Analítica por entrenamiento y vocación, Montesinos, divorciada y madre de tres hijos, obtuvo un título de abogada, permaneció en casa mientras sus niños eran pequeños y, luego, volvió a trabajar para obtener capacitación adicional en lo que hoy es su especialidad: la resolución de conflictos y el derecho comercial.
Ella resalta la importancia de planificar con antelación para asegurar su libertad económica cuando envejezca, ya sea que decida jubilarse en Estados Unidos o en el extranjero. “Tengo varias opciones, y todavía no le he cerrado la puerta a ninguna”, señala.
Con ese fin, sistemáticamente aporta dinero a una cuenta 401(k) y a una cuenta de retiro individual Roth, y es dueña de su casa y de otras propiedades.
“Nunca, nadie está conforme con la suma de dinero que tiene ahorrado”, dice, riendo. —Virginia Cueto
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Sobrevivientes de un desastre
Sonja y Tom Redmond, 56 y 54 Hace dos años, Sonja Redmond se graduó de la escuela de leyes de la University of Notre Dame y comenzó su segunda carrera. Abrió una oficina cerca de casa, en Anchorage, Alaska, con la esperanza de que los 120.000 dólares de préstamos estudiantiles invertidos hubieran valido la pena. “Se puede ejercer hasta los 75 u 80 años —dice ella—. No preveo jubilarme”.
Redmond y su esposo, Tom, fueron cuentapropistas por casi 30 años. Ella tenía una tapicería, que cerró cuando las exigencias físicas del trabajo la superaron. Él era pescador comercial y perdió su negocio tras el derrame de petróleo del tanquero Exxon Valdez, en 1989. Ella dice que un tecnicismo legal les impidió —hasta hoy— ser indemnizados. Declararon la quiebra en 1991.
Tom fue gerente de almacén del distrito escolar, pero ya no trabaja por una discapacidad. Su fuente de ingresos son los beneficios de Tom del distrito escolar y el Seguro Social. Sonja espera que su carrera genere la seguridad que buscan.
“El sueño americano de una jubilación digna no se nos hará realidad —dice Sonja—. Tampoco acabaremos bajo un puente. Sobreviviremos”. —Carole Fleck
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Comenzó tarde
Elizabeth Cavette, 57 Elizabeth Cavette le preocupa sobrevivir a sus ahorros jubilatorios. Hace ocho años, el intenso dolor causado por la artritis y el síndrome del túnel carpiano la llevaron a jubilarse.
Ex representante de servicios al cliente en Ameritech Corp., Cavette empezó a ahorrar para la jubilación alrededor de los 45 años. “Ojala hubiera empezado antes a aportar al plan de ahorro [401(k)]”, dice ella, quien ha estado divorciada durante 26 años.
Cavette señala que fue forzada a retirar dinero de su cuenta de jubilación para pagar las mejoras y reparaciones realizadas a su casa de tres dormitorios en Flint, Michigan, cuyo valor, calcula, es de cerca de 50.000 dólares. Eventualmente, ella piensa venderla y mudarse a una vivienda más pequeña.
Aunque disfruta gastando dinero en cosas para su nieto —algo a lo que la mayoría de los planificadores financieros se oponen cuando los ahorros jubilatorios son pocos—, Cavette tiene su propio mensaje para quien quiera escucharlo: “Ahorre y no toque el dinero hasta que se jubile —sugiere— . El ahorro y la planificación son primordiales”. —CF
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Preparada para lo inesperado
Betsy Glick, 43 No mucha gente comienza a ahorrar para su jubilación inmediatamente después de terminar sus estudios superiores, pero Betsy Glick sí lo hizo. Ahora, esta joven, soltera y viviendo en Vienna, Virginia, está a décadas de jubilarse de su trabajo en asuntos públicos, y ya ha amasado una suma de dinero generosa en una cuenta 401(k), una 403 (b), una Cuenta de Retiro Individual (IRA, por sus siglas en inglés) y una pensión. “Siempre he aportado la mayor suma posible” a los planes patrocinados por mis empleadores, señala.
“Aprendí, hace mucho tiempo, lo importante que es ahorrar —dice Glick, cuya madre se convirtió, hace más de 20 años, en el único soporte de la familia, cuando falleció su esposo—. Ella nos aseguró a todos… que íbamos a estar bien, porque ella y papá se habían preparado para lo inesperado. Esa es la lección que prendió en mí”. —CF
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Echando mano a los ahorros
Aurora Betty Valles, 79 En 1979, a los 51 años de edad, Aurora Betty Valles dejó su trabajo como intérprete médico bilingüe en Los Ángeles, se volvió a casar y estudió Administración de negocios en la universidad. Años después, su esposo, decano del East L.A. Community Col-lege, se jubiló con una pensión completa y beneficios médicos. La vida les sonreía. Pero los crecientes costos de los servicios y los medicamentos recetados, y una salud frágil —angioplastia en el caso de ella; un pequeño derrame cerebral en el de él— los forzó a echar mano a sus ahorros.
“Pensaba que serían nuestros años dorados”, dice ella. El año que viene quizá tengan que vender la casa. Ella ya no se da el gusto de asistir a obras de teatro, conciertos o a museos, pese a la ayuda que, a veces, reciben de su hija menor. Aun así, Valles es optimista. Cree que podrán seguir viviendo de forma independiente. “Tengo fe en el Señor —dice la mexicano estadounidense, madre de cuatro, amante del trabajo comunitario—. Se nos ha vuelto difícil todo, pero hacemos lo que podemos”. —VC
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Autoahorrista
 Jugnu Garfield, 57 Si bien su esposo tomó todas las decisiones financieras durante sus 30 años de matrimonio, Jugnu Garfield, de 57 años de edad, de Long Island, Nueva York, se ha preparado bien para su jubilación. Ella dice no tener una gran estrategia financiera, sólo un empleador que ofrece buenos beneficios.
Pese a su modesto salario como secretaria en una escuela durante los últimos 18 años, Garfield, quien se divorció hace varios años, se las arregló para poder contar con una jubilación segura aportando regularmente a los planes de pensión y anualidad ofrecidos por el Departamento de Educación de la ciudad de Nueva York.
“No me interesan el dinero ni las finanzas —dice Garfield—. Si debiera planificar por mí misma, no lo haría bien. Estas cosas se deducen automáticamente de mi salario. Por lo tanto, funcionan para mí”. Garfield planea trabajar por otros cinco años para poder jubilarse con una pensión completa y beneficios de salud. —CF
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