El desafío de abandoner un hábito peligroso
POR JOHN CUTTER
Sylvia Pérez recuerda lo que
sucedió cuando su madre encontró un paquete de cigarrillos en su mochila escolar.
Hoy día, todavía le queda el sabor en la boca. "Mi madre me hizo comer cinco
cigarrillos", dice la señora Pérez, quien vive en Tampa, no muy lejos del
vecindario de Ybor City que una vez fue el epicentro de la industria del tabaco
de los Estados Unidos. "Fue muy desagradable".
Pero, la lección de su madre no la convenció de
dejar de fumar. Finalmente, más de 35 años después, la señora Pérez,
de 49 años, decidió dejar de fumar.
Aunque los hispanos en nuestro país fuman menos
que los blancos que no son hispanos y que los de ascendencia africana,
los expertos han notado una tendencia problemática en la década posterior
a 1990. El hábito de fumar de los estudiantes hispanos de escuela secundaria
es 29 por ciento más que antes, a pesar del hecho que el uso de cigarrillos
entre ellos había declinado por muchos años.
En la actualidad, una investigadora prominente
sugiere que las personas como la señora Pérez pueden desempeñar un papel
especial para ayudar a que los niños hispanos no sigan fumando o que
no empiecen a fumar.
| ‘Apenas 20 minutos después del ultimo
cigarrillo, la presión arterial y el pulso disminuyen. Un solo día
después de haber dejado de fumar, el riesgo de un ataque cardíaco
también disminuye’ |
En la cultura hispana se respeta mucho a los mayores,
en particular a los padres, abuelos, los tíos y hasta a los amigos íntimos
de la familia quienes son vistos como familiares. Por eso, es importante
que estas personas sean modelos de comportamiento para sus menores,"
dice la doctora Lourdes Báezconde-Garbanati, directora de la Red hispana
de educación sobre el tabaco, con sede en la Universidad del Sur de
California en Los Angeles. "Ellos pueden enseñarles lo correcto, dejando
de fumar o por lo menos, no fumando en presencia de sus hijos o sus
nietos".
Una de las razones por las cuales la señora Pérez
quiere dejar de fumar es para darle el ejemplo a su hijo Manny, de 22
años de edad, que fue el que la llevó a una clase para dejar de fumar
en el centro médico de veteranos James A. Haley, en Tampa. "Siempre
me está molestando, preguntándome '¿Por qué fumas Mamá?' 'Mamá, debieras
dejar de fumar' ", dice la señora Pérez, [quien paso 13 años en el ejército
y ahora cuida a sus padres]. "Decidí que ya era hora de dejar de fumar.
Recientemente, he tenido problemas para respirar".
Fumar por muchos años puede comprometer la salud,
ocasionando problemas como reducción de la capacidad pulmonar, disminución
de los sentidos del olfato y del gusto, alta presión y aumento en el
riesgo de enfermarse de cáncer o problemas cardíacos.
Sin embargo, nunca es demasiado tarde para obtener
algún beneficio al dejar de fumar, dice la doctora Carolyn Schlede,
profesora asistente de la Facultad de Medicina de la Universidad de
Florida del Sur en Tampa y directora del programa para dejar de fumar
en el centro médico de veteranos Haley. "Aún aquellas personas que dejan
de fumar a los 65 años, por ejemplo, pueden añadir dos a tres años más
a sus vidas", dice la doctora Schlede.
La doctora Schlede supervisa otros programas para
dejar de fumar para veteranos en estados al sur del país y en Puerto
Rico. "Claro que es mejor dejar de fumar lo antes posible y mucho mejor
no haber comenzado jamás, pero vemos mejoras en la salud de personas
al par de horas de haber dejado de fumar". Apenas 20 minutos después
del ultimo cigarrillo, la presión arterial y el pulso disminuyen. Alrededor
de las ocho horas, el nivel del monóxido de carbono en la sangre regresa
al estado normal y el nivel del oxígeno aumenta. Un solo día después
de haber dejado de fumar, el riesgo de un ataque cardíaco también disminuye.
Según Schlede, uno de los focos de comercialización
de las compañías de cigarrillos ha sido el mercado hispano. Este hecho
puede haber contribuido al aumento en el número de jóvenes hispanos
que han empezado a fumar durante 1990, que fue superior al de las dos
décadas anteriores.
Por ejemplo, el uso de cigarrillos entre los estudiantes
hispanos de escuela secundaria disminuyó del 35.7 por ciento en 1977
al 20.6 por ciento en 1989, pero aumentó al 27.3 por ciento en 1999,
según cifras del Centro estadounidense para el control y prevención
de enfermedades (U.S. Centers for Disease Control and Prevention), en
Atlanta. Un 19 por ciento de los adultos hispanos (de18 años o más)
fuman, cifra que es menor que la de los blancos, no hispanos (25 por
ciento) y los estadounidenses de ascendencia africana (24.7 por ciento).
A medida que las personas vayan envejeciendo, disminuye el porcentaje,
llegando al 10 por ciento o menos. Normalmente, esto se debe a que los
fumadores mueren antes o dejan de fumar a medida que empiezan a experimentar
las primeras señales de problemas cardíacos o pulmonares.
La señora Pérez dice que no quiere esperar hasta
tener una crisis de salud para dejar de fumar. "Es muy difícil para
mí. A mí siempre me gustó mucho fumar", nos dice. "Pero el otro día
alguien me dijo que olía bien y eso me hizo sentir bien".
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