Cuentos del corazón: Un nuevo capítulo
POR
Al Martinez
Otoño 2004
Hace 14 años me senté en la ladera de una colina, mirando el Pacífico, y me enfrenté al hecho de que en una semana podría estar muerto. La necesidad de someterme a un doble bypass coronario, con el riesgo de muerte que ello acarrea, me ha traído a este tranquilo lugar, donde con frecuencia resuelvo los problemas más serios de mi vida.
Pero eso ya pasó, y probablemente ahora me encuentre en gran forma, como nunca antes lo estuve.
Todo empezó con lo que pensé sería un dolor de estómago, después de una caminata enérgica a lo largo de un sendero, luego de haber cenado. Supuse que el dolor punzante, que parecía atravesarme el estómago, había sido causado por un sobreesfuerzo posterior a una abundante comida. Cuando el dolor desapareció, me olvidé del asunto.
Unos meses después, y casi de manera casual, se lo mencioné a mi médico. Para él fue un cuento viejo: ataque de angina confundido con indigestión. Me indicó una prueba de esfuerzo en la banda continua, que reveló que tenía dos arterias bloqueadas en más del 50 por ciento. Un angiograma determinó que la única solución era una operación a corazón abierto. Estábamos en octubre, las hojas otoñales cubrían como manto de color las laderas, y yo quería estar aquí para Navidad. "Vamos a hacerlo", dije.
Las enfermedades cardíacas y los infartos son la primer causa de muerte entre la población de Estados Unidos y, también, entre los hispanos. Al menos, la mala nutrición y la falta de ejercicio son parcialmente responsables de ambas afecciones. Yo era responsable en ambos casos.
| Soy una prueba viviente de que se puede aprender a vivir con brócoli, hamburguesas de verduras y otros alimentos con alto contenido de fibra |
El cardiólogo Jorge Monastersky, nacido en Argentina, es un apasionado promotor del ejercicio. Es miembro de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association, AHA), División Occidental. Busca que todo el mundo se ejercite, y lo hace a través del ejemplo. A los 58 años, se ejercita en el gimnasio cinco veces a la semana, realiza largas caminatas tres veces por semana, corre en la playa una vez a la semana y está aprendiendo canotaje. Además, ejerce su profesión durante todo el día y es miembro activo del equipo de trabajo de hispanos de la AHA (Latino Task Force).
"El ejercicio disminuye el colesterol, reduce el estrés, hace perder peso y permite mantener una buena presión sanguínea", dice con entusiasmo. "El objetivo final es disminuir la probabilidad de ataques al corazón y derrames cerebrales. La tercera parte de los ciudadanos de este país está con sobrepeso o es obesa; por ello, debemos cambiar nuestros hábitos". La meta de la AHA es, para el año 2010, disminuir en un 25 por ciento las enfermedades cardiovasculares y los derrames cerebrales.
Durante el proceso de recuperación de la cirugía de bypass, me uní al Centro de Larga Vida Pritikin (Pritikin Longevity Center) e inicié un programa de ejercicios en la banda continua junto con una dieta a base de tofu, que hizo caer en picada mi colesterol, además de reducirme la cintura y darme el nivel de energía de un maratonista olímpico de 20 años de edad. Pritikin me hizo un hombre nuevo; pero no duró mucho. Con el tiempo, regresé a las costillas de cerdo, al paté de hígado de ganso y a una opresión en el pecho. Mi colesterol subió de 200 a 290 y mi peso, de 160 a 225 libras. Luego, me sobrevinieron más anginas de pecho.
Nuevamente se estaba cerrando una arteria debido a la presencia de placas, que es el material fibroso que impide el flujo continuo de sangre. En esta ocasión, se practicó una angioplastia, que consiste en introducir un globo pequeño inflado en la arteria bloqueada, para ampliar el conducto por donde circula la sangre. Un tubo pequeño denominado stent fue insertado para mantener abierta la arteria. Luego de eso, pude volver a hacer ejercicios y a mantener una vida relativamente saludable y sin más dolores de pecho.
No tenía ningún problema con el ejercicio, pero alimentarme bien era otro asunto. No me gusta el pescado ni el brócoli, que parecen un pobre reemplazo para un bistec T-bone y papas al horno bañadas en mantequilla.
Mientras que Monastersky hace énfasis en el ejercicio, también señala que los hispanos deben aprender a alimentarse bien. Por tal motivo, la AHA ofrece cursos sobre cocina hispana saludable a nivel nacional. "El cuidado de la salud
—afirma— debe empezar en casa".
La dietista certificada Nelda Mercer, portavoz nacional de la Asociación Dietética Americana (American Dietetic Association) y archienemiga de la alimentación en exceso, no podría estar más de acuerdo. "Una chuleta de cerdo
—dice con sarcasmo— nunca es suficiente". O un tamal, diría yo. Una dieta consistente en grasas es mala para la salud. "No hay nada malo en comer un sencillo plato mexicano de arroz con frijoles, pues es un buen alimento para el corazón", señala. "Lo malo es freírlo junto con cerdo o tocino. El aceite de oliva es tan sabroso como la manteca de cerdo, con la ventaja de que ayuda a bajar el colesterol".
Tampoco hay problema en comer carnes rojas una vez cada dos semanas, pero la norma debe ser la moderación. "Se debe comer más en casa, donde el nivel de nutrición puede ser controlado y no en lugares de comida rápida, donde cocinan con mucha grasa", dice ella. "Aliméntese con porciones magras de carne o pollo a la parrilla y cómalas con moderación".
Soy una prueba viviente de que se puede aprender a vivir con brócoli, hamburguesas de verduras y otros alimentos con alto contenido de fibra. Éstos ayudan a luchar contra el colesterol, de la misma manera que los medicamentos a base de estatinas
—tal como el Zocor o Lipitor— aunque estos últimos tienen efectos secundarios, como lo puede advertir cualquier médico. Afortunadamente para mí, mi esposa es una gastrónoma y puede preparar una comida adecuada para el jefe, utilizando queso bajo en grasas, pollo sin piel y una buena ensalada. Los frijoles refritos y los chicharrones entran en mi casa por su cuenta y riesgo.
Desde que oriento adecuadamente mi nutrición y ejercicio, las pruebas de tensión nuclear, que implican la inyección de un colorante radioactivo, han dado como resultado que mi corazón se encuentra en gran forma. Mi colesterol se encuentra en un valor de 163, mi peso es de 180 libras
—y sigue bajando— y me siento mucho mejor de lo que probablemente merezco. No me encontrarán corriendo por las calles de Los Ángeles durante la hora del almuerzo, o tomando aceite de pescado y tofu, pero sí me encontrarán usando las escaleras para todo lo que cuente con tres pisos, además de verme comiendo más pescado y menos carnes rojas.
Todo esto me ha permitido mantener un alto el nivel de energía para una persona de 74 años de edad. Y aunque a veces me siento remendado, me doy cuenta de que el remiendo me ha mantenido vivo y coleando. Sin los medicamentos disponibles hoy en día, hace 14 años hubiera muerto de un ataque al corazón. Estoy muy agradecido por los años de vida extra.
Entérese sobre nuevos exámenes al corazón que le pueden salvar la vida, además de cirugías al corazón sin bisturí para el futuro.
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