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Mantenga el ritmo
Estos nuevos exámenes cardiológicos podrían salvar su vida

POR Melissa Hendricks

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Mort Libov sabía que fumar era dañino para la salud. Sólo que no creía que fuera dañino para él. Después de permitirse un atado y medio por día durante 50 años, el productor y conductor televisivo jubilado no sentía ningún dolor en el pecho, no se quedaba sin aire, no tenía tos —ninguno de los síntomas atribuidos a este hábito. Así que no prestó demasiada atención a los médicos ni a los seres queridos que le pedían insistentemente que dejara de fumar. "Todo el mundo se considera omnipotente" —afirma Libov, de 68 años de edad.

Luego se realizó el examen que cambió su vida —y que quizás se la salvó. El pasado mes de agosto, el doctor de Libov en Baltimore, Maryland, solicitó una tomografía computada ultrarrápida como parte de un control de rutina. Las imágenes de los cortes transversales mostraban motas blancas —depósitos de calcio— en las arterias, que constituyen un signo de aterosclerosis.

"Si quiere ser mi paciente por poco tiempo, siga fumando —le dijo el doctor a Libov— . Pero si quiere ser mi paciente por mucho tiempo, deje de fumar inmediatamente". En otras palabras, había muchas posibilidades de que parte de la placa pronto se desplazara de ese sedimento, quedara flotando, y luego atascara una de las arterias que va al corazón y ocasionara un ataque cardíaco.

A Libov no le hizo falta saber más. Inmediatamente después de su cita, juntó sus cigarrillos y condujo hasta el campo de golf, donde los repartió todos, excepto uno. "Fumé el último cigarrillo en el hoyo 15 —dice— y así terminó todo". Desde ese día, no ha vuelto a fumar otro cigarrillo.

Libov es un hombre con suerte, no cabe duda. Pero no fue sólo la suerte lo que cambió su vida. El examen que lo alertó acerca del peligro que acechaba en su propio cuerpo podría ser el precursor del diagnóstico de enfermedades cardiovasculares. Gracias a las investigaciones avanzadas llevadas a cabo por laboratorios gubernamentales, privados y universitarios de todo el país, en la próxima década, tanto los pacientes asintomáticos que se sabe están en riesgo de padecer alguna enfermedad cardíaca —como la gente que no está conciente de que tiene algún tipo de riesgo— serán derivados con mayor frecuencia a realizarse alguno de los numerosos exámenes que pueden atrapar al asesino antes de que ataque.

"Ésta es, sin lugar a dudas, una nueva era —afirma Stanley Hazen, M.D., Ph.D., director del departamento de cardiología preventiva de la Cleveland Clinic— . Ahora podemos identificar cómo se ocasiona la aterosclerosis y podemos comprender el mecanismo básico de las enfermedades cardíacas. Ya vimos la punta del iceberg. Aún hay más por venir".

Pero junto con este nuevo tipo de comprensión aparecen preguntas nuevas: ¿Cuándo será útil la información proporcionada por el examen, y cuándo ocasionará una preocupación innecesaria —o una falsa sensación de seguridad— ? ¿Qué exámenes proporcionan información nueva a los médicos, y cuáles repiten lo que otro examen ya mostró? Y, lo más importante: ¿Qué pacientes deben hacerse qué exámenes —especialmente en aquellos casos en que el seguro no cubra— ?

La palabra clave, en el tratamiento de las enfermedades cardíacas, es "riesgo": las probabilidades que tiene el paciente de sufrir un ataque cardíaco. Mientras mayor es el riesgo, los médicos toman medidas más agresivas para bajarlo mediante fármacos, dieta y ejercicio.

La mejor manera de enterarse en qué grupo de riesgo usted se encuadra es consultar a su médico, quien considerará una serie de diversos factores dentro de los cuales se incluyen: presión arterial, niveles de colesterol y antecedentes clínicos personales y familiares.

En los casos en que no exista un diagnóstico de enfermedad cardíaca o diabetes (que daña el sistema cardiovascular), la manera más común de calcular el riesgo es utilizar una fórmula desarrollada a partir del Estudio Framingham del Corazón, la investigación a largo plazo del gobierno federal sobre enfermedades cardíacas llevada a cabo en Framingham, Massachussets. En la fórmula se incluye la edad, niveles de colesterol y otras estadísticas vitales. El resultado está dado por las probabilidades que usted tiene de sufrir un ataque cardíaco o de morir a causa de alguna enfermedad cardiovascular en los próximos diez años.

En el otro extremo del espectro de riesgo, están quienes en realidad padecen de dolor de pecho, propio de la angina. Para este grupo, recientemente se ha desarrollado un nuevo método que permite predecir si podría sufrir un ataque cardíaco en los próximos 6 meses. El examen, para la detección de una enzima en la sangre llamada mieloperoxidasa, es extremadamente preciso.

Lo ideal sería que los cardiólogos contaran con un examen similar para predecir el riesgo de enfermedades cardíacas a largo plazo, antes de que la persona comenzara a experimentar los síntomas. Por medio de la utilización de técnicas como las que describimos a continuación, los médicos han comenzado a agudizar su conocimiento en cuanto a qué pacientes necesitan qué tratamientos. Si se interviniese a tiempo, se podría llegar a reducir el riesgo del paciente e, incluso, salvarle la vida.

Descubrimiento de la placa arterial por medio de imágenes
Los investigadores están refinando las tecnologías como la tomografía computada, las IRM y el ultrasonido para lograr fotografías más reveladoras de las arterias y el corazón. Los exámenes son no invasivos y pueden descubrir la aterosclerosis que, de otra manera, no se podría detectar.

Los Institutos Nacionales de la Salud están patrocinando un estudio que podría ayudar a los científicos a decidir cómo y cuándo utilizar estos nuevos exámenes. Mientras que el objetivo principal del Estudio Multiétnico de Aterosclerosis (MESA, según sus siglas en inglés) de diez años de duración consiste en comprender cómo se origina una enfermedad cardíaca, los investigadores buscan descubrir qué exámenes son los mejores para predecir el riesgo. Los líderes del proyecto esperan los primeros resultados del estudio en dos o tres años.

Los exámenes por imágenes avanzados generalmente son de más ayuda para aquellas personas que presentan mediano o incierto riesgo de padecer alguna enfermedad cardíaca, según lo determinen los exámenes estándar de colesterol, presión arterial y demás indicadores. El resultado positivo podría motivar un tratamiento más agresivo para proteger el corazón. Estos exámenes también podrían ser beneficiosos para quienes, como Libov, presentan un alto riesgo de padecer alguna enfermedad cardíaca, pero que aún no tienen síntomas.

Sin embargo, evidentemente estos métodos, que alcanzan los límites de la ciencia, aún no están disponibles para todos. El primer problema es el costo. Una tomografía computada ultrarrápida de corazón cuesta entre 175 y 500 dólares o más, tarifa que generalmente no cubre ningún seguro. Las IRM son aún más costosas. Para justificar el gasto, el examen debería proporcionar información que esté más allá del alcance de otros métodos más accesibles para evaluar el riesgo. Hasta ahora, pocos estudios han considerado la rentabilidad de los nuevos exámenes por imágenes.

Existe otro problema: los resultados son imperfectos. Por ejemplo, la placa ocasiona inconvenientes cuando se desprende, pero "no todo tipo de placa es propensa a desprenderse" —afirma Ann Bolger, M.D., profesora de medicina clínica de la Universidad de California, en San Francisco— . La tomografía computada podría mostrar la placa, pero si ésta es estable, lo más que podría causar es preocupación. En la actualidad, no existe el examen que permita distinguir entre estos dos tipos de placa.

Por otra parte, la tomografía computada ultrarrápida pasa por alto la placa que no está calcificada, por lo que los resultados de los exámenes podrían brindarle al paciente una peligrosa sensación de seguridad. "Algunos pacientes que se enteran de que no tienen nada de calcio van directamente a McDonald's —afirma Bolger— . Pero pueden ser ellos quienes tengan el mayor riesgo".

En resumidas cuentas: si usted presenta bajo riesgo de enfermedades cardíacas sobre la base de factores de riesgo convencionales como el peso y el estilo de vida, puede realizarse los estudios más tradicionales que predicen la salud del corazón, como los de niveles de colesterol y de presión arterial. Si, por otra parte, tuviese motivos para preocuparse, quizás convenga que consulte a su médico acerca de si alguno de los nuevos exámenes por imágenes resulta apropiado para usted.

Exámenes de sangre que revelan los rastros del depredador
Se ha descubierto en laboratorios de todo el mundo que hay otras sustancias en la sangre que podrían ser tan buenos e incluso mejores indicadores de enfermedades cardíacas que el colesterol. La que atrajo más la atención fue la proteína C reactiva (PCR).

El hígado produce PCR como respuesta a la inflamación. Hoy, muchos expertos consideran que la enfermedad cardiovascular es, al menos en parte, una afección inflamatoria en la cual el sistema inmune del cuerpo produce un exceso de las proteínas que ocasionan la aterosclerosis. Todavía intentan descifrar el misterio de cuál es exactamente la infección, herida u otro factor que desencadena la inflamación. Hay cada vez más evidencia que indica que mientras más alto es el nivel de PCR, mayor es el riesgo de ataque cardíaco —aun si usted no ha tenido otros indicadores de enfermedad cardíaca.

Por unos 40 dólares, la prueba de PCR podría ser una manera económica de detectar qué personas tienen riesgo de padecer enfermedades cardíacas. ¿Quiénes deberían realizarse la prueba para conocer su nivel de PCR? De igual modo que la tomografía computada ultrarrápida, los expertos en medicina afirman que el examen sería de ayuda para las personas que presentan mediano riesgo de padecer enfermedades cardíacas, ya que aquéllos de bajo y alto riesgo saben en qué situación están. (El riesgo mediano significa que hay una posibilidad del 10 o 20 por ciento de padecer alguna enfermedad cardíaca en los próximos diez años. Ésta es una categoría amplia de personas que incluye, por ejemplo, un hombre no fumador de 50 años que tiene niveles de colesterol en proporciones más bien altas, presión arterial relativamente elevada y algún pariente cercano que haya sufrido un ataque cardíaco).

Por otra parte, algunos médicos advierten sobre el uso generalizado de este examen. Hay muchos y diversos factores que pueden ocasionar que los niveles de PCR se eleven. Un resfrío puede aumentar la PCR, de igual modo que el fumar, las enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoidea y la falta de actividad física. En consecuencia, los médicos recomiendan que aquellos pacientes que obtengan un resultado alto de PCR se realicen el examen nuevamente.

Además, los expertos en medicina aún no han expresado qué deberían hacer las personas con resultados altos de PCR para cuidar su corazón. La lógica indica que la reducción de la PCR, mediante fármacos llamados estatinas que bajan el colesterol, reduciría el riesgo de enfermedades cardíacas, pero los científicos aún no lo han demostrado. El ensayo JUPITER, que actualmente está en curso, en el que se realiza el seguimiento de más de 15.000 norteamericanos sanos con niveles altos de PCR, ya sea con un fármaco tipo estatina o mediante un placebo, está poniendo a prueba esta teoría.

En búsqueda de los genes peligrosos
A la vanguardia de la delimitación del riesgo de enfermedades cardíacas se encuentran los investigadores que están en búsqueda de los genes que predisponen a una persona a tener un sistema cardiovascular fuerte o débil. Todos saben de las anomalías médicas: el compositor Eubie Blake, que comenzó a fumar a los seis años, llegó a los 100; Jim Fixx, el corredor aficionado, murió a causa de un ataque cardíaco a los 52 años. Los genes que hacen a las personas más o menos susceptibles a las enfermedades cardíacas podrían ser la explicación de estas excepciones a la regla tal como hoy las conocemos.

Los investigadores han descubierto sólo algunos genes que están relacionados con las enfermedades cardíacas, pero sin duda encontrarán más. Sharon Kardia, Ph.D., profesora asistente de epidemiología del Programa de Genética para Salud Pública de la Universidad de Michigan, está analizando cómo reaccionan los pacientes, que tienen presión arterial elevada, a diversos fármacos, sobre la base de sus genes. Recientemente, ella realizó un informe según el cual las personas que tenían una versión de un gen llamado aducina 2 lograban una mayor baja de la presión arterial con fármacos llamados beta-bloqueantes que aquellas personas que no tenían ese tipo de gen.

"Eso significa que los exámenes genéticos algún día podrán ayudar a los médicos a decidir qué fármaco deben recetar para la presión arterial —afirma Kardia— . Quizás también revelen que un paciente se beneficiaría más si probara una dieta para disminuir la presión arterial, mientras que otro podría reducirla más rápidamente mediante medicamentos".

Si bien estos nuevos exámenes son prometedores, ya sabemos bastante sobre los riesgos ligados a las enfermedades cardíacas. Luego de analizar los resultados de tres exámenes a largo plazo que incluían miles de voluntarios, Philip Greenland, M.D., profesor de medicina preventiva de la Northwestern University, concluyó que el 90 por ciento de los ataques cardíacos se producen en personas que presentan, al menos, uno de los factores de riesgo conocidos: colesterol alto, presión sanguínea elevada, diabetes o el hábito de fumar.

Así que, aunque las herramientas para descubrir y comprender las enfermedades cardíacas están aumentando rápidamente, la receta para el cuidado de su corazón no ha cambiado: mantenga el nivel de su colesterol "malo" y su presión sanguínea bajos, reduzca su riesgo de diabetes mediante el cuidado de su peso y el ejercicio, y no fume. Lo que la ciencia puede hacer para diagnosticar y reparar un corazón dañado es limitado. El tratamiento más eficaz, como siempre, es la prevención.


Este artículo fue publicado inicialmente en la revista AARP The Magazine, de marzo-abril 2004.

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