Es como dejar que el sol brille dentro de nosotros, dentro de nuestro cuerpo, dentro de nuestra mente. Cuando los devotos de las antiguas tradiciones del yoga y el tai chi hablan de los beneficios que les brinda la práctica diaria, lo hacen en términos poéticos, como cuando nos inundan las endorfinas.
Hablan de rayos de energía con poder curativo. Hablan de una “fuerza vital” renovada que trae consigo claridad mental, flexibilidad física y equilibrio sorprendentes. Pero el poder más grande de esta fuerza, indican, es que les ayuda a combatir el estrés que, en muchas ocasiones, constituye el factor más debilitante en sus vidas.
La tradición hindú del yoga, lo mismo que la práctica china del tai chi, no debe considerarse como cualquier otra rutina de ejercicios. Ambas exigen esfuerzo físico riguroso que sólo los atletas y los que practican las artes marciales deben intentar. Pero las moderadas variantes populares de estas prácticas las hacen accesibles a casi todo el mundo.
En el yoga, cuya variante que más se practica en este país es el “hatha yoga”, se incorporan técnicas de respiración mientras uno se mueve y mantiene una serie de poses o “asanas”.
En su variante más popular, el tai chi incorpora secuencias coreográficas de movimientos lentos, similares a pasos de baile. Basado en la filosofía de equilibrar los elementos contrarios, el tai chi se desarrolló originalmente como una tradición de las artes marciales. Ahora se utiliza más comúnmente para promover el bienestar general.
| El valor meditativo del yoga y el tai chi, según los expertos, puede prevenir la ocurrencia de infartos cerebrales y estimula el sistema inmunológico al incrementar los linfocitos T y otros linfocitos encargados de combatir las enfermedades |
“Es como una meditación en movimiento —nos dice la periodista de Miami, Susana Barciela, de 47 años de edad, quien hace muchos años practica el tai chi—. Trae energía a todos los lugares que la necesitan”.
Nilza Kallos es una doctora de la Florida que practica yoga y tai chi. Ella es testigo presencial del poder curativo de estas prácticas. La doctora Kallos, respetada mastóloga a nivel nacional, ha visto a sus pacientes sufrir a lo largo del proceso de diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama, e, incluso, los ha visto morir. Ella se dio cuenta de que sus pacientes enfermos de cáncer y aquéllos que presentan un alto riesgo de contraer esta enfermedad podrían beneficiarse de un enfoque un poco más holístico en cuanto a su salud, que fuera complemento de las mamografías y los ultrasonidos anuales, y que ayudara no sólo a sanar, sino también a prevenir. En 1999 fundó el Within Wellness Center [Centro de Bienestar Interior], que ofrece sesiones de yoga, tai chi, meditación, consultas nutricionales, masajes e, incluso, sesiones curativas con curanderos.
“La energía de estos ejercicios llega como la luz: ¡Bum! El yoga lo ayuda a calmarse. Es muy bueno para la gente con problemas respiratorios porque los ayuda a controlar la respiración —nos explica la doctora Kallos—. Y, desde el punto de vista científico, se sabe que el tai chi disminuye al menos en 10 puntos la tensión arterial. Puede resultar tan eficaz como los ejercicios aeróbicos”.
Ella y otros expertos explican que ambas prácticas mejoran el equilibrio, la circulación y flexibilidad; aumentan la fuerza muscular, ayudan a combatir la depresión y agudizan la capacidad de concentración. También, generan una especie de masaje interno para todos los órganos vitales. El valor meditativo del yoga y el tai chi, según ellos, puede prevenir la ocurrencia de infartos cerebrales y estimula el sistema inmunológico al incrementar los linfocitos T y otros linfocitos encargados de combatir las enfermedades.
A medida que la gente envejece, tiende a perder el rango de movilidad y el sentido de ubicación en el espacio. “Algunas personas no están conscientes de cómo se mueven y en dónde se encuentran; por ello, sufren accidentes y traspiés —indica el instructor de yoga de Nueva York, Luis F. Sierra, quien ha practicado yoga durante 25 años y quien dedica la mayor parte de su trabajo a los pacientes internados en los hospitales y a los ancianos, en centros para la tercera edad—. Practicar yoga y tai chi nos ayuda a saber, entender y desarrollar la percepción de nuestra ubicación en el espacio”.
Nos menciona el caso de un paciente con afecciones cardíacas de unos 60 años de edad que presentaba dificultades para hacer una simple inclinación hacia delante. Luego de practicar al menos tres horas a la semana durante los últimos siete años, el paciente, que actualmente tiene alrededor de 75 años, no puede creer el rango de movilidad que ha adquirido, mayor que el que tenía a los 50. “Por supuesto —enfatiza Sierra— que el paciente practica yoga con regularidad. Hay que hacerlo diariamente, aunque sea durante unos pocos minutos”.
La adaptabilidad del yoga y su énfasis en el bienestar general de quien lo practica lo hace beneficioso para casi todo el mundo, según nos indica un instructor de Arizona que se especializa en la “terapia del yoga”, en su consulta personal. Clara Sida, de Glendale, explica que algunas variantes, tales como el “yoga restaurador”, les permiten a quienes lo practican la utilización de camas, mesas, frazadas y otros medios de apoyo, convirtiéndolo en algo ideal para aquellas personas que sufren limitaciones físicas. Sida es instructora de yoga titulada y certificada.
“Tengo una alumna de 74 años de edad que padece de varias afecciones de salud. Ella no podía estar parada, apoyada en la pared, por más de 30 segundos. Ha asistido a terapia de yoga solamente durante cuatro semanas, y ya es capaz de estar parada por más de tres minutos. Sus médicos no pueden creer cuánto ha mejorado —dice Sida, consejera espiritual certificada que se convirtió en instructora de yoga luego de trabajar durante 20 años como secretaria—. Veo el gran progreso de mis alumnos. Sus posturas son más erguidas; caminan durante períodos más largos; tienen más energía; el color les vuelve a la piel; se sienten más vivos”.
Y a menudo, se sienten mejor preparados para enfrentarse a los obstáculos.
“Estas prácticas nos ayudan a lidiar con los cambios, que son parte inevitable de la vida —dice Sierra—. Podría decirse que este componente es ‘espiritual’ ".
Y es este componente sagrado el que atrajo a Elly Chovel, agente inmobiliaria de Miami, a una variante altamente meditativa del yoga, llamada “kriya yoga”, a la cual describe como “una simple y rápida técnica para alcanzar la calma, la paz y la espiritualidad”.
“La diferencia entre el día en que me levanto y hago yoga y el día en que no lo hago se hace notar en cuán calmos y claros se sienten mi cuerpo y mi mente —dice Chovel, de aproximadamente 55 años de edad. Su práctica no se centra en oraciones verbales, sino en conectarse con Dios mediante la respiración—. Cada vez que inhalas, te sientes conciente de que Dios está dentro de ti”, explica.
La doctora Kallos hace notar el denominador común de curación de ambos, el yoga y el tai chi: “la energía de vida”. En el yoga, esa energía recibe el nombre de “prana”. En el tai chi, es el “chi”. “Los cristianos la llaman ‘Espíritu Santo’ “, nos dice.
En efecto: esencialmente, tanto el tai chi como el yoga se centran en algo único: el flujo. El flujo de la respiración. El flujo de la energía. El flujo del movimiento.
Flujo significa no forzar los movimientos. Significa discontinuar la pose, si se siente incomodidad, y adoptarla suavemente una vez más. Significa buscar la relajación, aunque te esfuerces para lograrlo. Los instructores de yoga animan a sus clientes a “explorar” las posiciones. Al hacerlo, uno tiene plena conciencia de los mensajes que el cuerpo envía. ¿Dónde está la flexibilidad? ¿Dónde está el dolor? ¿Cuáles son los límites? ¿Puedo expandirlos un poco más?
“Suavidad es la palabra clave —dice Sierra—. Lo que para una persona es suave puede no serlo para otra. El instructor debe ayudarlo a descubrir cuál es su sensibilidad”.