A Guadalupe Menchaca no le gusta decir que es diabética. Ella sabe perfectamente de su enfermedad. Se la diagnosticaron hace más de 30 años. Pero sencillamente no se siente como tal.
“He padecido de diabetes durante años, y he aprendido a vivir con ello —nos dice esta viuda de 63 años, enfermera ya jubilada de cuidados intensivos—. ¿Tengo la enfermedad bajo control? Sí. Pero soy conciente de que tengo que ser muy cuidadosa porque, de otra manera, puedo perderlo rápidamente”.
La diabetes es una de las enfermedades crónicas más graves en Estados Unidos. “Es una epidemia”, declara el médico Robert Rizza, profesor de medicina de la Mayo Medical School en Rochester, Minnesota, y presidente electo de la Asociación Americana de la Diabetes (ADA, por sus siglas en inglés).
Más de 18 millones de personas padecen de esta enfermedad en Estados Unidos. Casi 70.000 mueren al año por esta afección, que se ubica en el sexto lugar entre las causas de muerte. La cifra es probablemente mayor debido a la gran cantidad de muertes que se le atribuyen a otras enfermedades que, no obstante, están vinculadas con la diabetes.
La diabetes afecta especialmente a los hispanos. Cerca del 25 por ciento de los mexicano-estadounidenses y los puertorriqueños, y el 16 por ciento de los cubano-estadounidenses padecen la enfermedad entre los 45 y 74 años. De acuerdo con datos aportados por la ADA, los hispanos son 1,5 veces más propensos a contraer diabetes que las personas blancas no hispanas de la misma edad.
La diabetes mellitus es un trastorno de la capacidad del cuerpo para metabolizar, o digerir, los alimentos. Cuando ingerimos alimentos, el cuerpo desintegra ciertos nutrientes, en especial, los carbohidratos del almidón y del azúcar, y los convierte en glucosa. La glucosa es el combustible que necesitan las células del cuerpo humano para funcionar. En una persona saludable, el páncreas produce una hormona llamada insulina, que transporta la glucosa del torrente sanguíneo a las células. Pero si la persona es diabética, el proceso se da de manera incorrecta.
Existen dos tipos de diabetes mellitus: tipo 1 y tipo 2. En el caso del tipo 1, el páncreas produce muy poca o cero insulina y la glucosa no puede llegar a las células. A pesar de que a menudo se le llama diabetes juvenil, porque es el tipo de diabetes que más se encuentra en los niños, este tipo de diabetes puede aparecer a cualquier edad. En el caso del tipo 2, el cuerpo no produce suficiente insulina o evita que ésta transporte la glucosa a las células. Esto se conoce como resistencia a la insulina. Es posible también que el páncreas no produzca suficiente insulina. La mayoría de los diabéticos padece de este segundo tipo que, a menudo, se conoce como diabetes de edad adulta.
| ‘El mensaje de que usted puede controlar su diabetes si se alimenta bien y hace ejercicios es real’ |
Cualquiera de los dos tipos implica que las células no reciben una cantidad suficiente de glucosa y, por lo tanto, no tienen suficiente energía, además de haber demasiada glucosa en sangre—lo que se conoce como hiperglucemia—. A la larga, la hiperglucemia puede ocasionar ceguera, enfermedades cardíacas, daños al riñón y los nervios, amputación y muerte.
Aproximadamente 5,2 millones de personas padecen de diabetes y no lo saben. Muchos síntomas pueden parecer inofensivos; entre éstos se incluyen deseos frecuentes de orinar, sed o hambre excesiva, pérdida inusual de peso, irritabilidad, fatiga y visión borrosa. Es muy importante detectarla a tiempo para poder controlarla; es por ello que debe consultar a un médico en caso de presentar alguna de esta sintomatología.
Los investigadores están trabajando arduamente para encontrar la cura mediante el estudio de medicamentos experimentales que podrían lograr que las células adiposas dejaran de causar resistencia a la insulina; otros podrían ayudar a controlar el apetito y, de esta manera, reducir el riesgo de obesidad. Incluso, podrían hacer que el páncreas fabricara más células que secretasen insulina, aunque no se sabe si esto aumentaría la producción de la misma.
Pero la aprobación para el uso de estos medicamentos puede demorar años, si es que alguna vez sucede. La mejor medicina sigue siendo, en primer lugar, evitar contraer la diabetes. A pesar de que la causa de esta enfermedad es desconocida, los científicos conocen los factores de riesgo. Algunos son imposibles de controlar. La diabetes también es hereditaria, por lo tanto, si alguno de los padres o hermanos la padece, usted podría contraerla también. El riesgo se incrementa con la edad.
Dos de los factores de riesgo más importantes que pueden controlarse son la obesidad y el estilo de vida sedentario. Un estudio del Programa de Prevención de la Diabetes, llevado a cabo en múltiples lugares por el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas, en San Antonio, descubrió que comer sano, bajar 5 ó 10 libras y hacer ejercicios durante 30 minutos, cinco días a la semana, ayuda a controlar el nivel de azúcar en sangre de los diabéticos y a prevenir que otros contraigan la enfermedad.
“El mensaje de que usted puede controlar su diabetes si se alimenta bien y hace ejercicios es real —indica Evangelina Villagómez, Directora de Operaciones Clínicas y Educación al Paciente en el Instituto de la Diabetes de Texas, (TDI, por sus siglas en inglés) en San Antonio—. Aún así, usted podría necesitar medicamentos, pero es un mensaje optimista”.
Y así fue como Menchaca controló su diabetes. Hace dos años, pesaba 228 libras y estaba cansada de eso. “Me hice el firme propósito de bajar de peso y hacer algo al respecto”, dice la residente de San Antonio.
Con la ayuda de una educadora en materia de diabetes del TDI, Menchaca hizo lo que considera “cambios menores” en su dieta. “No quería cambiar por completo mi forma de comer, así que ella me enseñó a controlar las porciones, aprendiendo a comer un poquito menos de lo que normalmente como”.
Tal como Menchaca ha debido aprender, vivir con diabetes es un trabajo de tiempo completo. Pero puede lograrse. Un educador certificado en materia de diabetes puede ser de gran ayuda. Ella bajó 33 libras, redujo sus necesidades de insulina en dos tercios y recuperó el control del nivel de azúcar en sangre. Incluso, de vez en cuando, se da un gusto. “Anoche fui al Golden Corral —un restaurante especializado en carnes— y me comí una papa asada. Y el nivel de azúcar en sangre seguía, esta mañana, por debajo de lo normal”.
Unirse a un club de salud será el siguiente paso. De hecho, ya hace mucho ejercicio trabajando en su jardín y como voluntaria en el hospital local. “Cuando me jubilé, me juré que no me iba a apoltronar en el sofá frente al televisor, y no lo hice”.