La nueva cara del virus
Un desafío
Por Joyce Valdez
junio/julio 2006
 |
Por lo general, los médicos no bromean sobre la muerte con sus pacientes, pero el de Mary Moreno sí lo hace. Él no puede evitar reírse cada vez que hablan de cómo esta bisabuela continúa desafiando al virus mortal que la ha acechado por décadas.
“Mi médico dice que probablemente moriré de vieja, antes de enfermarme de SIDA”, relata esta mujer de 69 años de edad, VIH positiva, quien ganó a su ex empleador un juicio por discriminación por ser portadora de VIH, con lo cual sentó precedentes.
En la actualidad, las mujeres como Moreno representan la nueva cara del SIDA, y el virus que lo causa, el VIH. Es un rostro maduro que, por lo general, no se ve en los mensajes de servicio público acerca de esta enfermedad, que se ha cobrado más de 25 millones de vidas en todo el mundo, desde 1981. En Estados Unidos, entre el 11 y el 15 por ciento de los casos de SIDA se dan en personas mayores de 50 años, y las mujeres de esa edad son el grupo de riesgo de mayor crecimiento, según la National Association on HIV Over Fifty. Además, las mujeres latinas o africano estadounidenses representan más de la mitad de este grupo, según el HIV Wisdom for Older Women.
| ‘El sexo es uno de los placeres de ser un ser humano, y no termina cuando uno llega a determinada edad’ |
Moreno contrajo el virus en 1984, a través de una transfusión de sangre infectada con VIH. En esos años, un diagnóstico de VIH positivo era, a menudo, semejante a una sentencia a muerte. Por suerte, Moreno contó con el respaldo incondicional de su marido y sus cinco hijos.
Con su empleador fue otra la cuestión. Ella administraba un programa de 12 millones de dólares de subvenciones para el desarrollo de la comunidad de Austin, Texas. Pero cuando supieron de su enfermedad, la sacaron del programa, la bajaron de categoría y recibió evaluaciones bajísimas por su trabajo. Moreno entabló un juicio contra la ciudad y se le concedió una indemnización por 259.000 dólares, pero, ante una apelación que se extendería en el tiempo, llegó a un arreglo por un monto menor. Dice que el haberse encarado a la discriminación por SIDA en el lugar de trabajo fue más importante que el dinero.
Las personas VIH positivo como ella pueden enfrentar un sinnúmero de desafíos como éstos. Pero para Moreno, lo más doloroso es saber que muchos amigos y parientes se alejaron por causa de su condición.
“Si hubiera contraído el virus a través de agujas o de sexo sin protección, el estigma hubiera sido mucho peor —señala—. Esas personas tienen una doble desgracia, especialmente, si son mujeres. Son muy duras con ellas mismas, y la sociedad lo es aún más”.
Desafortunadamente, esta doble desgracia golpea a un número creciente de latinas mayores debido a la práctica de sexo sin protección con sus parejas, lo que representa la causa principal de SIDA, según la Dra. Elizabeth Ortiz de Valdez, presidente y gerente ejecutiva del Concilio Latino de Salud, una organización para la salud y la prevención de enfermedades sin fines de lucro, de Phoenix.
“El sexo es uno de los placeres de ser un ser humano, y no termina cuando uno llega a determinada edad —explica Valdez—. Las mujeres latinas se están involucrando en el sexo y están siendo infectadas por hombres que lo contrajeron de alguien más”.
Edid González, coordinadora del Senior HIV Intervention Project del Departamento de Salud del Condado de Broward, en Florida, señala que las latinas que empiezan a salir de nuevo pueden verse involucradas en situaciones que las ponen en riesgo de contraer VIH y SIDA. “Conozco a una viuda de 65 años recién jubilada —dice—. Conoció a un caballero en un crucero. Tuvieron relaciones y contrajo el virus”.
González, de 52 años, también conoce latinas en riesgo después de haber salido con hombres cuyas historias incluyen consumo de drogas intravenosas y de sexo sin protección con varias parejas.
El Viagra y medicamentos similares traen una nueva dimensión. “He visto casos de hombres que estuvieron casados durante mucho tiempo, pero que tuvieron aventuras porque el Viagra aumentó su impulso sexual”, relata González.
| Y en algunos casos, la discusión se inicia demasiado tarde |
Valdez dice que las mujeres necesitan protegerse. Sin embargo, los condones pueden ser difíciles de aceptar para las mujeres postmenopáusicas. “Y para muchas latinas, existen barreras religiosas que impiden el uso del condón”, agrega la doctora.
Para las latinas mayores, especialmente inmigrantes, hablar de sexo o de enfermedades transmitidas sexualmente es tabú. Aunque el médico familiar podría discutirlos, Valdez piensa que muchos no lo hacen. Y en algunos casos, la discusión se inicia demasiado tarde. Pueden pasar años hasta que se diagnostique el VIH y SIDA en las personas mayores, ya que los síntomas pueden mimetizarse con los signos del envejecimiento: fatiga, pérdida de peso y demencia, entre otros.
“Muchos adultos mayores piensan que el SIDA es una enfermedad de gente joven. Algunos todavía piensan que se trata de una enfermedad de varones homosexuales —dice González—. Y muchos de ellos no están seguros de cómo se transmite o cómo puede prevenirse”.
Moreno, quien hasta ahora ha triunfado sobre la enfermedad, educa a las latinas sobre el VIH y SIDA. Su mensaje: “No importa cómo adquiriste el virus. Importa cómo vives con él”.
Estos enlaces son provistos solamente como fuentes de información. AARP no endosa, no tiene control y no se responsabiliza por estos sitios de enlace o por el contenido, publicidad, materiales, productos y/o servicios ofrecidos a través de sus páginas.
volver al comienzo