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Foto: Jupiter Images 

El ejercicio físico puede retardar los efectos devastadores del Alzheimer

Por Barbara Basler
diciembre 2008

Esta es la segunda de cinco entregas de un informe especial de AARP Bulletin Today sobre el mal de Alzheimer.

El Alzheimer en familias latinas (diciembre 2008)

Regalos que ayudan la mente (invierno 2008)

Una mente sana (octubre/
noviembre 2006)

Informe especial de AARP Bulletin Today:
Parte I: Un medicamento ofrece esperanza

Parte III: Nuevas pruebas para una detección temprana

Parte IV: Las relaciones son importantes para detener el Alzheimer

Parte V: Por qué existe una razón real para tener esperanza

Cómo hablarle a alguien que padece Alzheimer
(AARP Bulletin Today)

Obsesionarse por las cosas puede ser algo bueno
(AARP Bulletin Today)

Los investigadores informaron este verano que un estudio sobre los efectos del ejercicio físico en las personas que padecen Alzheimer en las primeras etapas demostró que aquellos con un mejor estado físico presentaban menor atrofia en áreas claves del cerebro asociadas con la memoria. Los descubrimientos sugieren que mantener una buena condición cardiorrespiratoria ayuda a mitigar los efectos del Alzheimer y hasta podría ayudar a modificar y corregir algunos de los daños que causa.

Esta investigación, divulgada en la conferencia sobre Alzheimer 2008, organizada en julio del 2008 por la Asociación de Alzheimer, en Chicago, es “la primera en identificar con precisión los cambios relacionados con la enfermedad en las regiones de la memoria del cerebro, utilizando un nuevo proceso de diagnóstico por imágenes de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés)”, explica Robyn Honea, uno de los autores e investigador del University of Kansas Medical Center (Centro Médico de la Universidad de Kansas), Kansas City. El estudio comparó el volumen del cerebro de 56 personas saludables con los de 63 personas que padecían de Alzheimer en etapa inicial —todos ellos, de más de 60 años de edad—.

“Estudiamos las áreas del cerebro responsables del aprendizaje y de la memoria en personas con Alzheimer en sus primeras etapas”, explicó Honea. “Y lo que observamos fue que, en hombres y mujeres que presentaban una mejor condición cardiorrespiratoria, el tamaño y el volumen de estas áreas estaban en mejor estado”.

Honea sostiene que, en aquellas personas que no presentaban una buena condición física, se podían observar más áreas atrofiadas, lo que sugiere que el ejercicio puede demorar el progreso de la enfermedad.

Además, como señala Honea, “lo que resulta emocionante es que una de las regiones clave de la memoria, el área hipocampal, es una de las únicas regiones del cerebro capaz de realizar neurogénesis o crecimiento en el adulto. En estudios con animales, el ejercicio induce a un crecimiento del cerebro. De modo que sería posible que, con ejercicio y una buena condición física, esas áreas del cerebro humano también pudieran experimentar un crecimiento positivo”.

El estudio evaluó la condición física de los sujetos con pruebas de rutina; luego, se observaron los cerebros mediante las nuevas técnicas de diagnóstico por imagen. Honea afirma que el próximo paso será tomar un grupo más grande de adultos mayores con Alzheimer y someterlos a un programa de ejercicios físicos por un año, para comprobar si se produce algún crecimiento en esa área clave de la memoria.

Otro estudio reciente sobre ejercicio, que fue divulgado en la conferencia por investigadores de Australia, descubrió que el hecho de realizar ejercicio físico en el hogar, supervisados por las personas que los cuidan, ayudó a hombres y mujeres con Alzheimer en etapas tempranas a aumentar el equilibrio y a mantener su independencia y calidad de vida por un período de un año.

Las personas con Alzheimer tienden a caerse tres veces más seguido que las personas mayores que no presentan un deterioro cognitivo. Y en la medida en que más teman caerse, más disminuirá su independencia.

El estudio, realizado por investigadores del Western Medicine, de Nedlands, Australia Occidental, se centró en los ejercicios en casa que aumentan el equilibrio. Aquellos que realizaban ejercicios se caían mucho menos que los del grupo de control durante los primeros seis meses; también mejoraron su equilibrio después de doce meses, mientras que el grupo de control experimentó un deterioro en el suyo.

Megan J. Wraith, autora del estudio presentado por la Western Medicine, explicó en una conferencia de prensa que, a medida que las personas se ven cada vez más afectadas por los cambios en la memoria y en el pensamiento, y a medida que crece el riesgo de caerse, “la calidad de vida puede deteriorarse”. Wraith afirmó que los resultados del estudio sobre ejercicio físico en el hogar “son lo suficientemente motivadores para que continuemos con este enfoque y desarrollemos, a mayor escala, programas de ejercicios que puedan realizarse en el hogar”.

Debido a que las caídas pueden conducir a costosas hospitalizaciones o internaciones en hogares para el cuidado de adultos mayores, los investigadores sugieren que concentrarse en este grupo de alto riesgo puede prevenir daños y ahorrar dinero.



Originalmente publicado en AARP Bulletin Today.

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