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Foto: iStockphoto.com/Steve Cole 

Reforma del sistema de salud: Asalto a la verdad
Les presentamos los mitos más persistentes acerca de la reforma del sistema de salud, cómo surgen y qué dicen, en realidad, las tres principales propuestas en la Cámara de Representantes y el Senado sobre estos temas.

Por Patricia Barry
agosto 2009

Reforma del sistema de salud: ¿Qué está en juego para los hispanos?
(verano 2009)

Los esfuerzos de Obama por reformar el sistema de salud
(abril 2009)

Ayuda para los que son demasiado jóvenes para Medicare
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Cómo eliminar la fase de ausencia de cobertura 
(AARP Bulletin)

Ahora, la lucha se está volviendo encarnizada. Como era de esperar,  han desaparecido los guantes de seda en torno al debate sobre la iniciativa del presidente Obama para reformar el sistema de salud. Demócratas y republicanos están librando una batalla para determinar cómo componer un sistema que, todos concuerdan, está quebrado; así es como se supone que trabaje el Congreso. Este verano, sin embargo, un nuevo elemento ingresó al ruedo político: un tsunami de rumores, mitos, reportajes diseñados a sembrar miedo e información falsa acerca de las propuestas que surgen de internet en nanosegundos. “Estoy totalmente confundido acerca de lo que está sucediendo —escribió uno de sus lectores al AARP Bulletin—. ¿Cómo puedo saber en quién creer?”

La información falsa se propaga a toda velocidad
Es una buena pregunta. Otra pregunta es cómo este fenómeno nuevo —la capacidad de diseminar información errónea a gran velocidad, a través de cadenas de correos electrónicos, blogs, mensajes de texto y “tuits”— afectará el debate.

“Lo que estamos presenciando es un flujo de contenido viral que distorsiona la iniciativa de Obama para reformar el sistema de salud”, afirma Kathleen Hall Jamieson, directora del Annenberg Public Policy Center (Centro de Políticas Públicas Annenberg) de la University of Pennsylvania (Universidad de Pensilvania), quien codirige FactCheck.org, un sitio de internet que analiza toda afirmación cuestionable que surja de cualquier punto en el espectro político.

Las herramientas con las que cuenta actualmente la oposición son muy distintas de las que se utilizaron contra los anteriores intentos por reformar el sistema de salud, en la era Clinton. Por aquel entonces, los medios de ataque clave disponibles eran la publicidad televisiva y las campañas por correo, que eran caras y llevaba tiempo organizar.

“Siempre existieron los extremistas y las personas tan cerradas en su propia ideología que distorsionan todo —señala Jamieson—. Pero no tenían un modo de llegar a tanta gente de una manera tan eficiente como tienen ahora.”

Entendiendo las propuestas
La reforma del sistema de salud tiene “serias consecuencias en la vida de la gente, y sería útil que la mayor cantidad de gente posible comprendiera de qué se tratan las propuestas”, prosigue Jamieson. Sin embargo, añade, el aumento del uso de internet y el declive de los periódicos como principal fuente de información pone en riesgo esta perspectiva. 

Para sumar a la confusión, si bien Obama habló de los objetivos generales para la reforma, dejó en manos del Congreso el tratamiento de los detalles. El resultado: una cantidad de comités, cada uno de los cuales está desarrollando y anunciando una variedad de propuestas que se modifican a medida que las negociaciones avanzan. “Este proceso ha fracasado a la hora de ganar el apoyo público para la reforma, y ha dejado a la gente nerviosa —señala Robert Blendon, profesor de políticas de salud y análisis político de la Escuela de Salud Pública de Harvard University (Universidad de Harvard)—. De modo que los distintos titulares que se publican cada día, por tratarse de proyectos de ley distintos, infunden temor a diferentes personas.”

¿Podría suceder que los incesantes rumores terminaran afectando el resultado? Los coléricos intercambios y violentas interrupciones registrados en las reuniones que mantuvieron los legisladores en sus ayuntamientos, durante el receso de agosto, sugieren que esto podría suceder. Los miembros del Congreso tuvieron que enfrentar una batería de preguntas basadas en los mismos mitos diseminados por internet.

¿Qué sucedería si un desproporcionado número de votantes que cree en esos rumores concurriera a estas reuniones, mientras quienes están felices con la idea de una reforma del sistema de salud se quedaran en sus casas? “¿Cambia eso el significado de la opinión pública para el congresista? —se pregunta Jamieson—. ¿Pueden los rumores lograr que un congresista regrese [a Washington] diciendo: ‘Voy a perder las elecciones si voto por esto?’”

Sin embargo, Blendon cree que, a la larga, la mayoría de los votantes, especialmente los independientes, no se dejarán influenciar por los mitos. “El verdadero debate, para ellos, es: ¿Qué nos sucederá a mi familia y a mí?”, sostiene.

Según Blendon, a medida que las propuestas se pulen en un solo proyecto de ley, lo que podría suceder este otoño, los estadounidenses obtendrán información más completa acerca de lo que realmente les interesa: si aumentarán o bajarán sus costos relacionados al cuidado de la salud con la reforma, si subirán o no los impuestos para pagarla, o cuál será el impacto que la reforma tendrá en el déficit.


Mientras tanto, aquí les presentamos los mitos más persistentes acerca de la reforma del sistema de salud, cómo surgen y qué dicen, en realidad, las tres principales propuestas —un proyecto de ley de la Cámara de Representantes, uno del comité de salud del Senado y una serie de opciones que todavía están siendo consideradas por el Comité de Finanzas del Senado— sobre estos temas:

P. ¿Se hará el gobierno cargo del sistema de salud de modo que terminemos con un sistema de medicina socializada?

No. Ni el Presidente ni ningún comité del Congreso han sugerido nada ni remotamente parecido a que el gobierno sea quien se vaya a hacer cargo del sistema de salud.

Obama ha rechazado la idea de un sistema de “pagador único”, como el de Canadá, donde el gobierno es quien asegura a todos los ciudadanos. Ninguna de las propuestas principales del Congreso ha considerado, siquiera, la posibilidad de tomar ese rumbo, hecho que ha generado fuertes protestas de algunos grupos de médicos y consumidores que favorecen esta propuesta. Y a pesar de que el senador Edward Kennedy, demócrata por el estado de Massachusetts, ha estado solicitando durante mucho tiempo un programa “Medicare para todos”, esta posibilidad no está contemplada en las propuestas del comité de salud del Senado que él preside.

Aun más lejos de la mesa de propuestas, está el concepto de “medicina socializada”, en la que el gobierno no sólo administra el sistema de salud, sino que, además, es dueño de los hospitales y paga los salarios de los médicos. Gran Bretaña tiene este tipo de estructura, al igual que el Departamento de Asuntos de Veteranos y el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

¿De dónde surge este mito? La oposición utiliza constantemente el término “sistema de salud administrado por el gobierno” para desacreditar las propuestas de reforma, a pesar de la popularidad y el éxito de algunos programas existentes que son administrados por el gobierno, como Medicare. Muchas veces, esta táctica funciona. Hasta algunos beneficiarios de Medicare dicen que les preocupa que el gobierno “se haga cargo” de Medicare.

¿Qué dicen las propuestas? Obama ha propuesto establecer un “plan público” único —disponible sólo para los que no tengan un seguro a cargo del empleador—, de modo de proporcionar una alternativa voluntaria a los distintos planes privados que ofrecen seguros de salud individuales. Los proyectos de ley de los comités de la Cámara de Representantes y del Senado proponen un plan público nacional que compita con esos planes y que cumplan con los mismos requisitos. Se espera que el Comité de Finanzas del Senado excluya un plan público. Los legisladores también están considerando como opción un sistema de salud comunitario cooperativo, administrado por el estado.


P. ¿Los seguros privados serán prohibidos o perderán importancia?

                  

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Originalmente publicado en AARP Bulletin Today.

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