En tanto el Congreso y la administración Obama buscan el modo de lograr que todos los estadounidenses puedan disponer de una cobertura de salud asequible, existe un grupo especialmente vulnerable que, otra vez, está en el centro de la atención pública. Se trata de las personas no aseguradas de entre 50 y 64 años, quienes están atrapados en una atemorizante zona de penumbra dentro del sistema de salud: son lo suficientemente mayores como para presentar más problemas de salud, pero demasiado jóvenes para ser aceptados por Medicare.
Durante los últimos 15 años, la idea de brindar una cobertura especial a este grupo etario —tal vez, permitiéndoles ingresar en forma temprana a Medicare— ha sido propuesta una y otra vez. Pero ahora, a medida que los boomers —personas nacidas durante la explosión de nacimientos, entre 1946 y 1964— comienzan a ingresar en la categoría de personas de mediana edad, en un momento en el que muchos de ellos están perdiendo sus empleos, su complicada situación se ha vuelto más visible y urgente.
“El dramático giro de la economía ha empujado a muchos de ellos a una jubilación temprana y, de este modo, han perdido la cobertura de salud a cargo del empleador”, señala John Rother, vicepresidente ejecutivo de AARP, a cargo de políticas y estrategias. Para quienes no cuentan con este tipo de cobertura, ya sea que estén trabajando o no, la única opción es comprar un seguro individual privado. Pero en este mercado, “la práctica de excluir a personas debido a condiciones médicas preexistentes ha aumentado y ha dejado a mucha gente sin la posibilidad de obtener una cobertura médica, cualquiera sea el precio”, añade Rother.
“Los constantes incrementos en los costos del cuidado de la salud también han dejado fuera del mercado a muchas otras personas: en la mayoría de los estados, no existe verdaderamente una cobertura asequible para las personas adultas mayores que no estén aseguradas por su empleador.”
Actualmente, según la U.S. Census Bureau (Oficina del Censo de EE. UU.), más de 55 millones de boomers están en sus 50 años o comenzando a surcar los 60, y se espera que, para 2015, esta cifra crezca a 63 millones, es decir, el 19% de la población. Un análisis realizado por el Public Policy Institute (Instituto de Política Pública) de AARP muestra que en este rango de edades:
- más de 7 millones de personas no están aseguradas;
- a los 50 años, casi una de cada seis personas que se presentan para obtener un seguro individual es rechazada, y a la edad de 60, esta cifra crece a una de cada cuatro;
- aquellos que logran acceder a un seguro individual pagan primas que son, en promedio, tres veces más altas que las que pagan las coberturas a cargo de los empleadores;
- entre aquellos que poseen un seguro individual, el 67% gasta, al menos, el 10% de lo que queda de sus ingresos después de haber pagado los impuestos en cuidado de la salud, mientras que entre los que tienen una cobertura a cargo de su empleador, sólo el 25% llega a gastar ese porcentaje de sus ingresos en cuidado de salud.
De las personas que están consultando la columna “Ask Ms. Medicare” (“Consulte a la Sra. Medicare”) en el sitio web de AARP Bulletin Today, una creciente cantidad tiene menos de 65 años. Por lo general, han perdido la cobertura a cargo del empleador, casi siempre por haber sido despedidos, y están intentando desesperadamente encontrar una cobertura alternativa. “¿Cuándo podré obtener Medicare?”, preguntan frecuentemente. Sin embargo, bajo la ley actual, las personas menores de 65 sólo pueden calificar para Medicare si reciben el beneficio por discapacidad del Seguro Social, padecen la enfermedad de Lou Gehrig o insuficiencia renal. Y aquellos a los que se les han concedido pagos por discapacidad deben esperar dos años antes de tornarse elegibles para Medicare.
A lo largo de los años, grupos de apoyo y algunos miembros del Congreso han propuesto extender los servicio de Medicare a las personas menores de 65 años que no tengan cobertura, considerando la posibilidad de alcanzar la elegibilidad a los 50, 55, 60 ó 62 años, según la propuesta.
Un esfuerzo reciente es el proyecto de ley Medicare Early Access (Acceso Temprano a Medicare), presentado el 8 de mayo por el senador Jay Rockefeller, demócrata por el estado de West Virginia, presidente del Subcomité de finanzas para el cuidado de la salud. Este proyecto haría posible que las personas de entre 55 y 64 años accedieran a Medicare y recibieran un subsidio gubernamental del 75% de su costo a través de un crédito impositivo federal, lo que haría que las primas de la Parte A (cobertura hospitalaria) y Parte B (servicios médicos para pacientes ambulatorios) resultaran más asequibles.
Un coauspiciante, el senador Benjamin Cardin, demócrata por el estado de Maryland, señaló que esta legislación, que es apoyada por AARP, “representa un importante avance en nuestro camino hacia un sistema de salud universal, asequible y de calidad que proteja las coberturas a cargo de los empleadores y expanda las opciones públicas”.
Los expertos sostienen que, probablemente, la presión por lograr una reforma general del sistema de salud, que es una preocupación actual del Congreso, reemplazará este enfoque. “En este momento, el diálogo se encuentra en un nivel más universal, buscando reformas amplias del sistema que extiendan la cobertura a todos, incluyendo a este grupo etario”, afirma Sara Collins, vicepresidente ejecutiva del Program on the Future of Health Insurance (Programa sobre el futuro del sistema de salud), del grupo de investigaciones del Commonwealth Fund, en Nueva York.
Por ejemplo, a comienzos de este mes, el Comité de Finanzas del Senado ha publicado un documento en el que se describen varias opciones de políticas posibles para alcanzar una cobertura casi universal. Una propuesta central, que posiblemente sea parte del paquete final, es la de crear un intercambio de coberturas de salud, a través del cual los particulares y las pequeñas empresas puedan elegir una cobertura a partir de un menú de opciones. Se les otorgaría un subsidio a quienes no pudieran afrontar el pago de las primas.
El documento también propone un programa “Buy-in” de Medicare (también conocido como programa “de ahorro” de Medicare), para que las personas de entre 55 y 64 años puedan acceder, pero sólo como un recurso provisorio hasta que el intercambio de coberturas esté funcionando. Esta propuesta es mucho menos generosa que el proyecto de ley de Rockefeller. Los que se enrolen en este sistema provisorio pagarían unos $600 a $700 en primas, no recibirían ninguno de los subsidios que los beneficiarios de Medicare reciben actualmente y tendrían que pagar un cinco por ciento extra para cubrir los costos administrativos. Este documento también afirma que si los costos de Medicare para este grupo etario resultaran más elevados de lo esperado, se les podría llegar a pedir a los afiliados que se hagan cargo de la diferencia, pagando un cargo extra en primas para el programa regular de Medicare una vez que cumplan los 65 años, “y continuar haciéndolo hasta que cumplan los 85”.
Otra propuesta importante es la prohibición federal de la práctica, dentro del mercado de seguros individuales, de negar cobertura o cobrar primas muchísimo más caras por condiciones médicas preexistentes. Esto por sí solo beneficiaría enormemente a las personas de entre 50 y 64 años sin cobertura, aun si no se concretara el programa “Buy-in” de Medicare. Según un estudio realizado por la fundación Kaiser Family Foundation, alrededor de una de cada cuatro personas de este grupo presenta un estado de salud regular o malo, mientras que entre las personas del mismo grupo etario que cuentan con cobertura a cargo del empleador, sólo una de cada diez presenta un estado de salud similar. Además, ésta es la edad en la que, por lo general, comienzan a aparecer ciertas enfermedades crónicas, como la diabetes y los problemas cardíacos.
Sin embargo, bajo la misma propuesta, los aseguradores podrían seguir cobrando primas más altas, basándose en la edad: hasta cinco veces más altas que las que se les cobra a personas más jóvenes.
Massachussets, estado que en 2007 impulsó una cobertura por mandato para todos sus habitantes y utiliza el sistema de intercambio de coberturas de salud para ayudar a los que no tienen cobertura a encontrar una que les resulte asequible, también permite la tasación por edad, aunque los aseguradores no tienen permitido cobrarles a las personas mayores por las primas más del doble, en promedio, de lo que les cobran a los jóvenes. Los defensores del consumidor señalan que, aun así, muchos residentes mayores ya están experimentando el desagradable impacto de, al festejar un nuevo cumpleaños, ver cómo las primas, súbitamente, aumentan hasta un 45%.
Si este año el Congreso no logra que se aprueben extensas reformas al sistema, medidas dirigidas a determinados grupos —como el conformado por personas de entre 50 y 64 años— ganarán fuerza. Dada esta situación, Collins sostiene que “un programa ‘Buy-in’ de Medicare sería muy positivo para este grupo etario.” Según el informe de la Kaiser Family Foundation, desde el 2000, las encuestas de opinión vienen señalando, sistemáticamente, que cerca del 75% de los estadounidenses apoyan esta idea. Sin embargo, como siempre, mucho depende de los detalles. ¿Ofrecerá el gobierno mayores subsidios? Esto lograría que el programa resultara atractivo para los consumidores; pero posiblemente, el Congreso se resistiría, dado los costos totales. Sin los subsidios, sólo las personas más enfermas encontrarán que esta posibilidad vale la pena y los costos, inevitablemente, impulsarán las primas aun más arriba.
Otra preocupación es si este programa “Buy-in” de Medicare, en el caso de que estuviera subsidiado y resultara asequible, podría atraer a personas que ya contaran con cobertura y hacer que abandonasen la cobertura a cargo del empleador, un escenario que muy pocos en el Congreso quisieran presenciar.
Rother, de AARP, se muestra escéptico. “En la mayoría de los planes basados en el empleo, el empleador paga casi el 75% de la prima y el empleado se hace cargo de cerca del 25% restante, por lo que, en esa situación, no les resultará conveniente abandonar el plan —afirma—. Y aun si la admisión trajera consigo un subsidio del 75%, la mayoría de los planes de los empleadores ofrecen una cobertura mucho mejor que Medicare, que, en promedio, paga sólo cerca de la mitad de los costos de los beneficiarios.”
Patricia Barry es editora senior de AARP Bulletin.