Siguiendo el camino seguro
POR Teresa Burney
La doctora Emma Ferrer comenzó a sentirse
insegura al conducir su automóvil. El tránsito de Miami
parecía haber empeorado y algunos conductores estaban, definitivamente,
cada día más bruscos. “Comencé a tomar autobuses
y taxis y a evitar el uso de mi auto”, dice la anestesióloga
jubilada de 72 años. “Manejar me ponía cada día
más tensa”.
El sentimiento de inseguridad era inusual para
esta cubana que emigró a los Estados Unidos en 1969 y volvió
a la escuela de medicina a los 30 años, para poder ejercer en
su nuevo país. “He manejado desde muy joven y siempre fui
una conductora muy segura de mí misma”, comenta.
De modo que cuando se enteró del Programa
de seguridad para conductores de AARP se inscribió en uno de
los cursos que se dictaba en español, a 40 millas de su casa.
“Aquí hay muchos conductores a quienes no les importa nada.
La luz roja no significa nada para ellos… tampoco la señal
de detenerse… tenía que aprender cómo defenderme”,
dice Ferrer.
Pues aprendió a defenderse y mucho más
en ese curso, dictado por el instructor Gabino Garrido. La primera lección
fue… controlar su ira con otros conductores, “debido a que
se puede pasar muy pronto de la ira a la violencia”. Ferrer comenta,
que ahora logra ignorarlos cada vez que pasan y le hacen gestos obscenos.
| ‘La mayoría de la gente
percibe que algo está cambiando [en relación con su
habilidad para conducir] pero no saben identificar esas debilidades’ |
Además, de repasar ciertas técnicas
de manejo que había olvidado, Ferrer adquirió algunas
nuevas. Ahora, por ejemplo, sabe que debe mantener las ruedas frontales
del automóvil alineadas mientras espera, para girar a la izquierda,
en una intersección. Cuando las ruedas de un automóvil
están dobladas y es embestido por detrás; o si el pié
del conductor se desliza fuera del freno, el automóvil virará
en la dirección hacia la cual apuntan las ruedas, o sea, hacia
el carril del tránsito que viene en dirección opuesta.
“Yo no lo sabía”, dice Ferrer.
Tampoco sabía que el oído, la vista
y los reflejos pueden verse afectados por la edad. En el curso aprendió
cómo compensar las disminuciones. La doctora Ferrer ahora deja
más espacio entre su auto y los otros y dedica más tiempo
a planificar los recorridos para evitar, dentro de lo posible, los giros
a la izquierda más peligrosos y las calles con mucho tránsito
o en construcción.
Gracias al curso, recuperó la confianza
y ahora maneja con más frecuencia. Además, tiene derecho
a un descuento en el seguro de su automóvil, debido a que reside
en uno de los 37 estados que lo ofrecen a aquellos conductores mayores
que hacen cursos de actualización.
“De principio a fin, el curso me resultó
fantástico”, dice Ferrer. “Lo recomendaré
a todas mis amistades”.
No obstante, es posible que le resulte difícil
convencer a sus amistades. Los instructores de AARP en varios lugares
del país no logran convencer a muchos hispanos a que tomen el
curso en español. Además no encuentran suficientes voluntarios
que hablen español, para dictarlos. “Aún no entendemos
la razón”, nos dice Brian Greenberg, el consultor nacional
del programa. “No hay que pasar ningún examen y los participantes
se divierten compartiendo sus experiencias de manejo”.
Rosa de León, oriunda de El Paso, Texas,
e instructora de manejo de AARP, pasa mucho tiempo hablando en emisoras
de radio hispanas y visitando centros de jubilados e iglesias, tratando
de convencer a cada persona que conoce a que tome el curso en español.
Con frecuencia, la mayoría de las personas que logra convencer,
cancelan su inscripción a último momento. “Pero,
no me doy por vencida…creo en los beneficios del programa”,
dice León.
El programa es eficaz. Pero, según los instructores,
la mayoría de las personas no se dan cuenta de cuánto
puede ayudarles el curso, hasta que deciden tomarlo. Mucha gente se
niega a entender que los cambios físicos normales, que llegan
con la edad, reducen la habilidad para conducir. Los estudios demuestran
que quienes hacen el curso sufren menos accidentes y reciben menos multas.
Las personas mayores de 55 años sufren menos
accidentes, en total, que las personas más jóvenes, pero
sufren más accidentes, por milla recorrida, que los conductores
entre los 35 y 54 años de edad. Al acercarse los 75 años,
el número de accidentes por milla recorrida aumenta considerablemente.
“La mayoría de la gente percibe que
algo está cambiando [en relación con su habilidad para
conducir]”, dice Gabino Garrido. “Pero no saben identificar
esas debilidades”. Garrido y otros instructores enseñan
a los alumnos del curso maneras de compensar los efectos de la edad
cuando manejan y formas de evitar los errores más comunes.
Los instructores también vuelven a enseñar
algunos de los trucos útiles que los conductores aprendieron
hace ya décadas atrás, pero olvidaron. “Cuando termine
el curso, sabrá quién tiene el derecho de paso, cómo
girar a la izquierda [con prudencia] y cómo cambiar de carril”,
dice Garrido, “los tres errores más grandes que cometen
la mayoría de las personas”.
A continuación, le sugerimos leer lo relacionado
con los pasos que los estados están tomando para reducir
los riesgos a los que se exponen los conductores adultos mayores,
conteste la prueba sobre
conocimientos de conducción y visite algunos
lugares en la Internet.
volver al comienzo