Vuelva a clases
POR Julia Bencomo Lobaco
Laura Godfrey no lucirá toga ni gorro de graduación, ni avanzará por
un pasillo al compás de Pompas y circunstancias, pero, a sus
49 años, sí está a punto de completar los estudios necesarios para
obtener el título de Bachiller Universitario. Michael F. Maez, de 52
años, afirma que la primera vez que obtuvo un título académico, lo
hizo por su madre, mientras que la segunda vez, lo hizo por sí mismo.
Por último, cada sábado, María Castillo, Doctora en Medicina, de 61
años de edad, asiste a clases de arte en una universidad local. Al
respecto, dice que es algo que agrega riqueza y creatividad a su atareada
vida como ginecóloga.
Muchos hispanos adultos están volviendo a estudiar, ya sea para concretar
un sueño de toda una vida, avanzar en sus carreras o por el mero placer
de aprender algo nuevo. Estos alumnos no tradicionales sacrifican noches,
fines de semana y tiempo con la familia, y, con frecuencia, comprometiendo
el presupuesto familiar. Vale la pena, dicen, con toga y gorro, o sin
ellos.
| ‘Uno debe planificar sus estudios
en torno al trabajo y no, a la inversa; de modo que hay que buscar
un programa que resulte lo suficientemente flexible’ |
"No me importa el aspecto visible o público de este asunto", comenta
Godfrey, una argentina que en agosto obtendrá un título en Comunicaciones.
A pesar de haber obtenido, ya, un título en Humanidades (Associate
of Arts) en 1966, retomó los estudios en el año 2001, un año después
de que su hija mayor ingresara a la universidad. "En Argentina no se
otorgaba ese título (Associate of Arts), de modo que no sentía
que tuviera uno. El único que contaba para mí era el que había logrado
tras cuatro años de estudios; por lo tanto, es una deuda que tengo
pendiente conmigo misma", explica. "Será todo un logro. Estoy muy comprometida
con este asunto".
Las razones que llevan a retomar los estudios
varían, pero, a menudo,
responden a dos categorías, dice Gabe DeGabriele, Director Ejecutivo
de la Asociación de Estudiantes no Tradicionales en Educación Superior
(Association for Non-Traditional Students in Higher Education, ANTSHE), única
organización nacional que atiende exclusivamente las necesidades de
los estudiantes no tradicionales. "Tendemos a ver que los varones apuntan
más a mejorar en el aspecto laboral, mientras que las mujeres buscan
realizarse en lo personal".
Maez se ubica en ambas categorías. Luego de 20 años en la Fuerza Aérea,
se retiró, en 1992, y se encontró con que nadie estaba dispuesto a
contratarlo por el salario que él pretendía. Al año siguiente, con
41 años, regresó a la universidad, y se graduó en 1996. En el 2003,
obtuvo una maestría en Justicia Criminal. "La razón principal por la
que quise obtener mi título de Bachiller Universitario fue cumplir
con el deseo de mi madre", comenta este mexicano estadounidense de
Utah. "Nadie en mi familia lo había conseguido antes. Ahora, una de
mis sobrinas está en la universidad y mi hermano mayor, terminando
sus estudios. Supongo que podemos decir que la cadena se rompió".
Castillo, que vive en Miami, Florida, no
anhelaba obtener un título
académico ni avanzar en su carrera profesional. "Es bueno hacer cosas
para alimentar el alma, y no sólo por dinero. Pinto porque me gusta",
dice. Cuando llegó a Estados Unidos, en 1982, con un divorcio reciente
y cuatro hijos, esta nicaragüense debió empezar nuevamente su carrera
médica casi desde cero, para poder ejercer en este país. El trabajo,
el estudio y la crianza de sus hijos no le dejaban tiempo libre. Aunque
sus hábiles manos ya no practiquen cirugías, aún las usa para expresar
su creatividad; ahora, a través del arte.
Estudiar otorga beneficios suplementarios,
comenta. "Uno aprende algo
nuevo cada día, pero también brinda la oportunidad de estar con los
compañeros de clase y compartir cosas con ellos. El aspecto social
es importante". Cuando pacientes mayores concurren a su consultorio
enojados o agresivos, suele deberse a que se sienten solos y, simplemente,
necesitan a alguien con quien hablar, sugiere. "Deberían tomar clases
de pintura, regresar a la escuela o prestar servicios a su comunidad.
Si se mantienen ocupados, se sentirán felices".
Para empezar
El miedo puede mantener a los
adultos lejos de las aulas. Dar el primer paso es clave, sostienen
los que ya han
apostado a la educación.
"Lo más difícil es esa primera clase", afirma Irene Higareda Ponce,
de 56 años de edad, que trabaja en servicios al lector, en la Biblioteca
Seymour, de Knox College, en Galesburg, Illinois. "Es muy extraño entrar
en ese ambiente desconocido. Da mucho miedo". Por ello, recomienda
tomar clases sobre temas conocidos o cercanos: "Uno tiende a rendir
mejor en las áreas que conoce bien". En el año 2000 obtuvo su título
de Bachiller Universitario en Humanidades.
Ser el único varón en la clase de cosmetología fue más bien embarazoso,
confiesa Art Adalid, de 54 años, que se graduará dentro de un año. "Al
principio era escéptico. No estaba acostumbrado a lavarle el pelo o
a ponerle ruleros a otras personas. Ahora me siento cómodo".
También sabe que aprender a hacer tinturas para el cabello y a pintar
las uñas de los pies le ayudará a ejercer su verdadera pasión, que
es la peluquería.
Adalid afirma que la percepción de tener limitaciones educativas o
de idioma también mantiene alejados de la escuela a muchos hispanos
adultos. Sin embargo, él ha recibido mucha ayuda y apoyo en Ogden-Weber
Applied Technology College, de la localidad de Ogden, en Utah. Dice
que no deberían tener miedo a pedir ayuda, y que muchas escuelas cuentan
con oficinas para atender a estudiantes con ese tipo de dificultades.
Otro obstáculo para asistir a clases es, a menudo, encontrar el tiempo
para hacerlo. Para Adalid, vencer ese obstáculo significó compartir
su sueño con su empleador. "Hablé con mi jefe y lo arreglamos de modo
tal que yo pudiera asistir a clase cuatro horas en las mañanas, y luego,
al trabajo, de 11:30 de la mañana a 8:30 de la noche", nos explica
este conductor de ómnibus para personas discapacitadas. Ese horario
implicará que le tome seis meses más que si asistiera a clase tiempo
completo, pero asegura que el arreglo vale la pena.
Otros beneficios
Acercarse a los libros
también genera modelos
a imitar y sistemas de apoyo para los hijos de los estudiantes mayores
y para otras personas.
Maez afirma que obtener una maestría fue una manera de fijar objetivos
para sus hijos. "Les pido que me igualen o me superen". Además, hace
uso de esa experiencia a la hora de aconsejar a detenidos en la Corte
Juvenil donde trabaja. Recuerda que nunca lo alentaron a buscar educación
superior y que, a duras penas, terminó la secundaria. Dice a sus acusados: "Hablo
contigo porque he estado en tu misma situación, no porque use traje
y corbata". Ahora que terminó la maestría, también enseña Justicia
Criminal en la Universidad Park de Ogden.
Según Godfrey, tener objetivos definidos y un espíritu competitivo
puede ser bueno y malo a la vez. "Obtengo puras A, y eso es terrible",
dice riendo. "Desearía que no fuera así, porque luego tengo que mantener
ese promedio. La competencia es con mis hijos. Me preguntan: '¿Qué calificación
obtuviste, mamá?' ".
Compartir experiencias también puede contribuir a un mejor entendimiento.
Durante un semestre, Higareda Ponce y tres de sus hijos coincidieron
en la universidad. "Sabía por lo que estaban pasando", afirma. Sintió la
presión de tener que estudiar para una prueba importante y la frustración
de no encontrar, hasta el último minuto, el material de investigación
necesario. Dice que esa experiencia le ha permitido comprender mejor
las necesidades de los estudiantes de Knox.
El apoyo familiar resulta esencial para
el estudiante adulto. Fue muy duro trabajar en horarios nocturnos
y luego asistir a la escuela,
sostiene Maez, padre de una hija y un hijo, de 15 y 19 años,
respectivamente. "Mis hijos son fabulosos, y mi esposa es increíble".
Su esposa Kaye, que siempre lo alentó, está, incluso, dispuesta a hipotecar
su casa para que él pueda obtener el doctorado, cuenta.
Selección de la escuela más conveniente
Hay
que investigar las posibles opciones antes de matricularse, aconseja
Gabe DeGabriele a los potenciales
estudiantes. "Los animo a que no
se fijen en la escuela más cercana, sino, más bien, en la que ofrezca
el programa o servicio que más les convenga".
Una manera de saber si una escuela es benévola con los estudiantes
no tradicionales consiste en averiguar el porcentaje de dichos estudiantes
matriculados. "Si pueden contestar esa pregunta sin vacilaciones, entonces
conocen a ese tipo de estudiantes, y es probable que ofrezcan buenos
servicios", afirma. "Si no pueden contestarla, es mejor seguir buscando
en otro lugar".
También es bueno considerar el número de clases que se dicta a través
de internet; cuántas, de manera convencional, y la duración del curso. "Para
algunos, resulta conveniente un semestre de 16 semanas, pero no creo
que lo sea para la mayoría, que prefiere un formato más acelerado",
dice DeGabriele. "El aprendizaje a distancia [mediante internet] es
una opción importante, pero los estudiantes con los que converso valoran
más la interacción personal con los profesores".
Godfrey escogió el University of Maryland University College. "Se
especializa en casos como el mío, pues ofrece cursos por internet,
cursos por las noches y durante los fines de semana", dice. "Uno debe
planificar sus estudios en torno al trabajo y no, a la inversa; de
modo que hay que buscar un programa que resulte lo suficientemente
flexible".
¿Quién paga los estudios?
DeGabriele dice
que, cuanto mayor sea el estudiante, mayores son los impedimentos para
obtener préstamos que permitan cubrir la matrícula
y los libros. "Si tengo 35 años y deudas que me tomará diez años saldar,
todavía me quedarán 20 años de actividad laboral. Si, en cambio, tengo
50 y debo pagar hasta que cumpla 60. esto es algo que debe tenerse
en cuenta".
Hay becas, subvenciones y préstamos disponibles, pero los expertos
recomiendan averiguar sobre la legitimidad y credibilidad de aquéllos
que los ofrecen. El gobierno federal también brinda ayuda como, por
ejemplo, la Subvención Federal Pell (Federal Pell Grant), que está a
disposición de estudiantes universitarios y graduados con necesidades
financieras extraordinarias.
Otra fuente de asistencia financiera puede
provenir de los empleadores. AARP está comprometida con el aprendizaje de por vida de sus miembros
y funcionarios, según Bryan Rawlings, consultor en educación de AARP.
A partir de ello, la organización ofrece ayuda a sus trabajadores en
lo que respecta a gastos de enseñanza. "AARP se esfuerza todo lo posible
en ayudar a sus funcionarios a alcanzar sus metas educativas para que,
a su vez, ello tenga impacto positivo en el servicio a nuestros miembros".
Es indudable que resulta sacrificado, para una persona mayor, retomar
sus estudios. Sin embargo, para Adalid y otros estudiantes mayores,
esos sacrificios se minimizan al ser comparados con las recompensas.
"Acaso [mi relato] motive a algunas personas y las convenza de que
nunca es tarde para retomar un sueño al que, quizás, creían haber renunciado",
comenta Adalid, mientras se prepara para asistir a clase.
No se apresure a matricularse hasta que haya
revisado nuestros 5 consejos para escoger una escuela
y conseguir financiamiento.
Estos enlaces son provistos solamente como
fuentes de información. AARP no endosa, no tiene control y no se responsabiliza
por estos sitios de enlace o por el contenido, publicidad, materiales,
productos y/o servicios ofrecidos a través de sus páginas.
volver al comienzo