Reformar el Seguro Social, no destruirlo
Por William D. Novelli, CEO
abril/mayo 2005
 AARP |
Mientras perseguimos el objetivo de alcanzar la seguridad económica para cuando nos jubilemos, queda claro que el Seguro Social requiere ser fortalecido hoy para beneficio de nuestros hijos y nietos. Al igual que el presidente Bush, tenemos un marcado interés en que el Seguro Social sea solvente en el largo plazo y mantenga su solidez financiera. Pero en el esfuerzo por lograrlo, debemos asegurarnos de que la solución no sea peor que el problema.
Uno de los cursos de acción que deberíamos evitar es desviar las deducciones salariales, que hoy van al Seguro Social, a cuentas privadas de inversión. Esto, más que mejorarla, empeoraría la solvencia proyectada, y podría llevar a grandes recortes en los beneficios. Esta forma de enfrentar el problema es riesgosa, enormemente cara e innecesaria. La mayor parte de la gente comprende esto. Nuestra investigación muestra que casi el 70 por ciento de los adultos de 30 o más años de edad creen que el Seguro Social debería ser protegido como beneficio garantizado y no debería ser privatizado.
| El Seguro Social no está en “crisis”, pero el statu quo en que se encuentra tampoco puede continuar indefinidamente |
La implementación de cuentas privadas de inversión —que absorben dinero del Seguro Social— recortaría los beneficios garantizados y trasladaría los costos a generaciones futuras. Desviar un tercio de las deducciones salariales que hoy se pagan al Seguro Social (que es la proporción usualmente sugerida para cuentas privadas) recortaría la financiación del programa y generaría un déficit estimado de dos millones de millones de dólares. Eventualmente, este déficit tendría que ser cubierto aumentando impuestos, recortando beneficios y/o tomando deuda. Además, las cuentas privadas ponen en riesgo algo fundamental como la seguridad durante la jubilación. La esencia del Seguro Social es garantizar ingresos jubilatorios estables y predecibles. Las cuentas privadas atentan contra esa garantía. Por cierto, hay aspectos de la planificación de la jubilación en los que tiene sentido asumir ciertos riesgos —los planes 401K y las cuentas individuales de retiro, por ejemplo—, pero el Seguro Social no es uno de ellos.
El Seguro Social no está en “crisis”, pero el statu quo en que se encuentra tampoco puede continuar indefinidamente. Apuntalarlo para el largo plazo no requiere una transformación radical. No es necesario desmantelar el programa para salvarlo. Si hacemos cambios razonables hoy, el programa podrá pagar el total de los beneficios a la generación “boomer” —la de los niños nacidos durante la época de gran natalidad que siguió a la Segunda Guerra Mundial (1946-1964)— y a los que sigan. A continuación, un par de ejemplos que, combinados, nos llevarían a superar la mitad de los recursos necesarios para garantizar solvencia; y aún así, hay otras opciones para considerar:
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Restablecer la práctica según la cual el 90 por ciento de los salarios pagados en el país contribuyan al Seguro Social. Esto llevaría el límite por encima del cual no se contribuye al Seguro Social durante el año 2005, de 90.000 a 140.000 dólares al año, aunque, quizás, gradualmente, a lo largo de una década. Ello reduciría el déficit proyectado en alrededor del 43 por ciento. |
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Diversificar el Fondo de fideicomiso del Seguro Social para obtener un mayor rendimiento, lo que podría solucionar el 15 por ciento del problema. |
Medidas modestas como las señaladas son suficientes para fortalecer el Seguro Social en el largo plazo. Una vez que la gente entiende esto —y aprende las consecuencias negativas de las cuentas privadas creadas a partir del Seguro Social—, se inclina abrumadoramente a hacer cambios menos severos al programa, y, preferentemente, temprano.
AARP no se opone a todas las cuentas privadas. Durante mucho tiempo hemos promovido mejoras en vehículos de ahorro privado tales como los planes 401(k) y las cuentas individuales de retiro (IRAs). Pero, para una jubilación segura, necesitamos estos ahorros además del Seguro Social, y, definitivamente, no a expensas del programa.
Por favor, haga saber a sus representantes en el Congreso y senadores que mantener la seguridad y solvencia del Seguro Social es fundamental, pero que es un error crear cuentas privadas con recursos del mismo para hacerlo. Si hacemos cambios razonables hoy, cumpliremos con nuestras obligaciones para con todas las generaciones.
El problema del Seguro Social tiene varias soluciones. A continuación, se enumeran nueve maneras de mantener la solvencia del sistema.
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