¿Cuál es la idea?
El problema del Seguro Social tiene varias soluciones. A continuación, se enumeran nueve maneras de mantener la solvencia del sistema.
Por Thomas N. Bethel
abril/mayo 2005
El debate sobre el Seguro Social se puede resumir en una sola pregunta clave: ¿Puede el sistema actual enfrentar el retiro de la generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial —cerca de 77 millones de personas nacidas entre 1946 y 1964— y, aún así, mantenerse en buenas condiciones para las generaciones venideras?
En la actualidad, el sistema recibe más fondos que los que invierte. Pero, si no se hace nada, la situación cambiará totalmente para el año 2018 —unos 10 años después de que las personas de edad más avanzada y nacidas en el período de la posguerra cumplan 62 años (edad mínima para comenzar a percibir los beneficios del retiro)—.
Aunque los cálculos varían, el Seguro Social debe contar con fondos suficientes para pagar todos los beneficios, hasta cierto momento, entre los años 2042 y 2052. Pero, en lugar de canjear los bonos depositados en los fondos de fideicomiso del sistema —lo cual forzaría al gobierno a incrementar los impuestos, tomar préstamos o reducir los presupuestos porque los legisladores ya le han hecho extracciones a estos fondos para cubrir otros gastos—, muchos expertos coinciden en que sería conveniente tomar medidas pronto, a fin de mantener la solvencia del sistema.
En realidad, el debate sobre la creación de cuentas de ahorro privadas es una distracción porque, tal como lo ha reconocido el presidente Bush, las cuentas no harían nada por apuntalar el estado contable del Seguro Social. El dinero que se desvíe para estas cuentas privadas tendría que ser devuelto de alguna manera, si se desea continuar con el pago de los beneficios prometidos a aquellas personas que ya están retiradas o están próximas a hacerlo. Casi todos coinciden en que la creación de cuentas privadas con fondos del Seguro Social haría más difícil los esfuerzos por equilibrar las finanzas del sistema.
Entonces, ¿qué beneficiaría al sistema? Los actuarios del Seguro Social y los analistas de la Oficina de Presupuestos del Congreso coinciden en que se podría mantener la solvencia del sistema durante los próximos 75 años —las predicciones de plazos más prolongados carecen de sentido— si se implementaran inmediatamente dos medidas: elevar la tasa combinada de impuestos sobre el salario del empleador-empleado, del 12,4 por ciento al 14,3 por ciento, es decir, con un incremento de un 15 por ciento, o reducir los beneficios en un 13 por ciento.
Por supuesto, nadie está sugiriendo estos cambios. Pero las cifras son útiles para mostrar que el Seguro Social no enfrenta una brecha financiera infranqueable y, mucho menos, la bancarrota. Se proyecta que los niveles de ingresos y gastos de los próximos 75 años serán casi iguales: los fideicomisarios del Seguro Social anticipan un déficit equivalente a menos del 2 por ciento de los salarios (ingresos totales gravables).
Los expertos y los políticos han presentado varias ideas para reducir dicha brecha. A continuación, enumeramos nueve maneras de incrementar los ingresos y reducir los costos.
El incremento de los ingresos
1. Elevar el límite superior
En 1983, el Congreso aprobó la meta de gravar el 90 por ciento de todos los salarios de los empleos incluidos en la cobertura del Seguro Social. Conforme a las leyes actuales, los ingresos que sobrepasan un límite máximo determinado —el cual sube a medida que los ingresos promedio aumentan y, actualmente, se ha establecido en los $90.000— no están sujetos a impuestos. Pero los ingresos de las personas que devengan más han aumentado con mayor rapidez que los salarios de las personas que ganan menos, lo que ha traído como resultado que alrededor del 15 por ciento de todos los salarios estén libres de impuestos. Muchos expertos están a favor de que se graven esos sueldos altos, y Bush no ha descartado explícitamente esta medida.
El antiguo Comisionado del Seguro Social, Robert M. Ball, ha propuesto elevar dicho límite máximo gradualmente, de modo que para el año 2045 se perciba nuevamente el 90 por ciento de todos los salarios incluidos en la cobertura. “No es un impuesto nuevo —destaca—. Simplemente, restaura una política ya establecida por el Congreso (por lo que la medida debe recibir apoyo bipartidista)”.
El cambio afectaría únicamente al 6 por ciento de todos los contribuyentes, si bien el incremento en los ingresos netos reduciría el déficit pronosticado en casi un 32 por ciento —o hasta un 40 por ciento si se pusiera en práctica con mayor rapidez.
El senador Lindsey Graham ha sugerido otra variante de esta opción con su enfoque “hoyo de rosquilla” o “doughnut hole”: gravar los salarios que llegan al límite máximo actualmente establecido, eximir los salarios que llegan a una cifra determinada por encima del límite establecido y, entonces, gravar los salarios más elevados. De esa forma, afirma, la clase media superior no tendría que cargar con el incremento de los impuestos. Graham utilizaría el incremento en los ingresos para pagar los costos multimillonarios del proceso de transición hacia un sistema que incluya cuentas privadas.
2. Incrementar la tasa de impuestos sobre los salarios
Los economistas Peter Diamond y Peter Orszag incrementarían gradualmente las contribuciones de los trabajadores y el aporte de los empleadores del 12,4 por ciento actual al 15 por ciento, en 70 años.
Piense en la idea de esta manera: ¿Estaría usted dispuesto a pagar un incremento del 21 por ciento de primas, en un período de varias décadas, con el fin de mantener una póliza de seguro que lo proteja contra salarios perdidos por discapacidad? Una póliza que le pague beneficios de retiro hasta el último de sus días y le pague beneficios a sus familiares sobrevivientes cuando usted muera? Si su respuesta es afirmativa, entonces ésta es una idea que se debe mantener en la mesa de discusiones. Se calcula que dicho incremento en la tasa de impuestos sobre los salarios podría eliminar el 100 por ciento del déficit de ingresos a largo plazo.
Por otro lado, los impuestos sobre el salario ya son altos, y su incremento repercutiría enormemente en los trabajadores que devengan menos sueldo. Y Bush ha dicho que consideraría prácticamente cualquier idea “menos el incremento de la tasa de impuestos sobre los salarios”.
3. Incrementar el impuesto sobre los beneficios
A menudo, se ha dicho que el Seguro Social malgasta miles de millones de dólares en el pago de beneficios a retirados adinerados que no necesitan ningún tipo de ayuda. Como dijo un periodista de Washington: “Mi madre dice que los cheques que ella recibe del Seguro Social únicamente cubren los pagos de su Jaguar”.
Algunos creen que la manera más justa de resolver este problema no es mediante la denegación de beneficios a las personas en mejor situación económica —lo cual sería penalizarlas por su éxito—, sino incrementar los impuestos sobre los beneficios, de modo que los beneficiarios con mayores ingresos contribuyan en mayor proporción a mantener la solvencia del sistema. Esta medida reduciría el déficit en un 10 por ciento.
4. Preservar una parte de los impuestos sobre bienes y dedicárselo al Seguro Social
El impuesto sobre el caudal relicto se está reduciendo por etapas. En lugar de eliminarlo en su totalidad, como Bush propone, se podría mantener en el nivel establecido para el año 2009, cuando únicamente el caudal hereditario de $3,5 millones o más ($7 millones en el caso de una pareja) sería gravado. El Representante demócrata de Wisconsin, David Obey, entre otros, ha propuesto dicho plan. En ese nivel, asevera, sólo la mitad del 1 por ciento de todo el caudal hereditario será gravado. La eliminación total de los impuestos, discrepa, significaría “una gran bonanza para los que ya son los más afortunados en la sociedad —a expensas de los contribuyentes—”. Esta modificación reduciría el déficit en un 27 por ciento.
5. Convertir el Seguro Social en un sistema universal
Alrededor del 30 por ciento de todos los empleados estatales y gubernamentales no están incluidos en el Seguro Social. Muchos expertos sugieren que los empleados de contratados recientemente entren en el sistema y compartan las obligaciones y los beneficios. Pero algunos empleados públicos objetan la idea, preocupados de que pudieran ver reducida su protección, mientras algunos gobiernos estatales y locales se resistirían a pagar su parte de los impuestos sobre los ingresos. De modo que no está claro si esta idea cobrará o no fuerza política. El Comisionado Ball le daría al estado y los gobiernos locales cinco años para que modifiquen los planes de beneficios de sus empleados. La conversión del Seguro Social en un sistema universal reduciría el déficit en un 10 por ciento.
6. Invertir algunos de los fondos del fideicomiso en fondos vinculados a un índice
Según la ley, los fondos del fideicomiso del Seguro Social se invierten en bonos del gobierno. La inversión de una parte de estas finanzas en fondos del mercado de acciones vinculado a un índice podría producir mayores rendimientos. Los riesgos serían menores porque el Seguro Social podría absorber las fluctuaciones del mercado con más facilidad que las personas de manera individual, quienes se verían forzadas a retirarse cuando bajase el valor de sus cuentas.
Varios miembros del consejo de asesores sobre Seguro Social de 1994-96 han propuesto la inversión del 15 por ciento de los fondos de fideicomiso en fondos vinculados a un índice. Canadá ha hecho inversiones directas con fondos de su versión del Seguro Social, y la revista Business Week recientemente recomendó la misma medida para Estados Unidos. “Aparentemente, cada día queda más claro que el método de inversiones directas sería más barato y menos riesgoso”, afirma la publicación.
Las objeciones de que el gobierno pudiera tratar de influir sobre el mercado, ya sea por “corrección política” (por ejemplo, no comprar acciones de la industria del tabaco) o con el fin de evitar los descensos, han perdido fuerza últimamente dado que, al menos por el momento, los planes de Bush para la creación de cuentas privadas también requieren que el gobierno controle los fondos. Según la suma que se invierta, el incremento de los rendimientos podría reducir el déficit entre el 15 y 45 por ciento o más.
Otras ideas encaminadas a incrementar los ingresos incluyen:
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Establecer un pequeño incremento en la tasa de impuestos sobre los salarios en 40 ó 50 años a partir de la fecha actual, de ser necesario para mantener el balance de 75 años |
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Recurrir a nuevas fuentes, como un impuesto sobre el valor agregado para productos y servicios |
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Financiar parcialmente el Seguro Social a partir de los ingresos provenientes de los impuestos generales (una idea que podría resultar si los presupuestos tuvieran excedentes, pero impráctica a causa de los enormes déficit de la actualidad) |
Los actuarios concuerdan en que el déficit en el Seguro Social desaparecería totalmente si las medidas relativamente modestas que se han esbozado en este artículo se pusieran en práctica. Es probable que algunas de dichas medidas no generen mucho apoyo político, pero los cálculos muestran que incluso algunas de las opciones aquí propuestas podrían mantener la solvencia del sistema durante muchos años.
Reducción de los costos
Los legisladores no sólo tienen que preocuparse por el Seguro Social, sino también por otras cosas más. El programa Medicare está enfrentando fuertes presiones financieras, al igual que el programa de seguro médico federal-estatal Medicaid. De modo que existen posturas a favor de la reducción de los beneficios del Seguro Social.
Cualquier propuesta de reducción de beneficios se debe considerar con cautela. Los beneficios se redujeron en 1983, cuando se analizaron las finanzas del sistema. Como resultado de ello, el Seguro Social ofrece, actualmente, menos ingresos de retiro —como un porcentaje basado en los salarios devengados— que en el pasado, y la tasa de reemplazo, como es conocido, continuará en descenso. Para una persona con un salario medio, los ingresos del retiro representaban el 41,2 por ciento en el año 2000; para el 2030, se espera que sea del 36,5 por ciento. Además, se espera que los costos en constante ascenso de las primas del Plan B del Medicare reduzcan aún más los beneficios a un promedio del 9 por ciento para el mismo año 2030. A continuación, algunas ideas para reducir los costos:
7. Ajustar el Complemento por el Costo de la Vida (COLA)
Los ajustes anuales por el costo de la vida (COLA) implementados por el Seguro Social incrementan los beneficios a fin de que el sistema pueda mantenerse a la par de la inflación. Dichos ajustes protegen a 48 millones de beneficiarios, cuyo poder adquisitivo se reduciría con el paso del tiempo. El Índice de Precios al Consumidor (CPI, por sus siglas en inglés) es quien determina el valor del COLA, aunque es una medida que podría exagerar la inflación al no reflejar totalmente los reemplazos que los consumidores hacen al realizar sus compras en función del alza de los precios.
El Departamento de Estadísticas Laborales ha desarrollado un CPI más exacto que el Presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, y otros funcionarios han recomendado. Aunque produciría ajustes ligeramente menores, el nuevo CPI reduciría el déficit a largo plazo en un 18 por ciento. Pero muchos beneficiarios opinan que el COLA actual no es suficiente, por lo que considerarían al nuevo CPI como una reducción injustificada de los beneficios.
8. Incrementar la edad de retiro
La edad normal de retiro —edad en que se puede percibir la totalidad de los beneficios— está aumentando lentamente de 65 a 67 años (Llegará a los 67 en el año 2027, para los nacidos en 1960). Los trabajadores aún se pueden retirar a los 62 años, pero con una reducción de beneficios de una fracción de un porcentaje por cada mes que preceda la edad normal de retiro.
Una de las ideas es continuar el incremento de la edad normal de retiro, en la misma medida en que aumente la expectativa de vida. Edward M. Gramlich, funcionario de la Reserva Federal que presidió el consejo de asesores sobre el Seguro Social entre 1994 y 1996, se encuentra entre los que favorecen este enfoque. El incremento gradual de la edad de retiro hasta los 70 años, afirma, tendría un “gran impacto”, aunque sería “tremendamente polémico” porque la gente pensaría que tendría que trabajar durante más tiempo. Pero no es así, insiste, porque las personas tendrían aún la opción de retirarse antes, aunque con menos beneficios mensuales. Una “pequeña reducción del aumento de los beneficios futuros”, destaca, es una forma justa de enfrentar el hecho de que los retirados tienen la posibilidad de vivir más tiempo —y percibir más beneficios— que en 1935, cuando se estableció que la edad de retiro era de 65 años. El incremento de dicho requisito reduciría el déficit casi en un 36 por ciento.
9. Indexar los beneficios a los precios y no a los salarios
Los beneficios del Seguro Social se determinan sobre la base de la cantidad de tiempo trabajado, la cantidad de fondos aportados y otros factores como, por ejemplo, el aumento general del salario con el paso del tiempo. La “indexación de los salarios” ha ayudado a reducir la proporción de retirados que viven en la pobreza, de un 35 por ciento —en 1960— a un 9 por ciento —en la actualidad—.
Bush y otros funcionarios han propuesto la idea de indexar los beneficios iniciales a los precios, en vez de a los salarios. Dado que, por regla general, los precios aumentan más lentamente, dicha medida reduciría el aumento de los beneficios futuros —hasta un 46 por ciento como promedio, en los próximos 65 años, según los economistas Diamond y Orszag—. La reducción de esa cantidad de beneficios podría tener graves consecuencias. El Servicio de Investigación del Congreso afirma que si los beneficios hubieran estado ligados a los precios en vez de a los salarios durante la década de 1940, las tasas de pobreza entre la población de la tercera edad serían tres veces más altas que los valores actuales, lo cual sería un gran peso para los programas de asistencia pública.
Otra idea consiste en mezclar ambos tipos de indexación. Así, la indexación a los salarios protegería los beneficios de los trabajadores de bajos ingresos y la indexación a los precios reduciría los beneficios de los que ganan más. Parece que Greenspan ha explorado esta idea junto con Graham. Uno de los aspectos negativos, sin embargo, sería que si los rendimientos de sus contribuciones al Seguro Social se reducen mucho, las personas con salarios más altos se verían muy motivadas a oponerse rotundamente al Seguro Social.
Una de las razones por las que el Seguro Social ha dado buenos resultados durante 70 años es que la mayoría de las personas opina que el sistema es justo. El Seguro Social siempre ha pagado más beneficios a los trabajadores de bajos ingresos que, de otra forma, terminarían a merced de la asistencia social, aun después de haber contribuido al sistema durante toda su vida laboral. Pero muy pocas personas —salvo, tal vez, las que se oponen a la idea del Seguro Social— son de la opinión de que la estructura de redistribución las ha traicionado. Tal vez no entiendan bien cómo funciona la maquinaria del sistema (en realidad, muy pocas personas lo entienden), pero consideran que, en términos generales, produce resultados justos.
Por esa única razón es importante que no tomemos decisiones precipitadas. La mayoría de los expertos en Seguro Social concuerdan en que el sistema no está en crisis. Hay tiempo suficiente, destacan, para que los líderes de la nación seleccionen de forma inteligente la solución que proponga un plan de solvencia que goce de una aceptación general.
Thomas N. Bethell es un escritor de Washington, D.C. Editó el material Insuring the Essentials (Century Foundation Press, 2000), escrito por un antiguo Comisionado del Seguro Social, Robert M. Ball.
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Publicado originalmente en la edición de abril 2005 de AARP Bulletin
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