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| Foto: Cortez Austin |
Especial para el sitio web… Deleite para los observadores de aves
Averigüe que hay detrás del auge de la observación de aves y por qué especialmente los boomers, se están haciendo adeptos a éste pasatiempo cada vez más popular
Por Jennifer Uscher
Fue publicado originalmente en la revista AARP The Magazine Online en julio de 2006.
Durante los últimos 16 años, mientras sus vecinos pasan sus vacaciones relajándose en las pacíficas playas de El Caribe, Larry Cartwright viene disfrutando un tipo diferente de viaje: al acecho de los buhones lapones en temperaturas por debajo de 40° F en Minnesota y escalando montañas en la oscuridad a las 4:30 a.m. en Nevada para ver un perdigallo himalayo. Cartwright, un empleado de 55 años del Departamento de Defensa, de Annandale, Virginia, piensa que vale la pena soportar las llamadas para levantarse antes del amanecer y las condiciones climáticas frígidas para poder ser testigo de increíbles espectáculos naturales que muy poca gente podrá ver alguna vez. En los pastizales de Colorado, hace poco visitó varios “leks”, o tierras de exhibición, donde los gallos de las rocosas y los gallos de pradera alardean para las hembras como si fuese una discoteca para pollos. Su grupo de excursión instaló con sus miras telescópicas cuando todavía estaba oscuro, teniendo cuidado de mantenerse quietos y en silencio para no molestar a las aves. “Estuve fascinado de principio a fin”, dice Cartwright, quien se encontraba forrado con calzoncillos largos y cubierto por varias capas. Se quedaron cerca de dos horas hasta que la última de las aves terminó su exhibición. “Es absolutamente increíble ver bailar a los lagópodos de cola afilada”, dice. “Los machos abren sus alas, saltan y golpean sus pies mientras dan vueltas en círculo”. En la misma excursión, en un lek donde los gallos de pradera más grandes se debaten a duelo, se encontró con una escena con la cual se sintió plenamente identificado. “Generalmente hay algunos bailarines fabulosos y hay jóvenes que acaban de empezar y no son tan buenos”, explica. “Vi como unos machos dominantes pateaban a un joven macho hacia la periferia del lek y su cabeza le colgaba. Me hizo pensar: le tengo gran simpatía a ese tipo ¡ese soy yo en la secundaria!”.
La observación de aves le brinda a Cartwright una agradable sensación de escape. "En nuestras vidas laborales, tratamos de modificar y controlar todas las cosas. Cuando vas a observar aves no puedes hacer eso. Tienes que ir en mayo cuando aparecen las currucas. Es muy agradable no estar en control y salir de la rutina para ver qué están haciendo las aves”, afirma. Cartwright desarrolló su interés por las aves desde niño, cuando salía de cacería para ayudar a su tío con sus estudios de aves de caza (con el tiempo se dio cuenta de que prefería cazar con binoculares) y ahora cuenta con una impresionante lista de vida sobre observación de aves: ha visto 657 de las más de 900 especies aviar de Norteamérica. Aun así, sus viajes tratan tanto de aventura como de ornitología. Su apasionamiento lo lleva fuera de los caminos turísticos. "Ves a la verdadera Norteamérica, tan encantadora y natural como puede ser", dice. "Y eso es tan emocionante como la misma actividad de observación de aves".
Todas las primaveras y otoños, mientras millones de aves migratorias regresan a Norteamérica, millones de observadores de aves salen a su encuentro con sus caquis y plumajes Gore-Tex, sus binoculares y guías de campo, a explorar parques, pantanos y rellenos sanitarios, asistiendo a festivales de pájaros cantores e inscribiéndose en talleres para identificación de gorriones. La observación de aves es el entretenimiento al aire libre que está creciendo más rápidamente en Estados Unidos; más de 85 millones de personas observaron o fotografiaron aves en 2004, según un estudio realizado por el USDA Forest Service. También es un gran negocio: se gastan más de 30 mil millones de dólares al año en todos esos comederos para aves, viajes, miras telescópicas y guías; y es especialmente popular entre los baby boomers, que es la generación de la explosión de nacimientos entre 1946 y 1964: la edad promedio de los observadores de aves es 49 años. Así como Cartwright, ellos han encontrado que los beneficios de su pasatiempo favorito van más allá de acopiar una larga “lista de por vida” (ver recuadro La verdad sobre las listas) de aves que han visto o escuchado y de haber aprendido a distinguir entre un pardillo sizerín y un colirrojo de los jardines. Es una manera de agudizar nuestras facultades de observación, de involucrarnos en competencias amistosas, de contribuir con la ciencia, de relacionarnos con la comunidad y de comulgar con la naturaleza.
| ‘En nuestras vidas laborales tratamos de modificar y controlar las cosas. Cuando uno sale a observar aves no puede hacer eso’ | Hay muchas especies de observadores de aves, desde aquellos que alimentan ocasionalmente a las aves en el patio trasero de sus casas y les gusta contar a los paros de capa negra dándose un baño, hasta los que visitan hospedajes en los bosques tropicales de Borneo, para buscar especimenes más vistosos, tales como los barbudos de orejas azules y calaos rinoceronte. Algunos hasta faltan al trabajo y manejan toda la noche para marcar un ave rara en su lista, en tanto que otros dedican una que otra mañana de los fines de semana para unirse a una caminata organizada por su capítulo local de Audubon. Hay quienes no se aventurarían en el campo sin un equipo receptor GPS y una cámara digital montada en una mira telescópica y los minimalistas que sólo llevan sus viejos binoculares.
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La verdad sobre las listas |
| Muchos observadores de aves gustan de elaborar listas, conservar múltiples conteos, incluyendo especies vistas en el curso de una vida; en un año; en un día en particular; en su patio, en el parque local, en el condado, o en el estado; o en países específicos. Hacen el seguimiento utilizando las reglas de registro de la American Birding Association (ABA) y utilizan la lista de control oficial de la ABA para aves americanas, así como The Clements Checklist of Birds of the World. También pueden crear sus propias reglas y elaborar listas de aves que ven copulando, que ven desde una ventana en el trabajo, o mientras están manejando, o inclusive en sus sueños. Por lo general, una lista registra el nombre de la especie observada, el lugar y la fecha (también incluyendo algunas veces detalles, tales como el sexo, o la edad del ave) y pueden tomar nota en un cuaderno, o ingresarlo en una hoja de cálculo, en un programa de procesamiento de textos, o en un programa especializado para hacer el listado. Cualquier adición que se haga a una lista se conoce como una “marca” (tick). Un listado es de gran ayuda para darse cuenta de los patrones sobre dónde y cuándo se encuentran las aves y, al leer la lista, uno trae a la mente recuerdos de viajes y la emoción de haber pillado a un rascón de Virginia, o a un chipe oliváceo. | | Momentos álgidos naturales Ya sea que uno esté buscando aves cerca de casa, o esté adentrándose en el campo, los observadores de aves señalan que algunas veces experimentan momentos tan inesperados y trascendentales que evocan una especie de sentimiento religioso. "Puede resultar un experiencia espiritual ver 75 petirrojos en un árbol de acebo arrancando bayas, con sus pechos castaños que contrastan con el verde brillante del acebo. Uno se pregunta: ¿acaso existe en el mundo algo más hermoso que esto?” dice Marj Rines, de 61 años. “O ver halcones de cola roja en el aire bajando en espiral. Es un tipo de comportamiento de cortejeo y ser testigo de esto es muy emotivo”.
Rines, jubilada del sector publicidad, empezó hace algunos años con listas de correos electrónicos de observadores de aves en Arlington, Massachussets. Se siente muy complacida de haberla visto crecer para convertirse en una organización llamada Menotomy Bird Club, con reuniones, conferencistas y excursiones. “Terminó siendo un fenómeno”, dice y afirma que el club atrae tanto a principiantes como a observadores de aves más serios debido a que no es intimidante, se maneja por vía electrónica y no hay que pagar nada. “Me siento muy bien cuando participo en una caminata de algún club y encuentro a más de 20 personas que se sienten muy emocionadas, se divierten y socializan” afirma. “Me siento como si hubiese ayudado a promover la comunidad”.
De hecho, algunos observadores de aves sostienen que compartir su fascinación con los demás puede ser lo más emocionante de todo. Por lo general, se conocen en las caminatas, o al asistir a reuniones de clubes locales y de los capítulos Audubon y al participar en foros en línea, tales como listas de correo electrónico regionales de observadores de aves. Incluso, los viajeros pueden encontrar a un voluntario que les muestre los puntos claves locales a través de sitios en internet, tales como Birdingpal. "En realidad es el tipo de comunidad que te da el mejor recibimiento. La gente te acoge inmediatamente bajo sus alas, por así decirlo y desea enseñarte cosas", dice Kenn Kaufman, de 52 años, autor de la Guía de campo Kaufman a las aves de Norteamérica (Kaufman Field Guide to Birds of North America) (Ver “Las 10 mejores experiencias sobre observación de aves de Kenn Kaufman”). Si bien ha estado observando aves en los seis continentes, Kaufman afirma que "lo que más me emociona ahora es ver a otras personas que se les prende la chispa, saliendo y desarrollando un interés por las aves. Eso para mi es algo mágico". No hace mucho me percaté de una familia compuesta por tres generaciones en los pantanos de McGee, en Ohio, observando una oropéndola de Baltimore en el atardecer. "Era simplemente maravilloso y las aves anunciaban que había llegado la primavera y los niños pequeños exclamaban asombrados", recuerda.
Buen deporte No todo lo que se refiere a la observación de aves es tan calmado. "La gente no percibe a la observación de aves como algo de mucha fuerza, o energía”, afirma Ian Lynch, un pastor de 44 años de edad de Brimfield, Massachussets. “Piensan que se trata de gente sosegada mirando a lindos pajaritos". Sin embargo, Lynch afirma que se equivocan, siendo él un ferviente competidor en eventos, tales como el Superbowl of Birding y la World Series of Birding. Durante estas maratones, plenas de cafeína y adrenalina, que duran entre 12 y 24 horas, los equipos tratan de contar (viendo o escuchando) tantas especies de aves como les es posible, dentro de una región o estado en particular, mientras recolectan dinero para organizaciones de caridad para la preservación. Lynch viene compitiendo en la New Jersey Audubon Society’s World Series of Birding desde hace 11 años. El atesora momentos surrealistas durante el torneo, como aquella vez en que su equipo, los Wicked Witchities (el nombre se origina de “witchity”, que es el llamado de las currucas de pecho amarillo comunes), llegó al Great Swamp National Wildlife Refuge para escuchar el llamado nocturno de las aves pantaneras. Los equipos rivales se congregaron en silencio alrededor de ellos, en la oscuridad. "¡Es la 1:30 de la madrugada y tienes a 50 personas en un estacionamiento tratando de escuchar a un rascón real!", dice. Sin embargo, uno de los problemas de estos encuentros nocturnos, es que algunas veces uno no puede distinguir el llamado de un ave del llamado de un competidor. "Una vez escuchamos el llamado de un buho listado y cuando nos dispusimos a contarla, un par de minutos después, escuchamos el motor de un auto y supimos que en realidad había sido uno de los miembros de un equipo rival, los Lagerhead Shrikes, o los Cornell Sapsuckers", dice.
Debido a que los equipos se ayudan mutuamente por adelantado intercambiando datos para encontrar sitios de observación de aves y a que todo el puntaje se basa en un sistema de honor, Lynch lo llama "quizá la competencia más amistosa del mundo”. Cuando encuentra ubicaciones durante las semanas anteriores a las World Series, siempre confía en la información que facilitan los otros equipos. “Nunca te mandarían literalmente a cazar gansos silvestres”, dice. Hace un par de años le dieron un dato para buscar aves acuáticas y aves marinas en un punto en Port Norris, Nueva Jersey, al que él llama “posiblemente el lugar más hediondo de la tierra, con conchas de almejas apiladas hasta, por lo menos, 30 pies de altura”. A pesar de que las garrapatas se lo comieron vivo en medio de un calor sofocante, dice que la visita igual valió la pena porque conoció a un compañero que lo ayudó a localizar una curruca protonotaria. “Ser intenso en la observación de aves me da una gran sensación de relajo. Me aleja de todas mis preocupaciones y problemas", afirma Lynch.
Aves raras Debido a que no quiere arriesgarse a perder la oportunidad de ver algún ave rara en su área, Lynch se ha inscrito en un servicio de línea de emergencia manejado por el Brookline Bird Club. Cuando se localiza a un ave que rara vez se encuentra en Massachussets, o en esa época del año, recibe un correo electrónico en su teléfono móvil. “Me encontraba en una reunión de trabajo cuando mi celular empezó a vibrar en mi bolsillo y me di cuenta que era un tordo y a sólo 20 minutos de distancia, en la Reserva Quabbin”, cuenta. Esta era una de esas “aves de toda la vida” (la primera vez en su vida que vería la especie), de manera que salió apurado de la reunión y corrió a buscarla. Una vez en la reserva, no tuvo ningún problema para localizar el tordo debido al gentío que se había congregado.
Y nada reúne a una multitud más rápidamente que un ave que está fuera de hábitat normal. En agosto de 2004, un halcón patirrojo (un ave cuyo hogar natural es Europa, Asia y África) apareció en una pista de aterrizaje de Martha's Vineyard, siendo la primera vez que la especie era divisada en el hemisferio occidental. Aproximadamente 10.000 observadores de aves, algunos provenientes desde tan lejos como California y Alaska, participaron del peregrinaje para añadir a esta ave de rapiña a sus listas de por vida.
Una manera más significativa de poner la "marca" (añadir una ave nueva a la lista), según Howard Higley, administrador de 54 años de edad de una empresa de investigaciones biomédicas en Mountain View, California, es ofreciéndose como voluntario para una investigación científica. Él ha invertido su tiempo en la recopilación de datos para proyectos, tales como el conteo de aves en Navidad, un estudio en Iowa sobre currucas cerúleas y para ponerles bandas a aves de bosques tropicales en Ecuador. “Los naturalistas aficionados siempre han contribuido con nuestro conocimiento de lo que existe”, afirma. Higley fue uno de los pocos voluntarios que tuvo la buena fortuna de ser elegido para apoyar al equipo del Laboratorio de Ornitología de Cornell, en la búsqueda del elusivo pájaro carpintero marfil. La observación de aves le ha brindado muchas oportunidades para poner sus habilidades al servicio de los proyectos en los que él cree, "pero de hecho también tiene su lado de coleccionista", afirma. “Mi ave favorita es una que todavía no he visto”.
Vida silvestre en el hogar Mientras que la pasión por la observación de aves nos puede llevar a lugares distantes y exóticos, como lo ha hecho con Higley, también nos puede abrir los ojos a la biodiversidad de nuestro propio patio trasero. Hasta que Tiny Gehrke, 47 años, residente de Manteca, California, se mudo de Bélgica a Estados Unidos, hace cuatro años, nunca había visto un colibrí en su vida. “Mi primer encuentro con uno fue en mi propio patio y no podía creer lo bello, veloz y acrobático que era. Me cautivó de inmediato y ahora los colibríes me vuelven loca”, dice. Gehrke buscó en internet y encontró que lo que había visto era un colibrí Anna (la única especie que pasa todo el invierno en California). No pasó mucho tiempo para que su patio se llenara de comederos para aves y se ofreciera como voluntaria para el Great Backyard Bird Count (sólo en inglés), manejado por Audubon y el Laboratorio de Ornitología de Cornell.
“Es muy adictivo” dice ella. “Cada vez que uno ve un ave, quiere averiguar cómo es su llamado, dónde vive, adónde emigra”. El año pasado Gehrke aprendió que algunas veces uno no tiene que salir a buscar un ave rara porque ellas vienen donde uno. Ella descubrió una oropéndola de huerta hembra, una especie que rara vez se ve al oeste de las montañas rocosas, que se quedó viviendo en uno de sus comederos durante varias semanas. “Estaba fuera de temporada y lugar y vinieron observadores de aves de todo el norte de California para verla por sí mismos, incluidos algunos biólogos”, cuenta. Todos los visitantes eran amables y se sentían muy agradecidos, añade y “me siento tan honrada de que una oropéndola haya escogido mi patio. No pasa un día sin que piense en ella”. A Gehrke le gusta ir a pasear, binoculares y cámara en mano, a su parque local todos los días y señala que uno no tiene que ir muy lejos ni gastar mucho dinero para disfrutar de las aves. “Con sólo mirar alrededor y escuchar, uno puede ver aves bellas por todos lados”.
Kenn Kaufman piensa que el interés por las aves está creciendo debido a que cada vez hay más tecnología que hace todo por nosotros; no obstante, queda en nosotros una necesidad subconsciente que necesita relacionarse con cosas naturales. “Las aves nos acercan a la vida silvestre, especialmente cuando uno piensa en aves migratorias que simplemente llegan a nuestros patios traseros”, dice. “Son una parte de la naturaleza que hace que la vida silvestre sea accesible para todos".
Palabras de aves: Glosario
| Aun cuando usted no haya aprendido a imitar el canto de un gorrión de garganta blanca, parecerá que sabe de lo que está hablando en el campo si domina algo del argot. A continuación resumimos lo que es un buen comienzo: |
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Digiscoping: |
Tomar fotos con una cámara digital a través de un telescopio, o binoculares |
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Distribución: |
Área geográfica donde se puede encontrar una especie en particular |
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Diurnos: |
Aves activas durante el día |
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Endémico: |
Ave nativa de un área en particular y que no se encuentra en ninguna otra parte. Por ejemplo, el Island Scrub-Jay que solamente vive en la Isla de Santa Cruz en las costas de California |
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LBJ: |
Little Brown Job, o gorrión marrón común |
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Lista de por vida: |
Lista de todas las especies de aves que uno ha visto en su vida. Hay muchas variaciones posibles y, por lo general, los observadores de aves llevan varias listas, tales como listas anuales, por estado, por condado, o listas de jardines, listas sólo de oído, e inclusive listas de aves vistas por televisión |
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Lifer: |
La primera vez que un observador de aves ve a una especie en particular |
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Muda: |
El proceso a través del cual las aves reemplazan sus plumas, despojándose de las antiguas y dejando crecer nuevas |
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Nocturna: |
Aves activas durante la noche, tales como la lechuza y el halcón nocturno |
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No nativa (también conocida como “exótica” o “introducida”): |
Aves que han sido liberadas de cautiverio y ahora llevan una vida silvestre, pero que no son nativas de Norteamérica, tales como las palomas, los estorninos y los periquitos monjes |
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Pishing: |
Hacer siseos para imitar los llamados de pájaros cantores y atraerlos para poder verlos |
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Ave chatarra (Trash Bird): |
Un ave insoportablemente común |
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Twitching: |
Búsqueda de especies de aves raras para “marcar” la lista de por vida (término británico) |
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Cuello de curruca: |
Dolor de cuello que se produce al mirar hacia arriba a las copas de los árboles durante muchas horas, buscando currucas |
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