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El autor, Frank O. Sotomayor, tenía 6 años de edad en 1949, cuando se tomó esta foto familiar en su hogar, en Tucson. Se le ve sentado entre sus padres, Amelia y Florencio E. Sotomayor. A la izquierda, su hermana Dora y hermano Ramon; a la derecha, su hermana Alice y hermano Ernie. Foto: Cortesía Frank O. Sotomayor. 

A todo color: Historias familiares
Filmar las narraciones de los hermanos requiere de una planificación sólida; pero para este relator, la experiencia resultó más enriquecedora de lo esperado.

Por Frank O. Sotomayor
septiembre 2008

Consejos para obtener mejores resultados

Todos tenemos una historia que contar (AARP The Magazine)

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El rancho familiar se quemó mucho antes de que yo naciera. Mientras crecía, no escuché mucho acerca de este episodio; pero recuerdo los ojos de papá, en sus últimos años, llenos de lágrimas cuando hablaba de la tragedia que nunca pudo olvidar. Sin embargo, recién cuando mis hermanas mayores compartieron conmigo sus recuerdos, pude entender el profundo significado que tuvo este incendio en la vida de todos nosotros.

Es demasiado tarde para preguntarles a mis padres acerca del incendio. Lamento no haber registrado las historias de sus vidas —en cinta o en papel— mientras estaban vivos. Así que, como el menor de cinco hermanos, hace poco me hice cargo del desafío de aprender sobre la familia, recurriendo a mis hermanos para documentar en videos, para nosotros y para las futuras generaciones, las historias de sus vidas. El resultado es un tesoro en DVD que guarda la tradición familiar y, lo que es más importante para mí, una comprensión mucho más profunda de mis propias raíces.

Ahora soy un verdadero creyente en el poder de la narración oral, que es un viaje memorable. Sin embargo, reproducir una historia oral en DVD requiere de una sólida planificación. A través del método de ensayo y error, aprendí algunas técnicas que tal vez resulten de provecho a otros que emprendan este proceso por primera vez.

Cuando partí de Los Ángeles hacia Tucson, Arizona, para reunirme con mis hermanos, no tenía idea de cómo se desarrollaría el proceso. ¿Cómo se sentirían mis hermanos al momento de grabar los detalles de su vida? Los primeros encuentros fueron cruciales para ponernos de acuerdo acerca de los procedimientos de grabación. Soy periodista y ya había grabado algunas películas caseras antes, así que mis hermanos parecían tenerme cierta confianza. Les aseguré que haría que el proceso resultara sencillo, ya que tomaría el rol de entrevistador y de productor de los DVD finales.

Consejos Para Obtener Mejores Resultados

¿Contratar a un profesional?
ISi no se siente cómodo manejando una cámara de video, puede pedirle a un amigo que lo haga, o puede contratar a un profesional. Busque en la guía telefónica, o en Internet, bajo el título “servicios de producción de videos”. De todos modos, usted es el más capacitado para conducir la entrevista oral, debido a su conocimiento de la familia.

Cómo hacer preguntas:
Recuerde, usted no es un reportero que está investigando y buscando información que pueda causar problemas. Las preguntas deben ser fáciles de responder. Constrúyalas de modo tal que no puedan ser contestadas con un simple “sí” o “no”. Utilice preguntas que se desprendan naturalmente de las ya formuladas, tales como: “¿Cómo te sentiste acerca de eso?”, mientras guía a los entrevistados en forma cronológica por sus vidas. Si no pueden recordar fechas, trabaje con ellos, con comentarios como: “Naciste el 1.º de septiembre de 1935. ¿Cuáles son tus recuerdos más cercanos a esa fecha?”
Videocámaras:
Hoy en día, las videocámaras digitales son excelentes y los precios oscilan desde $250 a $500 ó más. Yo utilicé una mini videocámara para DV, pero también es posible disponer de mini DVD, memoria flash y sistemas de disco rígidos internos. Busque en Internet, vaya a un negocio que venda cámaras y explíquele al vendedor lo que quiere hacer; pida que le explique los pros y contras de cada formato. Pruebe con qué cámara se siente más cómodo. Una vez que tenga la videocámara, el manual de instrucciones puede parecerle intimidatorio, tal como me sucedió a mí. Yo me comuniqué con el Servicio al Cliente del fabricante y pedí instrucciones “paso a paso”.
Equipamiento:
Haga una lista de todo el equipamiento adicional que necesitará: cintas, baterías cargadas, cable de alimentación y un trípode. Coloque todo en el bolso de la cámara.
Cómo prepararse para grabar:
Utilice un trípode, a menos que tenga que seguir a alguien alrededor de la casa. Minimice el ruido; apague el aire acondicionado. Verifique la iluminación.
Cómo convertir cintas en DVD:
Si está utilizando el formato de mini DVD, los discos pueden usarse directamente en el reproductor de DVD. Puede llevar la cinta de mini DV a una casa de fotografía y convertirla a DVD. O, como hice yo, puede convertirla usted mismo en su reproductor de DVD, con la computadora, utilizando el software que viene con su videocámara o cualquier otro producto comercial. Algunos formatos de videocámaras ofrecen varias opciones. Tenga en cuenta que existen distintos tipos de DVD que pueden grabarse; intente utilizar el formato para DVD-R, que puede utilizarse en casi todos los reproductores de DVD.
Últimas palabras:
No lo postergue, ¡hágalo!
Traté de que cada uno de ellos participara en la planificación de su “película”. Buscamos sitios para filmar que fueran tranquilos y que tuvieran una iluminación que resultara favorecedora. Para algunas entrevistas, fijé la cámara con un trípode y me senté cerca de ellos, lo que me permitió concentrarme en las preguntas y respuestas. Mis dos hermanas, Dora y Alice, fueron mostrándome fotos a medida que recordaban momentos claves de su vida. Mi cuñado, Bill Sutherland, caminó alrededor de la casa mientras describía el material gráfico que había realizado. Percibí que mi hermano Ramon podría llegar a sentirse un poco nervioso con la grabación, así que me senté cerca de él y, con la cámara prendida, tuvimos una charla de hermanos.

Una perspectiva más clara
Me fascinaron los relatos que escuché y la historia que aprendí.

El incendio fue en 1934, cuando mis hermanas Dora y Alice tenían 5 y 3 años de edad, respectivamente. Ellas recordaron a nuestro padre, Florencio E. Sotomayor, quien, para mantener a la familia, cultivaba verduras en una granja al noroeste de Tucson. También recordaban la caña de azúcar y los pimientos dulces que resultaron premiados en la Feria Estatal de Arizona. Dora también recordó, en detalle, la mañana del domingo en que se subieron al camión familiar, junto a nuestros padres y a nuestro hermano Ramon, quien, en ese entonces, era un bebé. Esa mañana, concurrieron a misa en la Iglesia Católica de la Sagrada Familia y visitaron a parientes que vivían en el pueblo. Tarde ese día, cuando regresaban por el camino sin pavimentar y desierto, rodeado de saguaros gigantes y mezquites, fueron sorprendidos por una humareda que provenía de una pila de cenizas humeantes. Entonces, la realidad los golpeó: su hogar se había quemado hasta los cimientos.

“Mamá, papá y todos comenzamos a llorar —recordó Dora—. Mamá gritaba: ‘Mi casa. ¡No hay casa!’”. La casa, la ropa, los muebles y los recuerdos familiares se habían perdido. Para mamá, que en ese entonces tenía 24 años, fue especialmente doloroso perder su hermoso vestido de bodas. Mis padres nunca supieron qué fue lo que inició el fuego, que también quemó sus corazones.

La joven familia se mudó a la casa de mi abuela paterna, Maria Antonia Encinas, cuyo hogar —que también estaba en la propiedad familiar— no había sido alcanzado por el fuego. Mamá, aparentemente, se guardó para ella el trauma emocional, y muy rara vez hablaba de lo sucedido. Papá retomó los trabajos de granja y utilizó materiales de desecho para agrandar la casa de su mamá. Nuestro segundo hermano, Ernesto, nació en 1936.

A través de las grabaciones y del trabajo genealógico de Alice, también me enteré de que el padre de nuestro padre había inmigrado a Tucson desde Sonora, México, en la década de 1880, cuando Arizona ya era un territorio estadounidense. Se convirtió en ciudadano norteamericano, se casó y adquirió una propiedad bajo la Ley Federal de Propiedad, que concedía tierras públicas, que no estuvieran ocupadas, a los colonos.

En 1938, aún afectados por la Gran Depresión, mi abuela y papá vendieron la propiedad familiar a un precio muy barato y se mudaron al pueblo. Papá comenzó a trabajar como jardinero en un hotel y, con barro y paja, construyó una casa de adobe en un barrio mexicanoestadounidense. Me crié en un cariñoso hogar bilingüe y bicultural, en la calle Erie, en el barrio Hollywood de Tucson, en el que el Trío Los Panchos y Frank Sinatra poseían la misma jerarquía.

El proceso forjó un vínculo más estrecho
Mientras grababa a mi hermana Alice Sutherland, quien ahora tiene 76 años, recordó que había aprendido fotografía con una profesora excepcional de la escuela secundaria y que había sido aceptada en la universidad antes de darse cuenta de que la familia no estaba en condiciones de pagarla. Mi hermana mayor, Dora LaCome, de 78 años, relató cómo conoció al que sería su esposo —un veterano de la Segunda Guerra Mundial—, cómo había iniciado una familia y cómo habían comprado su primera casa.

Ramon, de 74 años, recordó los viejos tiempos en la calle Erie y cómo, en el Día de Todos los Muertos, nuestro hermano Ernie iba de puerta en puerta vendiendo, a los vecinos que se dirigirían al cementerio, las latas de cinias, de un galón, que papá había cultivado hábilmente. En 1953, como muchos hispanos de su generación, Ramon se ofreció como voluntario en el Ejército, luego de finalizar la escuela secundaria. Lo enviaron a Corea del Sur, justo al finalizar la Guerra de Corea, y recordó cómo tenían que soportar las guardias de 12 horas bajo temperaturas heladas, cerca de la zona desmilitarizada. “Cuando nos traían la comida en una bandeja —relató—, teníamos que comerla muy rápido, antes de que se congelara”.

Por momentos, sentía que mi grabación representaba una imposición para mis hermanos, pero ellos insistían en que no era así. Para mí, que ahora tengo 65 años, el proceso me brindó una perspectiva más clara de la historia familiar. Ahora puedo apreciar claramente la pérdida física y el dolor emocional que el fuego causó, y las privaciones sufridas. Creo que de este trauma proviene la determinación y la fuerte ética de trabajo que caracteriza a nuestra familia, ya que cada uno de nosotros realizó, en su momento, su contribución a la sociedad. Dora crió una familia y fue enfermera; Alice trabajó como técnica de retoque de fotografías antes de iniciar su familia; Ramon fue padre y empleado civil de la Fuerza Aérea; Ernie sirvió en la Armada y más tarde fue funcionario del Servicio Postal de Estados Unidos; falleció en 1992; yo me casé con Meri, periodista y compañera de trabajo, y tuvimos dos hijos. Serví al público como periodista en el Los Angeles Times y, actualmente, en el Instituto de Justicia y Periodismo Annenberg, de la Universidad del Sur de California.

Pronto será mi turno de sentarme frente a la cámara y completar la historia de la familia Sotomayor.

Tal vez los DVD no estén realizados profesionalmente, pero para nosotros tienen un valor indescriptible. Además, el proceso de creación forjó un vínculo de entendimiento aún más cercano con mis hermanos. Esta experiencia demuestra que, conociendo mejor la historia de la familia, podemos entendernos mejor entre nosotros.


Frank O. Sotomayor es un  escritor que vive en Los Ángeles. Se desempeñó como coeditor de la serie publicada por Los Angeles Times sobre latinos del Sur de California, que ganó el Premio Pulitzer por Servicios Públicos, en 1984.



Herencia y Tradición

Descubra más acerca de cómo preservar las historias de su familia y crear nuevas tradiciones, y rétese con nuestras preguntas y respuestas sobre el patrimonio hispano de Estados Unidos, ¡tan divertidas como informativas!  

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