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Foto: Karen Witynski Carr, Hacienda Courtyards 

Jardines con legado
Ya sea que tenga un patio pequeño o muy grande, agregar elementos que le hagan recordar su tierra natal puede reestablecer la conexión con su acervo cultural.

Por Barbra A. Rodriguez
mayo 2009

Eduardo Xol nos habla de jardinería
(mayo 2009)

Al estilo colonial

Cultivando las nuevas generaciones (marzo 2009)

Cocine con hierbas y especias

Al igual que sus ancestros españoles, Loretta Fresquez, de 61 años de edad, y su marido se ocupan de una granja orgánica en el norte de Nuevo México. La jardinería no sólo la conecta con sus ancestros, que llegaron de México allá por el año 1600. También revive recuerdos de la infancia. En el huerto de su padre, cuenta Fresquez, “cuando las cerezas apenas comenzaban a tomar un leve matiz rojizo, las arrancábamos del árbol”.

Menos dulces son los primeros recuerdos que tiene su marido de la jardinería. "Durante mi infancia, era una cuestión de supervivencia”, cuenta David Fresquez, de 66 años, que recuerda haber tenido que vender espárragos silvestres y otras plantas mientras su padre luchaba por pagar la matrícula de cinco niños en una escuela católica. Sólo cuando estuvo próximo a jubilarse, del Laboratorio Nacional Los Álamos, sus pensamientos se desplazaron hacia su propio jardín. “Simplemente me gusta cultivar cosas —comenta—. Me gusta la naturaleza por sí misma, estar al aire libre y disfrutar el aire fresco. Sencillamente, me hace sentir verdaderamente feliz.”

Ya sea que se trate de una granja de muchas hectáreas o de un pequeño cuadrado de hormigón, usted puede transformarlo en un paraíso que lo haga sentir feliz. Y el hecho de ahondar en la propia conexión emocional con la tierra puede llevarlo a lograr el jardín perfecto.

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PLANTAS AUTÓCTONAS DE EE. UU.

La disposición de la tierra

Prevea cómo quedará su paisaje haciendo un bosquejo del mismo, sugiere Andrés Mejides, que enseña jardinería orgánica en Miami Dade College, en el sur de Florida. “Les pido a mis alumnos que me traigan un dibujo de su propiedad y me muestren dónde se encuentran las distintas estructuras, como la casa misma, paredones y árboles existentes, para poder combinar los árboles de frutos tropicales con las verduras que les interesen, considerar dónde será más intenso el sol y cosas por el estilo.”

Luego, elabore una lista de los elementos de los que dispone. ¿El patio está construido mayormente con ladrillos u otro material característico de patios, pero tiene al menos dos límites que podrían funcionar como paredes de un cobertizo? En ese caso, lo mejor para ese espacio sería el atractivo encanto de un patio estilo hacienda (colonial), con plantas en macetas, mesas rústicas de madera y candelabros de hierro.

Con un bosquejo en mano y el conocimiento de cómo cruza el sol su tierra, se pueden distinguir áreas que permanecen a la sombra y protegidas del viento y la lluvia, y lugares donde las plantas pueden estar expuestas a temperaturas extremas. Una vez que se tiene la disposición de la tierra, se puede hilar más fino y considerar el tipo de suelo y su capacidad de retención de humedad, tal vez con el aporte de algún centro de jardinería local.

Exprese su estilo con gusto
Ahora, llegó el momento de elegir las plantas correctas para los lugares correctos. Por ejemplo, si sus espacios abiertos le traen recuerdos de su infancia y del aroma del sancocho (sopa) de su abuelita colombiana, una huerta que le permita agregar sabor a sus comidas podría tentarlo.

Foto: Karen Witynski Carr, Hacienda Courtyards

Al estilo colonial

Andrea DeLong Amaya, directora de jardines y floricultura del Lady Bird Johnson Wildflower Center, de la Universidad de Texas, en Austin, ha colaborado en el diseño de jardines temáticos, que incluyen uno con grupos de plantas nativas de EE. UU. como énfasis temáticos en un patio lindante con un pasillo de entrada de estilo misionero español. Las haciendas rurales, tanto como las casas de las ciudades en México y las misiones de EE. UU. a menudo tienen patios con influencia de sus orígenes españoles y moros. Los patios de las misiones frecuentemente incluían vegetación como frutos mediterráneos, higueras y olivos.

En lugar de las especies mediterráneas, el Wildflower Center exhibe un olivo mexicano (anacahuita), que crece en Texas y produce frutos comestibles y flores blancas similares al papel crepé. El chile pequin y sus pimientos picantes y el nopal de Texas —que los residentes de las misiones probablemente preciaban por su fruto dulce— también habitan en el patio protegido. Los mexicanos todavía agregan higos de nopal joven (nopalitos) a las ensaladas frescas o a los huevos revueltos, o los hierven o asan para utilizarlos en diversos platos.

Cultivar plantas en un ambiente estilo hacienda tiene sus ventajas: “El patio ofrece un buen marco para un jardín de cualquier tipo”, indica DeLong-Amaya. Según su ubicación, las paredes protegen de los fuertes vientos del Norte e irradian calor, que ayuda a las plantas sensibles al frío a sobrevivir los inviernos. También controlan los modelos de lluvia y sombra, y contribuyen a captar las fragancias de las flores. Por ejemplo, los aromas del patio pueden provenir de las plantas de limoncillo (con esencia de limón), como la falsa menta poleo de Drummond, que crece por todo el Oeste y Centro Oeste, y se utiliza como la menta en México.

Para los que estén resueltos a incluir un favorito mexicano en su patio, las buganvillas andan bien en zonas de Arizona, California, Florida, Luisiana y Texas, y no invaden agresivamente los suelos norteamericanos.

Se pueden colocar estas plantas y otros “trasplantes” en macetas, una característica común en los jardines de patios que también resultan apropiadas para patios pequeños o cuando el suelo es malo. Sólo asegúrese de elegir un contenedor que pueda alojar a las versiones maduras de cada planta. Esto podría significar agregar plantas en forma temporal para llenar una maceta, apunta DeLong-Amaya.

Los libros y los sitios web pueden ayudarlo a identificar el mejor tipo de planta para su clima, suelo y grado de exposición al sol. Elija aquello con lo que creció o intente algo nuevo. Cíñase a una ambientación o mezcle y combine. Explore varios colores, texturas y sabores.

Debido a que en el pasado hubo un gran intercambio de plantas de jardín a través de las fronteras, los propietarios de tierras se sienten culpables al cortar plantas que pueden o no ser de su patria. Además, las plantas de América del Norte ya están bien adaptadas a las condiciones aquí reinantes y pueden funcionar bien en un jardín con ambientación latina.

Carmen Arroyo, de 51 años de edad, prefiere muchas hierbas y verduras. Su amor por la tierra comenzó hace seis años, mientras se desempeñaba como voluntaria de El Coquí, un jardín comunitario en el barrio Humboldt Park, en Chicago. “Es un oasis muy pacífico en una ciudad por momentos turbulenta”, indica Arroyo, que vive cerca del terreno donde crecen el culantro y otras plantas utilizadas en la cocina puertorriqueña. (El culantro, originario de México y América del Sur, es diferente del cilantro, que probablemente se originó en el Mediterráneo, pero que también es parte de la cocina puertorriqueña).

La variedad realmente condimenta la vida cuando crea un espacio en el que los sabores latinos prosperan. Tome en cuenta los pimientos picantes. Mientras que algunos países de habla hispana todavía se jactan de tener pimientos únicos, con frecuencia, las plantas eran comercializadas a través de las fronteras y se les asignaba nuevos nombres. El ají cachucha, un pimiento aromático que los cubanos le agregan a los frijoles negros, crece con fuerza y hasta puede convertirse en un árbol en la zona de Miami. Pero los puertorriqueños y los dominicanos lo denominan ají dulce, e indican que es perfecto para saborear el sofrito (salteado de ajo y cebollas).

El orégano cubano, el orégano mexicano y el tomillo jamaiquino son iguales. Es más, “ni siquiera es orégano —señala Mejides—, pero tiene el sabor del orégano, el aroma del orégano y, para los norteños, es una planta hogareña agradable. Se puede utilizar para dar sabor a cualquier plato con pollo o cerdo, o carnes rojas”.

Para todos los de ascendencia cubana resueltos a tener un jardín tropical, Mejides recomienda el lirio mariposa de jengibre, la flor nacional de la isla, que anda bien en el sur de Florida y puede crecer en grandes macetas, más al norte, cuando se lo ubica en interiores, durante el invierno. Y puede cumplir una triple función, expresa: “Es una flor muy bonita, tiene mucha fragancia y sus raíces pueden utilizarse como jengibre”.

Al elegir las plantas, tenga en cuenta de cuánto tiempo dispondrá para ocuparse de ellas, indica Andrea DeLong-Amaya, directora de jardines y floricultura del Lady Bird Johnson Wildflower Center (Centro de Investigación de Flores Silvestres Lady Bird Johnson), de la Universidad de Texas, en Austin. Ella recomienda comenzar con sólo un puñado de especies de plantas. “Puede no resultar tan interesante [al principio] —señala—, pero así es cuando uno cultiva su propio jardín dedicándole su tiempo e interés.”

Agregue los toques sencillos
Una vez que tenga las plantas en su lugar, agregue muebles u otros elementos para complementar la ambientación. ¿Prefiere lo caribeño? Intente colocar hamacas paraguayas y muebles de caña o ratán. Para lograr un jardín estilo hacienda (colonial), invierta en sillas reclinables de cuero y una fuente central o de pared. ¿Su presupuesto es ajustado? Un estanque con bordes de ladrillo puede brindar un detalle de agua menos costoso. Y en lugar de utilizar muebles de época, recurra a la idea inspirada en las haciendas de pintar las paredes del jardín de color rojo oscuro, amarillo ocre u otros colores tradicionales.

Ahora usted ha creado recuerdos de buen gusto y coloridos que lo motivan a volver a casa.


Barbra A. Rodriguez trabaja en el Lady Bird Johnson Wildflower Center.



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