El vínculo con su herencia mexicana fue un violín.
Mitzi German, de 16 años, dice que tenía dificultades con el español y que no podía relacionarse con las historias de su abuela sobre la vida en México.
Esto cambió el año pasado, cuando se inscribió en una clase de mariachi para tocar el violín. De repente, Mitzi y su abuela, una fanática de la música mariachi, tuvieron algo en común. “En casa, siempre hablaba inglés —cuenta Mitzi—. Ahora, hablo con mi abuela… en español… sobre canciones.”
Si bien las clases de mariachi han estado disponibles en el Sudoeste, su popularidad se ha expandido a otras regiones, como Washington, Iowa, Georgia y Nueva York. Los niños aprenden música y el mariachi puede acercar a los latinos jóvenes y mayores, dice Jonathan Clark, del Mariachi Advisory Committee of MENC: The National Association for Music Education.
Mitzi —que escucha al intérprete de mariachi Vicente Fernández— dice que ya entiende las historias de su abuela: “Las penurias que ha padecido son verdaderamente inspiradoras”.