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Antonia Hernández, Dirigente de Derechos Civiles
Por Elizabeth Enright
febrero/marzo 2005
La mayor de siete hijos de una pareja pobre de inmigrantes mexicanos, Antonia Hernández siempre supo que lo que quería era dedicarse a ayudar a los menos afortunados. Incluso, antes de aprender a manejar, participaba en las huelgas de apoyo a los trabajadores agrícolas de California.
Posteriormente, se dedicó durante dos décadas a la protección de los derechos de los 35 millones de latinos que existen en la nación: como presidenta y consejera principal del Fondo Mexicano Americano de Defensa Legal y Educación (MALDEF), trabajó, entre 1985 y 2003, en la creación de distritos de votantes que representaran equitativamente a los latinos; se opuso a la nominación de jueces federales que tuvieran un mal historial de derechos civiles y derrotó, exitosamente, una medida estatal de California que le hubiera negado servicios médicos y educación a inmigrantes indocumentados.
“Hago buenas obras —reconoce Hernández—. Lo que verdaderamente deseo es que todos tengan la oportunidad de alcanzar su potencial”.
Actualmente, como nueva presidenta y jefa ejecutiva de la Fundación de la Comunidad de California —la novena fundación comunitaria más grande del país, con más de $650 millones de dólares en activos—, su función es la de unir los recursos de los donantes generosos con causas tales como la salud y la educación. Si bien la visión se ha reducido, el objetivo sigue siendo el mismo: mejorar la vida de los pobres.
“Poder crear oportunidades para que las personas ricas compartan sus recursos con los necesitados es maravilloso —afirma Hernández—. Estamos creando una comunidad en la que dependemos los unos de los otros. Eso es lo que ha hecho a este país tan grande”.
Este artículo fue publicado inicialmente en la revista AARP The Magazine, de enero-febrero 2005.
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