George Rodríguez: Un registro de la historia de los derechos civiles hispanos
Por Ana Figueroa
febrero/marzo 2005
A fines de la década del sesenta, el fotógrafo George Rodríguez percibió que algo estaba cambiando. “En la época en que murieron Martin Luther King y Bobby Kennedy se produjo una toma de conciencia por parte de toda la comunidad chicana”, recuerda Rodríguez, de 66 años.
Él era, para entonces, quien dirigía el laboratorio de fotografía de Columbia Pictures en Hollywood, cuando el estudio producía algunos de los programas más populares de televisión y las películas más exitosas. Posteriormente, como fotógrafo de la NBC y por encargo de la editorial de revistas de celebridades Laufer Publishing, tomó fotografías a leyendas de Hollywood, ídolos adolescentes y estrellas de rock, para revistas, libros y portadas de discos. Sin embargo, la fantasía y el encanto de Hollywood le interesaban poco comparado con las luchas de la vida real del movimiento de derechos civiles de los Chicanos.
La pasión de Rodríguez por este movimiento provino de su propia experiencia de vida. Nacido en la zona sur central de Los Ángeles, fue el segundo hijo de un padre de origen mexicano, Alfonso, y de una madre nacida en Texas, Elvira. La familia vivía en la parte trasera de su negocio de reparación de zapatos, en el distrito “Skid Row”. Para ganar algún dinero, George Rodríguez y sus hermanos lustraban zapatos y juntaban botellas. “Jugábamos en el callejón que estaba detrás del negocio de nuestro padre. Con frecuencia, había borrachos y, de vez en cuando, un muerto”, recuerda.
La vida de Rodríguez cambió en la secundaria. “Necesitaba tomar un curso opcional, y alguien me dijo que el de fotografía era fácil”, cuenta Rodríguez riéndose. Fue así como se inscribió y le gustó de inmediato. “Mi padre tuvo que pedir prestado dinero a mi tío para comprarme una cámara four-by-five (cuatro por cinco) para la clase”.
Rodríguez se destacó en retratos, paisajes y escenas de vecindarios hispanos. Una de sus fotografías ocupó el segundo lugar en un concurso nacional de fotografía auspiciado por Kodak. “El premio fue de 100 dólares, así que mi padre pudo cancelar el préstamo por la cámara”, comenta.
Poco tiempo después, por las tardes, luego de la escuela, comenzó a trabajar en un laboratorio de fotografía a color. “Mi supervisor no consideraba sensato que aspirara a convertirme en un fotógrafo profesional. Me decía que no lo iba a lograr”, recuerda Rodríguez. Pero su supervisor estaba equivocado. Luego de su graduación, consiguió trabajo como fotógrafo en un buque a vapor que navegaba desde la Costa Oeste a Hawái. Cuando el mareo y la nostalgia se apoderaron de él, decidió regresar a Los Ángeles a trabajar en un laboratorio de fotografía. Un cliente, al que le causaba buena impresión su trabajo, le pidió que montara el laboratorio de fotografía de Columbia Pictures.
| ‘No veía a ninguna otra persona registrando estos hechos fotográficamente. Incluso en la actualidad, muchas de las cosas que suceden en nuestras comunidades no son cubiertas por los principales medios de comunicación’ |
Trabajó en esto durante 12 años, lo que le permitió ahorrar lo suficiente como para iniciar, paralelamente, sus propios proyectos. Sin embargo, el camino nunca resultó fácil. Al ser uno de los primeros chicanos en trabajar dentro del rígido sistema de los estudios de Hollywood, fue víctima de hostilidad, discriminación e intolerancia. Le tomó años ingresar al poderoso Still-Photogrpher’s Union (Sindicato de Fotógrafos de Vistas Fijas). “En Hollywood, los trabajos pasan de padres a hijos. Uno tiene que conocer a alguien para abrirse camino, e incluso para entrar en los sindicatos. Yo no tuve esa ventaja”, señala.
Sin inmutarse, empezó a fotografiar el floreciente movimiento de derechos civiles chicano. Se tomaba la hora del almuerzo para asistir a las marchas de protesta, a las reuniones de estudiantes y a las vigilias de oración por los líderes caídos. En ocasiones, se tomaba el día libre para participar de algún evento de la Unión de Campesinos Unidos (United Farm Workers) liderado por César Chávez y Dolores Huerta, en Delano, California. “Sentía que contaba con el talento y las herramientas para hacerlo, y no veía a ninguna otra persona registrando estos hechos fotográficamente. Incluso en la actualidad, muchas de las cosas que suceden en nuestras comunidades no son cubiertas por los principales medios de comunicación”, explica Rodríguez.
Muchos de los eventos que fotografió Rodríguez, tales como las famosas huelgas de estudiantes que protestaban por las condiciones de inferioridad en que se encontraban las escuelas del este de Los Ángeles, se toparon con la oposición de una importante demostración de fuerza de parte de las autoridades policiales. Con frecuencia, los comisarios tomaban fotografías para identificar a los manifestantes más problemáticos, o tomaban nota de las licencias de los vehículos. “Cada uno hacía lo suyo. Me consideraba tanto un participante como un observador”, dice. “Acostumbraba a asistir a las reuniones de organización. No siempre había acuerdo en las políticas, pero sí, camaradería”.
¿Algo de qué arrepentirse?
“Absolutamente nada— , dice Rodríguez. —Quería que la gente supiera cómo éramos en esa época. Mucha gente, en ese entonces, no lo sabía, y aún no lo sabe ahora”.
A una edad en la que mucha gente está ansiosa por jubilarse, Rodríguez sigue siendo muy solicitado como fotógrafo por las principales publicaciones. Ahora puede darse el lujo de ser más selectivo con los trabajos que acepta. “Aún me gusta fotografiar a latinos. Ellos me aprecian mucho más”, asegura.
Finalmente, luego de cuatro décadas de estar relatando las luchas de los hispanos, Rodríguez continúa siendo un “cronista de la gente”.
“Cuando manejo por los vecindarios, tengo mi cámara lista en el auto todo el tiempo. Fotografío los murales, la vida de las pandillas, los nuevos inmigrantes, la gente. Todo esto es parte de la historia”.
Visite nuestra galería de fotografías para ver imágenes históricos por George Rodríguez e infórmese más sobre Chávez y la Unión de Campesinos Unidos (UFW) en nuestra entrevista exclusiva con Dolores Huerta.
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