La vida de Chi Chi Rodriguez ha transcurrido desde batear latas con un palo de guayabo, cuando era niño y crecía en Río Piedras —Puerto Rico— hasta ser uno de los jugadores más queridos de la historia del golf.
Con su sombrero jipijapa y sus descabelladas travesuras al estilo matador, después de alcanzar un hoyo, Rodriguez obtuvo renombre como gran hombre de espectáculo. Después de todo, ¿qué otro jugador de golf puede decir que su cara haya adornado la portada de un álbum clásico de New Wave, el Are We Not Men, de Devo?
Los fanáticos pudieron haber olvidado que este hijo de familia campesina muy humilde haya también sido tremendo jugador de golf, que llegó a la cima únicamente después de sobrepasar los 50 años de edad. Rodriguez también alcanzó un lugar en la historia como uno de los primeros hispanos profesionales de este deporte, junto a su viejo amigo Lee Trevino.
| Su carrera floreció verdaderamente tras cumplir 50 años y unirse a la Gira (actualmente Campeonato) Senior |
“El verdadero encanto de Chi Chi no radica sólo en lo que él representa o de dónde proviene, sino en la manera en que disfrutaba de jugar el partido”, afirma David Normoyle, Coordinador de Educación e Información del Museo de la Asociación de Golf de Estados Unidos.
Rodriguez, de 69 años, quería ser, cuando era niño, jugador de béisbol; de hecho, tomó su apodo de un jugador de béisbol que se llamaba Chi Chi Flores. Comenzó trabajando como caddie cuando tenía seis años, y pronto llamó la atención de los presentes por sus largos tiros.
Se unió a la gira de profesionales en 1960, mismo año en que lo hizo Trevino, de descendencia mexicana y quien, al igual que Rodriguez, tiene fama de extravagante. Rodriguez obtuvo su primer triunfo profesional en el Abierto Internacional de Denver, en 1963, a los 28 años de edad. Él era quien tenía menos posibilidades, y debió adelantarse desde los segundos nueve hoyos para ganar su primer premio que, en aquel entonces, era de 5.300,00 dólares.
Aquella primera victoria todavía sigue siendo la más bella. De hecho, la atesora como su mayor emoción como atleta.
Aunque ligero, Rodriguez es considerado un jugador poderoso, que envía la bola de manera consistente a 250 yardas —solía enviarla hasta 350 yardas en sus tiempos de juventud—. Sus erráticos tiros al hoyo probablemente evitaron que se convirtiera en uno de los mejores golfistas de todos los tiempos.
Ganó ocho veces la Gira de la Asociación de Golfistas Profesionales —PGA—, pero su carrera floreció verdaderamente tras cumplir 50 años y unirse a la Gira (actualmente Campeonato) Senior. No ha ganado en más de una década, pero sus ganancias como golfista sobrepasan los 7 millones de dólares.
La traviesa actitud de Rodriguez en los campos de golf es lo que siempre lo ha destacado. Los golfistas de la actualidad pueden ser extremadamente serios, pero Rodriguez siempre les ha recordado a las personas que el golf es, ante todo, un entretenimiento. Ello no significa que esa actitud no le haya traído alguna vez problemas —Arnold Palmer le advirtió que controlara sus travesuras, durante el torneo Masters de 1964—.
En 1998, sufrió un ataque cardíaco grave. Sin embargo, regresó al campo de golf plagado de chistes —como siempre— tan sólo cuatro meses más tarde.
“Es uno de los grandes embajadores del deporte —señala Phil Stambaugh, uno de los voceros de la Gira de la PGA, al citar el trabajo caritativo y el auspicio de los jugadores prometedores por parte de Rodriguez—. No fueron sus logros los que lo llevaron al Salón (Mundial) de la Fama de Golf, sino su capacidad para esparcir la buena voluntad. Es un hombre que surgió de la nada, y vean todo lo que ha hecho para ayudar a otros”.