Cuando Argentina superó la difícil clasificación por una plaza en la Copa Mundial 2010, su director técnico y un grande del fútbol, Diego Maradona, dejó perfectamente claro quién cree él que le permitirá a los albicelestes volver a alcanzar la gloria.
Lionel Messi.
Apodado "el próximo Maradona" por sus precisos pases y goles que dejan boquiabiertos a los espectadores, Messi es hoy considerado el mejor jugador de fútbol del mundo. Entonces, ¿por qué necesita luchar tanto Argentina?
"Hay algo que no funciona", dice Angelo DiBernardo, de Aurora, Illinois.
DiBernardo, de 53 años, que nació en Buenos Aires y emigró a Estados Unidos siendo un adolescente, fue un destacado jugador del Cosmos de Nueva York, durante la época dorada de este equipo, en las décadas de 1970 y 1980. Allí jugó junto a leyendas del deporte como Franz Beckenbauer y Carlos Alberto. Posteriormente, y durante 21 años, tuteló a cientos de jóvenes como técnico de fútbol en la escuela Waubonsie Valley High School, en Aurora.
"Los argentinos tienen muchas esperanzas en su equipo —señala DiBernardo, quien también jugó para la selección nacional de EE. UU., entre 1979 y 1985—, pero yo no he visto que el equipo encaje."
Parte del problema es que Messi ha ejecutado bien —pero no espectacularmente— como jugador para Argentina. (Se hizo famoso jugando para su club, el FC Barcelona, en España.)
Al igual que DiBernardo, muchos expertos en el mundo futbolístico creen que la culpa recae en Maradona. Su destreza como jugador y su patriotismo son incuestionables, pero eso no lo convierte en un buen director técnico. Según los especialistas, él debería dejar de presionar a su protegido para que se convierta en "el próximo Maradona", y dejar que Messi sea, simplemente, Messi. A lo mejor, Maradona está poniendo demasiada presión en Messi para que lidere la selección argentina. Efectivamente, cuando Maradona se hizo cargo del equipo, le dio la camiseta número 10 —el icónico número que él lució como jugador— a Messi. Después de que Argentina clasificara para la Copa Mundial, Maradona anunció que el reservado Messi tenía que asumir la responsabilidad como "dueño del equipo" si pretendían desempeñarse exitosamente durante el próximo campeonato mundial. Quizá sea demasiado para el joven.
"Messi hace maravillas en el campo de juego —dice DiBernardo—, pero no tiene la personalidad de Maradona. Maradona podía ponerse el equipo en sus hombros y llevarlo a la victoria. Messi es diferente."
Maradona, de 49 años de edad, salió de los barrios marginales de Buenos Aires para convertirse en uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia. Jugó cuatro Copas Mundiales y ganó la de 1986, cuando convirtió el mejor gol de la historia de los mundiales de fútbol y el gol más polémico; ambos fueron anotados en el mismo partido de cuartos de final, contra Inglaterra: el primero, después de una espectacular corrida, en tanto que el segundo había sido convertido algunos minutos antes, ilegítimamente, con la mano, según Maradona por "la mano de Dios".
Antes de retirarse como jugador, la vida de Maradona comenzó a desmoronarse. Se hizo adicto a las drogas, engordó y casi muere de un ataque cardíaco luego de una sobredosis de cocaína. Hizo rehabilitación durante un tiempo en Cuba (Fidel Castro es muy amigo de él), se alejó de las drogas hace varios años y comenzó a conducir un programa de entrevistas en televisión. En 2008, fue designado director técnico de la Selección Nacional Argentina, pese a tener muy poca experiencia en la actividad.
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Messi/Maradona: REUTERS/Juan Medina /Landov | |
Con apenas 22 años, Messi se parece a Maradona tanto por su tamaño (mide 5′7″ —1,70m—, y Maradona, 5′5″ —1,65m—) como por su talento. Ambos debutaron para Argentina siendo adolescentes, alcanzando rápidamente la categoría de superestrella. Sin embargo, Messi tiende a hablar con más moderación que su escandaloso mentor, tanto dentro como fuera del campo de juego, y, hasta ahora, ha evitado las polémicas con la prensa popular, que han perseguido tenazmente a Maradona a lo largo de su carrera.
John Bocwinski, de Naples, Florida, es optimista en cuanto a las posibilidades de Argentina en Sudáfrica. "Este es el año de Argentina —asegura—. Acuérdense de lo que digo: Esta será la Copa Mundial de Messi."
Bocwinski, un trabajador del sector automotriz jubilado, nacido y criado en Argentina, de padres inmigrantes polacos, siguió jugando al fútbol luego de mudarse a Wisconsin en su adolescencia, y finalmente representó a la selección de EE. UU. en las Olimpíadas de 1972. Cuenta una conmovedora anécdota: en una oportunidad en que debió enfrentar a Argentina, el director técnico contrario le dio una camiseta a rayas celestes y blancas de Argentina para que la usara debajo de la de EE. UU.
"Lloré como un bebé cuando tocaron los himnos nacionales", recuerda. La anécdota refleja sus sentimientos en relación con el fútbol: alienta a Estados Unidos, pero se enorgullece de su legado argentino y sigue la suerte del equipo sudamericano.
Bocwinski, de 73 años, quien fuera director técnico del equipo de Carthage College, de Wisconsin, en la década de 1980, cree que la calidad de los jugadores superará las limitaciones del entrenador. Las dificultades de los albicelestes para clasificarse sólo significan que el equipo será más fuerte cuando comience el gran torneo.
"Argentina es como un animal herido —advierte—. El mundo debería estar atento."
Luego de haber asistido a tres Copas Mundiales, incluyendo el torneo de 2006, en Alemania, para apoyar a Argentina, Bocwinski se quedará a ver los partidos en su casa este verano. Piensa invitar a su hermano y a su hijo para ver los juegos por TV y comer asado al estilo argentino: "…con un buen vino Malbec y chimichurri casero, por supuesto".