Prepárese para un chapuzón. La costa norte de la República Dominicana es la meca de los deportes acuáticos, tanto para aficionados como para profesionales. Y para aquellos días no propicios para el agua, las montañas, pueblos y gente de esta isla del Caribe ofrecen mucho más. Comida, idioma y una tasa de cambio de moneda favorable son beneficios extra.
Puerto Plata, que es el corazón de la Costa del Ámbar, fue bautizado por Cristóbal Colón en 1492, luego de admirar el resplandor plateado del litoral al atardecer. La ciudad está asentada entre el puerto colonial, donde se ubica el Fuerte San Felipe, y el majestuoso telón de fondo del Monte Isabel de Torres, que es una reserva natural. A media hora de camino y casi en cualquier dirección desde el inmaculado aeropuerto de Puerto Plata, se encuentran lujosos centros vacacionales, con todos los servicios incluidos, que ofrecen desde playas singulares, arrecifes de coral y campos de golf hasta excursiones que duran todo el día y que mantienen entretenidos a los turistas de todas las edades.
Mientras que Punta Cana, en la costa sureste de la isla, es más conocida por los turistas estadounidenses debido a sus playas de arenas blancas, sus centros vacacionales cinco estrellas y los personajes famosos que allí residen —tales como Julio Iglesias y Oscar de la Renta— los pueblos y cadenas de montañas aledañas a Puerto Plata ofrecen la posibilidad de acercarse más a su gente, a los matices y a las actividades de estas localidades.
“Los dominicanos en general son personas cálidas; sin embargo, los habitantes de la costa norte son los más hospitalarios y cordiales”, sostiene Carmen Domínguez, una asistente ejecutiva jubilada de Miami, que suele pasar sus vacaciones en la isla junto con su esposo. “Aquí se dispone de playas, montañas y cascadas y, a 15 minutos, de un aeropuerto internacional; se puede practicar todo tipo de deportes acuáticos, montar a caballo, andar en bicicleta y participar en safaris. Nunca faltarán actividades para hacer”.
Abundantes ofertas de lecciones de buceo, windsurfing (tabla a vela), kiteboarding (tabla con cometa) y snorkeling (buceo con esnórquel) hay en la zona. Para aquéllos que busquen aventuras acuáticas cerca de la orilla, pero no por ello menos emocionantes, está el parque temático Ocean World, recientemente inaugurado. Los encuentros en la isla con focas, delfines, mantarrayas (stingrays) e, incluso, tiburones, son incomparables.
A pesar de todo, el viaje no estaría completo si no se visitaran las famosas playas de Sosúa y Cabarete.
Sosúa
Al este de Puerto Plata y sólo a 15 minutos, se ubica el pueblo costeño de Sosúa. Sus tres franjas de playas doradas están llenas de turistas, lugareños y vendedores. Con la melodía siempre cercana de un merengue, Sosúa se jacta de una vida nocturna muy animada en restaurantes, bares y discotecas.
Lo que no se debe dejar pasar es la oportunidad de bucear o practicar snorkeling en sus famosos arrecifes de coral, que se encuentran casi sobre la orilla. Guías autorizados de PADI (Asociación Profesional de Instructores de Buceo, Professional Association of Diving Instructors) conducen excursiones diarias, ofreciendo buceo nocturno, buceo sobre naufragios y paseos submarinos en otras zonas del país. El transporte desde y hacia el hotel, así como el almuerzo, están incluidos en los paquetes turísticos que se ofrecen desde los 150 dólares.
| ‘Mucha gente puede practicar windsurfing porque es una cuestión de equilibrio y no de fuerza o edad. Uno sólo tiene que pararse y sostenerse’ |
“Sosúa es la playa más famosa, tanto para los habitantes como para los turistas”, dice el guía turístico José Reyes. “Cuenta con los más bellos arrecifes de coral para buceo y snorkeling. Siempre hay acción allí”.
Para aquéllos que quieran admirar los arrecifes sin mojarse, hay excursiones de media hora, en botes con fondo de vidrio, que cuestan menos de 10 dólares.
Por encima de la playa, hay un pequeño grupo de tiendas donde los turistas podrán encontrar larimar —una piedra preciosa natural, de color azul, que es un tipo de fósil poco común, o pectolita, que sólo se encuentra en la República Dominicana— y piezas de joyería de ámbar. Pero uno no necesita irse de la playa para comprar. “Contamos con un mercado de pulgas en un sector de la playa que los turistas adoran, porque pueden regatear y divertirse mientras interactúan con nuestra gente”, dice Reyes.
Playa Cabarete
La Playa Cabarete se encuentra a sólo 30 minutos de Puerto Plata y está, al mismo tiempo, aislado del resto del mundo. Definitivamente, el ambiente entusiasta es para los jóvenes de edad y de espíritu.
La calle principal está repleta de originales tiendas de souvenirs y buena comida, pero es la llamativa ensenada llena de kiteboards y tablas de windsurfing lo que conforma un carnaval acuático, único en la República Dominicana. Por tal motivo, Cabarete encanta incluso a aquéllos que tienen poca experiencia con el mar, pues pueden disfrutar de este espectáculo que dura todo el día.
El clima y las condiciones del agua hacen de esta playa uno de los diez mejores lugares del mundo para practicar y aprender kitesurfing y windsurfing, y es considerado el mejor del Caribe para la práctica de este último. También aquí abundan ofertas de lecciones para todos los deportes acuáticos.
Paula Massa, encargada de reservas de Dressel Diver, en el centro vacacional Iberostar Costa Dorada, dice que muchos de sus clientes son mayores de 50 años. Ella alienta a los visitantes a que prueben cosas nuevas. “Mucha gente puede practicar windsurfing porque es una cuestión de equilibrio y no de fuerza o edad”, afirma. “Tenemos muchos adultos mayores que hacen la prueba, y lo hacen bien. Uno sólo tiene que pararse y sostenerse”.
Hay dos cosas que no deben dejarse de hacer: quedarse para ver la puesta del sol y saborear un helado de receta casera de la única tienda de la calle principal que los vende. Los más aventureros se pueden quedar hasta muy tarde en la noche y esperar unirse a turistas canadienses y europeos en su periplo por los bares locales.
Ocean World (disponible sólo en inglés)
Inaugurado en abril, Ocean World es el lugar perfecto para niños y adultos temerosos del mar, pero dispuestos a disfrutar de encuentros cercanos con el mundo marino. Póngase su traje de baño, traiga consigo su protector solar y prepárese para una experiencia inolvidable.
| ‘Lo que más me impresionó de mi viaje a la República Dominicana fue lo auténticamente amigable que es la gente. La calidez de la isla se le pega a uno’ |
Es tan popular nadar junto a tiburones, delfines, mantarrayas y leones marinos, que se recomienda hacer reservas hasta con diez días de anticipación. El paquete turístico más barato cuesta 55 dólares e incluye: nadar junto a un tigre, que se encuentra al otro lado de una inmensa pared de vidrio; bucear con esnórquel dentro de un tanque lleno de peces tropicales y corales vivos; disfrutar de dos espectáculos con leones marinos; acceder a una playa privada; almorzar una deliciosa comida; y ser trasladado desde y hacia el hotel.
Los encuentros con delfines pueden costar desde 100 dólares, y lo dejarán a uno sin aliento. Hasta los turistas más serios se retiran con una gran sonrisa luego de haber bailado salsa con un delfín, mientras lo sujetan de las aletas.
La experiencia sobre la que usted hablará durante semanas empieza en las escaleras de un tanque de 220 mil galones donde hay tiburones. Los entrenadores atraen con una taza de sangre a los tiburones para que se alimenten en sus regazos como si fueran cachorritos. Sin embargo, el inconfundible sonido de su poderosa mandíbula, al cerrarse con fuerza para tragarse un pescado, pone los pelos de punta a cualquiera. A pesar del espectáculo surrealista que sucede a nuestros pies, unos minutos después los entrenadores convencen a un grupo numeroso de personas para que ingresen al tanque donde esperan cinco tiburones que miden entre tres y siete pies de largo. “Creemos que contamos con el único acuario en el que se puede nadar con tiburones, en todo el mundo”, dice Tania Padilla, encargada de reservas de Ocean World. “Los visitantes se estremecen de emoción. Luego de visitar muchos lugares pueden afirmar que, ‘He nadado con delfines o mantarrayas’, pero aquí regresan a casa y dicen, ‘He nadado en un tanque lleno de tiburones’”.
Deston Nokes, de Portland, Oregon, se atrevió a nadar con los tiburones y salió con los dedos de sus manos y pies intactos. “El hecho de que se tratare de tiburones amaestrados no impidió que me jactara de la experiencia vivida, cuando regresé a casa”, dice Nokes, un consultor de negocios que creció en Puerto Rico. “Sin embargo, lo que más me impresionó de mi viaje a la República Dominicana fue lo auténticamente amigable que es la gente. La calidez de la isla se le pega a uno”.