AARP Segunda Juventud - La publicación hispana de mayor relevancia para las personas de 50 años o más
Bienvenidoenglishespañol
Home
games
cocina
presence
rx drugs
seguro social
trends
health
Finance
Travel
deportes
entertainment
contact us
AARP Segunda Juventud Servicios de lector’a
AARP en español
AARP Puerto Rico

 

PUBLICIDAD

 



Foto: Jerry Driend/Photographer's Choice/Getty Images 

Concentrados en el sueño americano
Una nueva muestra sobre el impacto que el 11 de Septiembre tuvo sobre los inmigrantes y el rol que desempeñaron en las operaciones de rescate arroja nueva luz sobre el significado del “sueño americano”.

Por Elizabeth Llorente
agosto 2009

Narradores: Manteniendo vivas las historias de los héroes del 11 de septiembre (agosto 2009)

¿El censo: Un recuento preciso en el 2010?
(junio 2009)

Los hispanos y la lucha por los derechos LGBT (junio 2009)

Un programa sin fronteras: Ayudar a los inmigrantes (AARP Bulletin)

Más en Turismo

Cuando el 11 de septiembre de 2001 los aviones se estrellaron contra las torres gemelas del World Trade Center, la multitud corrió alejándose de los edificios en llamas. Rafael Hernandez corrió hacia ellos.

Hernandez, un neoyorquino que había sido bombero en su México natal, se acercó a un grupo de bomberos y mostró su identificación mexicana de bombero, que llevaba consigo religiosamente. Sin más equipo de protección que un chaleco que le alcanzaron, Hernandez trepó las escaleras de la Torre Norte, en tanto la gente, desesperada por salir, corría en sentido contrario.

“Era un caos —dice Hernandez, de 47 años, quien esa fatídica mañana estaba en Manhattan con amigos de Puebla, México, que se encontraban de visita—. Pude ver a una mujer embarazada, que acababa de romper bolsa, pidiendo ayuda a gritos. La cargué mientras bajaba unas dos docenas de tramos de escalones, y la espalda se me reventaba del dolor”. Ya fuera del edificio, le hizo señales a una ambulancia y pudo subirla a la misma.

Poco después, mientras estaba agachado, con la espalda dolorida y los ojos ardiendo, escuchó un estruendo. Un momento más tarde, la Torre Norte comenzó a colapsar. Luego se derrumbó la Torre Sur. Pese a ello, Hernandez volvió al sitio de los ataques y se convirtió en uno de los cientos de inmigrantes que desempeñaron un rol fundamental en el operativo de rescate de personas, y en la limpieza de los escombros que cubrían el Ground Zero y los edificios circundantes.

Actualmente, y hasta mediados de octubre, la exposición en el centro de informes del Tribute World Trade Center cerca de Ground Zero, “Renovando el sueño americano después del 11 de Septiembre” expresará la repercusión que el 11 de Septiembre tuvo sobre Hernandez y otros inmigrantes.

La muestra destaca la colaboración de los inmigrantes
A pesar de la reacción violenta en contra de los inmigrantes después de los ataques, la curadora de la muestra, Meriam Lobel, espera que aquellos que asistan a la exhibición se den cuenta de que los inmigrantes, al igual que el resto del país, sufrieron el trauma de la tragedia, y que muchos de ellos respondieron actuando con heroísmo.

“Sobreviví la violencia en mi patria y, ahora, sobreviví ésta. No dudé en ayudar. Éste es mi país adoptivo.” — Jaime Munevar, inmigrante colombiano
“El mensaje es que los inmigrantes son una parte significativa de nuestras vidas, especialmente en esta región —explica Lobel—. El título de la muestra proviene de lo que la gente nos expresó durante las entrevistas con inmigrantes que realizamos para este proyecto. Ellos hablaron del “sueño americano”, de cómo vinieron en busca de oportunidades para sus familias, de lo profundamente comprometidos que están con sus vidas en este país.”

Entre las casi 3.000 personas que murieron dentro y cerca de las torres, había gente de 80 países distintos, afirma Lobel. “Los inmigrantes son vistos como ‘el otro’, ‘el de afuera’ —sostiene—. Sin embargo, tal como demostraron y como se podrá ver en la muestra, son parte importante de la estructura de nuestra cultura y de nuestro país.”

Lobel sostiene que los sentimientos de compromiso hacia Estados Unidos y de compasión por las víctimas y sus familias hicieron que muchos inmigrantes se integraran en los trabajos de recuperación en y alrededor de Ground Zero, aun a costa de su propia seguridad.

En busca de seguridad
Sentado a unos pocos metros de la muestra —que distingue a 12 personas que simbolizan los distintos roles que los extranjeros desempeñaron el 11 de Septiembre, o a quienes más tarde brindaron ayuda a las comunidades de inmigrantes—, el colombiano Jaime Munevar, de 53 años, habla sobre las peligrosas condiciones bajo las cuales trabajó después de los ataques, y las imágenes que lo persiguen hasta hoy día.

Enlaces

Sitio oficial del Centro de Visitantes del Tribute World Trade Center

Sea guía turístico

Museo y Monumento Nacional del 11 de Septiembre

“Lo peor fue escuchar los gritos de las personas que estaban heridas, atrapadas, oír los últimos indicios de vida y no poder ayudarlos —cuenta Munevar, que aquel 11 de septiembre acababa de salir de su trabajo en un restaurante local y ayudó en el lugar, ese día y durante los meses que siguieron—. Pero me sentí obligado a ayudar, a pesar de lo horribles que eran los ruidos y el espectáculo a mi alrededor.”

Cerca de las torres, después del ataque, Manny Papir, el subjefe de gabinete del alcalde Rudy Giuliani, dejó de pensar en su propia seguridad para guiar a la gente lejos de las torres.

“El pensamiento que tenía en la cabeza era que nunca había estado en una zona de guerra, pero que esto debía ser lo que se sentía —señala Papir, de 47 años—. Había pánico, pero era el tipo de pánico que dice: ‘juntémonos, ayudémonos y saquemos a esta gente de aquí.’”

Papir, de origen cubano estadounidense, trasladó grupos de personas fuera del área para luego regresar y reunir más grupos, llevándolos a un lugar seguro y orientándolos hacia Midtown. Ocasionalmente, tuvo que hacer valer su autoridad como alto funcionario municipal. 

“Tuve una fuerte discusión con un oficial de policía que estaba cubierto de escombros —recuerda Papir—. Le ordené que se fuera del área. El oficial respiraba con dificultad y estaba color gris. Me contestó: ‘No me voy a ir.’ Dijo que su deber era cuidar la Torre Sur, que ya se había derrumbado. Yo le respondí: ‘¿Qué Torre Sur? ¡La torre ya no está!’ Dice mucho de su parte no ver el peligro a su alrededor y decir: ‘Yo me largo de aquí.’”

Bajo su propio riesgo
Munevar es uno de los doce inmigrantes representados en la muestra del Tribute Center

“No dudé en ayudar —afirma—. Éste es mi país adoptivo. Sobreviví la violencia en mi patria y, ahora, sobreviví ésta. Noté que los contratistas de limpieza estaban buscando gente que ayudara a limpiar el lugar, así que me inscribí.”

Sin embargo, los procedimientos de seguridad para los trabajadores, muchos de ellos jornaleros y muchos indocumentados, no eran muy estrictos. Muchos trabajaban alrededor de montículos de polvo sin equipo de protección. Los más afortunados tenían barbijos de papel.

“Los inmigrantes venían con baldes de agua y grandes esponjas y limpiaban las persianas y los alféizares de las ventanas —relata Maria Alvarez [link to sidebar (enlace a la separata / recuadro)], quien habló con muchos de ellos cuando realizó la cobertura del 11 de Septiembre y Ground Zero para el New York Post, durante los meses posteriores al ataque—. Les preguntaba, en español: ‘¿Dónde está tu barbijo?’ Sólo se encogían de hombros. No querían pensar en eso.

“Tenían un trabajo que hacer, estaban concentrados en eso —afirma Alvarez, de 49 años—. Se los necesitaba para trabajar, querían ayudar y necesitaban el trabajo.”

En Ground Zero, el bombero mexicano Hernandez recibió latas de pintura en aerosol de distintos colores. Su tarea consistía en lo siguiente: si veía un cuerpo, escuchaba señales de vida o veía restos humanos, tenía que hacerles una marca; un color significaba que alguien estaba herido, otro que estaban muertos, y así para cada color.

“Vimos cosas que nadie debería ver nunca”, recuerda Hernandez, sentado a lado de Munevar, en el Tribute Center.

En otro lugar de Manhattan, Juan Alamo, de 70 años, un inmigrante cubano, fue hasta la oficina más cercana de la Cruz Roja a ofrecerse como voluntario para ayudar en cualquier cosa que se necesitara.

“Había miles de personas allí inscribiéndose como voluntarios —cuenta Alamo—. Amo este país; deseaba hacer algo. Dejé un cheque y les pedí que me llamaran si necesitaban ayuda.”

Unos días más tarde, la Cruz Roja los convocó, a él y a su esposa, inmigrante alemana, a una ex base militar de la Segunda Guerra Mundial, donde ellos y unos 80 voluntarios más plegaron 5.000 banderas estadounidenses en triángulos y las pusieron en cajas.

“Eran para entregarlas a las familias de las víctimas fatales del 11 de Septiembre —relata Alamo—. En ese momento, nadie sabía, en realidad, cuantas personas habían muerto.”

Alamo y su esposa también dedicaron muchos días a ayudar, en Ground Zero, a gente que había perdido el empleo o a un ser querido a completar formularios. 

La reconstrucción
Ronaldo Vega, cuyos padres son oriundos de Puerto Rico, trabajó en las tareas de rescate y  recuperación en Ground Zero y, actualmente, es el director del diseño del National September 11 Memorial & Museum (Museo y Monumento Nacional del 11 de Septiembre), que está en construcción.

 “Mientras presté servicios en el lugar del desastre, me sentí orgulloso de encontrar a muchos latinos que desempeñaron roles fundamentales en el trabajo de recuperación”, declara Vega. Muchos están sufriendo las consecuencias.

Munevar y Hernandez se encuentran entre los cientos que sufren problemas pulmonares y otras dolencias debidas a la exposición al polvo tóxico generado por el derrumbe de las torres. Sufren de asma, apnea del sueño y reflujo gástrico. Hernandez duerme con una máscara de oxígeno.

Muchos de los trabajadores inmigrantes formaron grupos para prestarse apoyo e intercambiar consejos acerca de cómo obtener distintas formas de asistencia y tratamiento. Para los indocumentados, lograr ayuda financiera fue un desafío especial.

Algunos, como Alamo, Alvarez, Vega y Papir, se han convertido en guías turísticos en el Tribute Center, instruyendo a los visitantes acerca de los eventos del 11 de Septiembre y de las lecciones que pueden aprenderse de estos hechos.

“Los actos de heroísmo no terminaron después de que las torres se derrumbaran. Siguieron por meses, y todavía continúan en la reconstrucción —afirma Papir—. Espero que, desde el punto de vista emocional, nunca nos olvidemos de lo sucedido.”



Estos enlaces son provistos solamente como fuentes de información. AARP no respalda, no tiene control y no se responsabiliza por estos sitios de enlace o por el contenido, publicidad, materiales, productos y/o servicios ofrecidos a través de sus páginas.

volver al comienzo


 
 





Conozca al embajador


Jorge Ramos

¡Reporte el fraude! Ayude a  AARP a monitorear los seminarios sobre inversiones.  
más »

Prepárese para cuidar a sus seres queridos: Una guía de planificación  cortesía de AARP Foundation.
más »


AARP está reuniendo a particulares, políticos y líderes de empresas para lograr un cambio social positivo.
más »



Inscríbase

Inscríbase gratis al Boletín mensual de AARP Segunda Juventud.org

 
PUBLICIDAD


www.aarp.org | contáctenos | política de privacidad
copyright 2009, AARP. Todos los derechos reservados.